Siempre me ha llamado la atención la cantidad de seguidores que tienen los clubes de fútbol, así como el gran número de aficionados que reúne este deporte. Sucede lo mismo con los conciertos, muy en alza en los últimos tiempos, ya sean de actualidad o remembers. ¿Qué une a tanta gente? Un sentimiento compartido, una pasión, unos colores o una afición que son capaces de movilizar a multitudes.
Pero de lo que quiero a hablar hoy no es de un concierto ni de un partido de fútbol.
Quiero hablar de la comunidad educativa del País Valencià. Del profesorado que lleva en huelga indefinida desde el 11 de mayo. Del alumnado, de las familias, del sindicato de estudiantes y de las AMPAS que están llenando las calles de las capitales de provincia y de los municipios a lo largo y ancho de nuestra comunidad.
¿Qué nos une a tanta gente? Algo de lo que carecemos en este momento: una educación pública de calidad. Porque sí, se está deteriorando de manera consciente y deliberada. Y, cuando se deteriora la educación pública, se debilita uno de los pilares fundamentales del estado del bienestar y se incumple el mandato constitucional en su artículo 27 y 148, que garantiza el derecho a la educación y de la enseñanza de la lengua de la comunidad autónoma.
Mientras se recortan recursos en la educación pública, se favorecen modelos privados y concertados, se impulsa la FP privada y se permite que continúe avanzando un sistema cada vez más desigual.
La comunidad educativa ha dicho basta y no nos vamos a callar.
A lo largo del tiempo, ha habido muchas movilizaciones y reuniones de la mesa sectorial, improductivas la mayor parte de ellas. Y no podemos olvidar la sentencia ganada en el TSJCV sobre el acuerdo de plantillas firmado en 2023, que suponía la contratación de 1898 docentes y que no se ha cumplido por parte de la conselleria. Pero aquí nadie asume responsabilidades a pesar de los gritos de «¡Consellera dimisión!».
Este lunes se celebra en Elche un pleno extraordinario solicitado por el PSOE para abordar la situación de la educación pública en Elche. Bien es cierto que la educación pública trasciende lo local: es un derecho constitucional y de gestión autonómica, aunque hay cuestiones que son de competencia municipal. Ello no significa que los ayuntamientos deban permanecer en silencio ante un problema que preocupa a miles de familias.
Aguardo con expectación este pleno y cuál va a ser el posicionamiento de Pablo Ruz ante la cuestión de la educación pública, así como los compromisos que va a adquirir con la comunidad educativa ilicitana, que está movilizándose día tras día desde hace mucho tiempo por la defensa del derecho a la educación.
Espero que este debate se afronte con seriedad, altura de miras y lejos de la crispación.
Porque no nos engañemos, en esta lucha está en juego una parte fundamental del estado del bienestar, la educación de la mayoría de la población infante y joven, y la de la población que no tiene poder adquisitivo para pagar una escuela privada pero sí paga sus impuestos. Es la lucha de las personas con diversidad funcional, la lucha para tener unas instalaciones en condiciones de unos colegios que rondan los 50 años y que, a diferencia de otras infraestructuras públicas, son las únicas que no tienen climatización. También es la lucha del profesorado, cuyas ratios superan los 27 niños y niñas, algunos de los cuales tienen necesidades especiales. Por mucha vocación que se tenga, dar una atención individualizada resulta imposible y frustrante. En definitiva, queremos dignificar la educación pública, cuidarla, no dejarla en la UCI eternamente.
Hace unos días, el alcalde quiso que toda la ciudad pudiera vivir unida el decisivo partido del Elche CF, aunque LaLiga impidió instalar una pantalla gigante en la Plaça de Baix, el Ayuntamiento reaccionó de inmediato y aprobó un decreto extraordinario para que los bares pudieran sacar televisores a sus terrazas.
Cuando se trata del fútbol, se buscan soluciones.
Cuando se trata de la educación pública, esperamos la misma implicación y el mismo compromiso político.
Porque cuando lo que está en juego no es un partido, sino el futuro de nuestras hijas e hijos, no caben excusas ni equidistancias.
Esperamos que este lunes Pablo Ruz esté a la altura.
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