En Alagón empieza a instalarse una sensación que hacía años que no se percibía. La de estar entrando, por fin, en una nueva etapa de crecimiento. El municipio, históricamente eclipsado por otros grandes receptores de expansión residencial del entorno de Zaragoza como Cuarte de Huerva, Utebo o La Muela, aspira ahora a convertirse en uno de los grandes beneficiados del nuevo ciclo industrial que se está gestando alrededor de la planta automovilística de Stellantis en Figueruelas y de la futura gigafactoría de baterías impulsada junto al gigante chino CATL.
El alcalde, Jesús Gustrán , está convencido de que ha llegado “el momento del despegue” para la localidad. “Alagón es un bombón”, resume varias veces durante la conversación. Esa expresión tiene su porqué. El municipio, capital de la comarca Ribera Alta de Ebro, presume de servicios, buenas comunicaciones, posición estratégica y una potente red de infraestructuras, con dos colegios, instituto, centro de formación profesional o centro de salud. Incluso acaba de estrenar el modelo de Mercadona más puntero de la cadena, siendo el primer establecimiento en implantarlo en Aragón.
Un pueblo de servicios que quiere dar el salto
“Somos un pueblo de servicios, pero también industrial”, reivindica el alcalde, del partido local Apuesta por Alagón, que gobierna en coalición con el PP. Y, sobre todo, un municipio que empieza a notar ya los efectos indirectos del enorme movimiento económico que se está generando a apenas cinco kilómetros, en la histórica fábrica de coches que GM puso en marcha en 1982, que se prepara para dar un salto a su actividad con la producción de vehículos de la marca china Leapmotor y la planta de baterías que se levanta a su lado. “Se están produciendo manifestaciones de interés de empresas auxiliares y vinculadas al automóvil. Algunas de ellas chinas. Todavía no hay anuncios cerrados, pero sí movimiento”, admite.
El principal síntoma de esa nueva presión económica aparece en la vivienda. Alagón ha pasado de unos 7.200 habitantes en 2023 a rozar ya los 7.900 empadronados. A eso se suma una población flotante que el consistorio calcula en alrededor de medio millar de personas vinculadas a contratas, logística o trabajos temporales. El resultado es un mercado inmobiliario completamente tensionado.
“Casa que se pone a la venta, casa que se vende prácticamente al instante”, resume el primer edil. En el alquiler la situación es todavía más extrema. Hay lista de espera. Y los precios se han disparado hasta niveles muy similares a Zaragoza capital.
La falta de vivienda se intensifica
Ese diagnóstico lo comparte Mamen Castillo, responsable de ventas de Fincas Ebro, una de las inmobiliarias de referencia de la comarca. “Ahora mismo la oferta es prácticamente cero. Lo poco que sale de alquiler está ya en 700 u 800 euros, precios totalmente equiparables a Zaragoza”, explica. La profesional asegura que la presión se ha disparado especialmente en los dos últimos años, coincidiendo con la acumulación de proyectos industriales y logísticos en el entorno.
Tanto el ayuntamiento como el sector inmobiliario local coinciden en señalar que el gran desembarco de trabajadores chinos ligado a la gigafactoría todavía no se está produciendo en Alagón. “Aquí prácticamente no se ven. Los perfiles técnicos o ingenieros están yendo más a Zaragoza”, señala Castillo. Lo que sí detectan es una creciente actividad de pequeños inversores locales que compran viviendas para destinarlas al alquiler aprovechando la fuerte demanda. “No diría que hay una burbuja, pero sí empieza a notarse cierta especulación”, advierte.
El gran problema es que Alagón arrastra un déficit histórico de vivienda nueva. Hace cerca de dos décadas que no se desarrollan promociones residenciales de cierta entidad, según el alcalde. Durante años, el crecimiento urbano quedó prácticamente congelado mientras otros municipios del área metropolitana de Zaragoza han multiplicado población y urbanizaciones. “No supimos o no pudimos ser tan atractivos como Cuarte, Utebo o María de Huerva”, señala.
Ahora el municipio intenta recuperar el tiempo perdido. El consistorio trabaja ya con el Gobierno de Aragón en un programa de vivienda pública que podría aportar entre 25 y 40 viviendas. Además, hay dos promociones privadas en tramitación, una de unas 15 viviendas y otra cercana a las 30. Y sobrevuela, además, el gran proyecto histórico de la antigua Azucarera, un desarrollo urbanístico bloqueado desde la crisis de 2008 que contempla cerca de 500 viviendas entre libres y protegidas.
“Eso cambiaría completamente la dimensión de Alagón”, admite el alcalde, consciente de que el reto no es solo construir viviendas, sino acompasar el crecimiento poblacional con servicios e infraestructuras. “Hay que ser muy responsables. No se trata solo de traer familias, sino de poder atenderlas”, señala.
La sensación compartida en el municipio es que algo está cambiando. Todavía no se ven grandes promociones ni grúas levantando nuevas viviendas, pero sí un movimiento constante de inversores, consultas urbanísticas y operaciones inmobiliarias que anticipan un nuevo ciclo. Uno que Alagón espera aprovechar esta vez para dejar de ser una promesa de la periferia y convertirse en uno de los nuevos polos residenciales y económicos del entorno de Zaragoza.
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