El reciente arresto de un maltratador que consiguió inutilizar su dispositivo de seguimiento en la zona de Salvaterra ha reabierto el debate sobre la eficacia y el impacto del actual modelo de vigilancia para agresores de violencia de género. Desde el Sindicato Unificado de Policía (SUP), su portavoz Vanesa Oulego ha calificado este sistema telemático como manifiestamente mejorable. La representante subraya que no solo presenta vulnerabilidades técnicas, sino que impone una carga psicológica inasumible para las mujeres protegidas.
El caso del agresor de la zona, referenciado también en relación a la localidad de As Neves, evidencia que estos dispositivos pueden ser manipulados, lo que obliga a replantear la tecnología empleada para garantizar la seguridad de las víctimas sin comprometer su bienestar emocional.
FALLOS DEL SISTEMA
Según explica Oulego, el sistema actual consiste en una tobillera de plástico rígido que porta el agresor y un terminal de protección, similar a un teléfono móvil de pequeño tamaño, que la víctima debe llevar consigo en todo momento para monitorizar la distancia a través de GPS. Para el sindicato policial, esta dinámica genera una situación de doble victimización, ya que obliga a la mujer a convivir con un recordatorio permanente de que no está a salvo, convirtiendo el mecanismo de defensa en un lastre emocional constante. Por ello, desde el SUP se insta a las autoridades a buscar alternativas más discretas y efectivas que descarguen a la víctima de esa vigilancia activa y trasladen toda la presión del control sobre el agresor.
FUNCIONAMIENTO TÉCNICO
En cuanto a la resistencia física de los dispositivos, la representante sindical aclara que, aunque popularmente se les denomina pulseras, son en realidad tobilleras rígidas diseñadas para ser difíciles de romper. Cuentan con un sistema interno de cables que, ante cualquier intento de manipulación o corte con fuerza, emite una alerta inmediata al sistema Cometa, el cual se encarga de avisar a las fuerzas de seguridad. No obstante, el hecho de que se produzcan incidentes donde el sistema es vulnerado, sumado a la falta de discreción del equipo que debe portar la mujer, lleva a la organización policial a demandar una evolución urgente del modelo tecnológico para que la protección sea real y menos invasiva para quienes sufren la amenaza.













