Entre los triunfos electorales de los que Alberto Núñez Feijóo presume siempre que tiene ocasión, está el de los candidatos a alcalde del Partido Popular (PP). En los comicios de 2023, los únicos de ese tipo que han tenido lugar durante la etapa en Génova del ex presidente de la Xunta de Galicia, los populares lograron ser el partido con mayor número de regidores en toda España, doblando el de su inmediato competidor, el PSOE. Entre ellos, y casi como la joya de la corona, el de la capital de España, José Luis Martínez-Almeida, quien por primera vez alcanzó la mayoría absoluta, tras una primera legislatura en la que la coalición con Ciudadanos y el apoyo externo de Vox fueron los peajes a pagar para suceder a Manuela Carmena en el Palacio de Cibeles. Pero el PP, y esa fue la gran noticia de la constitución de los consistorios hace ahora tres años, tampoco fue ajeno a la elección del alcalde de la segunda ciudad del país, Barcelona, el socialista Jaume Collboni, que solo con el voto de los de Daniel Sirera, obviamente consensuado con Feijóo, logró impedir que el candidato más votado entonces, Xavier Trias, de Junts per Catalunya y anteriormente alcalde de la Ciudad Condal, repitiese mandato en la Plaza de Sant Jaume.
Para completar el éxito, y en unos comicios que supusieron todo un terremoto político para el PSOE, hasta el punto de forzar el insólito adelanto electoral para el 23 de julio que anunció Pedro Sánchez al día siguiente de las elecciones, el PP le arrebató a los socialistas alcaldías tan significadas como las de Sevilla, Valladolid, y la de Valencia a la izquierda, tras hacerse con el bastón de mando María José Catalá. Todo un éxito, sumado al de las plazas autonómicas, que no hacía presagiar la amarga victoria del 23 de julio, cuando Sánchez logro, aun in extremis, mantenerse en el poder.
Dentro de un año todos esos regidores tendrán que revalidar el poder para que la lectura de esa noche electoral no sea la de un retroceso de los populares, o incluso la de un fracaso. Aunque para entonces, y dado el terremoto político que supone la investigación judicial al expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero destapada esta semana, nadie puede asegurar que las elecciones generales no se hayan celebrado ya, lo que cambiaría enormemente las circunstancias.
Desde el punto de vista de lo que ocurrió en mayo de 2023, y teniendo en cuenta además que los populares alcanzaron el gobierno municipal en 29 de las 52 capitales de provincia, 13 de ellas arrebatadas a los socialistas, la perspectiva de las municipales será para el PP, y para Feijóo, muy distinta a la de las generales. Lo que media entre defender un buen resultado, y muchos feudos de poder municipal muy consolidado, a ser el aspirante y saber, como lo sabe el presidente del PP, que no tendrá más oportunidades que esa. Nunca.
La misma noche en la que se evaluará el desempeño del PP en las municipales se examinarán también buena parte de los presidentes autonómicos del partido. Y con permiso de todos los demás, Isabel Díaz Ayuso, que aspira a mantener la mayoría absoluta, un reto con el que no ha podido cumplir en Andalucía Juan Manuel Moreno. Y eso podría tener consecuencias futuras en la política nacional, como las tienen las elecciones andaluzas del pasado domingo.
En definitiva, el 23-M de 2027 será un test sobre la implicación municipal del PP, pero como ocurre siempre con los grandes partidos, también un examen sobre las fortalezas y debilidades de la formación a nivel nacional.
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