El Giro es una carrera extraña, la más inusual de las tres grandes rondas. Siempre ha ido a su bola para crear un producto que atrae al público a la carretera; en el caso que ahora ocupa, a las calles de Milán, volcadas con la prueba y los corredores, aunque desde el aspecto competitivo el resultado sea nulo: una fuga se carga el esprint anunciado con triunfo del noruego Fredrik Diversnes, en un final de 15ª etapa con la última vuelta al centro de la capital lombarda anulada en cuanto a tiempos de la general. Hubo una caída que afectó a Enric Mas, antes del primer paso por meta, y nadie quiso coger riesgos y mucho menos Jonas Vingegaard.
No sucedió nada, porque nada se esperaba de esta etapa que era la habitual del último día de competición cuando el Giro acostumbraba a finalizar en Milán porque allí están las oficinas y la redacción del diario ‘La Gazzetta dello Sport’, cuya empresa propietaria gestiona también la suerte de la ronda italiana.
Ellos son los que deciden el recorrido que, en el caso del Giro, acostumbra a estar centrado principalmente en cuanto a dificultades en la última semana y menos repartido de lo que suelen a hacer Tour y Vuelta; en este caso, dos carreras bajo la esfera de la firma francesa ASO.
La 15ª etapa sirvió para conocer vía televisión los encantos arquitectónicos de Milán, que para eso pagan muchos ayuntamientos, como lo hará Barcelona el 4 de julio con el Grand Départ del Tour. Pero, a diferencia de lo vivido este domingo en el Giro, en la capital catalana se celebrará una contrarreloj por equipos donde puntuará principalmente el tiempo del primer corredor de cada bloque, lo que se traducirá en la primera oportunidad para que ciclistas como Tadej Pogacar sumen segundos de oro frente a otros rivales. Es decir, habrá pelea por la general.
La etapa suiza del próximo martes. / GIRO DE ITALIA
En cambio, en el Giro, cualquier atisbo de sobresalto en la general, algo absolutamente improbable por el recorrido dominical, se cerró cuando Vingegaard con su ‘maglia rosa’, se acercó a los coches de la organización para reclamar que primara la seguridad y que no hubiese ningún riesgo innecesario que pudiera provocar peligro por las calles de Milán, sobre todo cuando los equipos con velocistas, ansiados de hambre de victoria, acelerasen sin contemplaciones. Nadie quería correr riesgos. Protestó Vingegaard y se decidió neutralizar la última vuelta al trazado milanés, 16 kilómetros de cierta paz y casi como si fuera un preludio a la jornada de descanso de este lunes, relajada imagen para entrar en la tercera y última semana de pelea.
Con poco que contar de una etapa con escaso interés deportivo, mucho mejor dedicarse a enumerar las dificultades en los días claves de este fin de Giro. El martes habrá llegada en alto a Cari, en el cantón suizo del Tesino, un día especial por si alguien quiere realizar una emboscada. El miércoles se acabará en Andalo, Trentino, en un día para escapadas. El jueves se bajará el listón un poco en Pieve di Soligo, al norte de Treviso. El viernes está programada la etapa reina, en la jornada central de los Dolomitas, principalmente con la ascensión al Passo Giau, y la llegada a Piani di Pezzè, una pared de 5 kilómetros al 9,6% de promedio y rampas que alcanzan el 15%. El sábado se pondrá fin a la montaña en Piencavallo, antes del paseo en Roma.
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