¿Cómo ha evolucionado la especialidad de ginecología y obstetricia en los últimos años y cuáles han sido los avances más importantes?
La especialidad ha evolucionado en varios aspectos. Por un lado, está la innovación científico-tecnológica. En este sentido, el avance más importante ha sido el desarrollo de tecnologías a nivel quirúrgico, con cirugías cada vez menos invasivas para la mujer y más eficaces. Esto se ha visto en áreas como el cáncer de mama, el cáncer ginecológico en general, el cáncer de ovario o el de cérvix. La introducción de la cirugía robótica y de la electrocirugía ha hecho que cada vez seamos más precisos. Dicho de una forma más sencilla: venimos de una época en la que todas las cirugías eran abiertas y muy radicales, pero ahora las nuevas tecnologías y las nuevas moléculas han conseguido que podamos ofrecer una mejor atención con menos coste en salud. En obstetricia también ha cambiado por completo el panorama. Ahora, atendemos a mujeres que tienen menos hijos y que llegan a la maternidad más tarde. El cambio más radical que se ha producido es que la mujer cada vez tiene más que decir sobre su parto, su embarazo, su cirugía, la planificación de la natalidad o la reproducción humana. De hecho, ha aumentado la cifra de mujeres y familias que recurren a técnicas de reproducción por distintos factores.
¿Ha cambiado el perfil de los profesionales?
Sin duda. En los 27 años que llevo trabajando como ginecóloga, la medicina en general, y nuestra especialidad en particular, ha ido cambiando, y cada vez está más ocupada por mujeres, no solo en puestos asistenciales, también en puestos de gestión. Nuestra forma de aproximarnos al trabajo es distinta, y eso hace que los equipos humanos sean más complejos y más eficaces. Además, los profesionales empezamos a necesitar una capacitación técnica que muchas veces se sale de nuestro ámbito. La medicina siempre ha sido una profesión con una exigencia formativa elevadísima, pero ahora estamos en un momento en el que jugamos, literalmente, en la primera división de la medicina. Esto exige una capacitación técnica que no habíamos visto en los últimos 20 años. Lo cierto es que el profesional está cada vez más capacitado, pero con una altísima exigencia en cuanto a la formación cientificotécnica, que no siempre las instituciones pueden brindar. Eso hace que muchas veces tengamos que buscarnos la manera de adquirir esa formación.
La medicina avanza cada vez más hacia una atención personalizada. ¿Cómo se está aplicando este enfoque en el ámbito ginecológico?
La medicina, en el momento actual, no se puede entender si no es personalizada. En el ámbito ginecológico es imprescindible. Yo diría que lo es en toda la medicina, pero a lo que yo me dedico, el hecho de hacer el traje a medida para cada mujer es clave. A día de hoy, la personalización se ha llevado incluso a campos tan estrictamente sistematizados como la oncología. Tanto es así, que el tratamiento del cáncer ginecológico, incluyendo el cáncer de mama, tiene que ver con cada mujer, no solo con su estilo de vida. Gracias a las nuevas moléculas, podemos hacer abordajes distintos ante un mismo tumor, dependiendo de las características personales y clínicas de la paciente. Esto ha revolucionado la medicina.
¿Qué papel está teniendo la inteligencia artificial en el diagnóstico y tratamiento dentro de la especialidad?
Ahora mismo, es una ilusión. Hay muchas esperanzas puestas, pero también mucha precaución. Sabemos que la inteligencia artificial es una gran herramienta, pero cuando no tiene todos los contenidos, emite resultados que no son veraces. Eso en medicina no nos lo podemos permitir. Estamos empezando a utilizarla, aunque a día de hoy su aplicación clínica real para la toma de decisiones todavía es muy discreta.
«La mujer tiene cada vez más que decir sobre su embarazo, su parto y su cirugía»
La salud ginecológica sigue teniendo algunos temas rodeados de tabúes o desinformación. ¿Cuáles cree que son las principales asignaturas pendientes en materia de educación y prevención?
Sin duda, y con mayúsculas, la salud sexual. Todavía la mujer tiene este tema relegado a una esquina. Eso no solo hace que, cuando existe un problema de disfunción sexual, por ejemplo, se padezca la sintomatología en silencio, sino que eduquemos a nuestras hijas e hijos en esos tabúes. Necesitamos abrir a nuestra sociedad una educación en salud sexual veraz, alejada de los mitos. Tenemos las consultas cada vez más llenas de pacientes jóvenes con disfunciones sexuales, a veces heredadas de escenarios de violencia sexual. Esto es algo nuevo, que diría que tiene una evolución de entre cinco y diez años como mucho. Como ginecólogos debemos dar información y educación veraz a nuestra población.
El cribado de cáncer de cérvix sigue siendo uno de los grandes retos en salud pública. Su implantación ha sufrido un nuevo retraso, y ahora la Consejería de Sanidad asegura que estará operativo en Canarias en el segundo semestre de este año. ¿Cree que es una prioridad establecerlo ya?
Sin duda, es una necesidad perentoria. Estamos en una comunidad con una de las tasas de cáncer de cérvix más elevadas de nuestro país. Hay que recordar que esta enfermedad tiene que ver con el nivel socioeconómico de la población. Precisamente, en el servicio de Ginecología y Obstetricia del Materno Infantil hemos analizado recientemente los datos del cribado oportunista. El mensaje es muy claro: les estamos haciendo la citología siempre a las mismas mujeres. Estamos gastando recursos públicos y no estamos llegando a las que no se han hecho nunca una revisión ginecológica. A día de hoy, seguimos teniendo la misma tasa de cáncer de cérvix que hace 30 años. Es fundamental dar una respuesta a nuestra sociedad. Este cáncer es frecuente en mujeres jóvenes, de 45 a 55 años. El diagnóstico tardío supone que, cuando se dé el tratamiento, se merme su calidad de vida de por vida.
¿Cómo han cambiado las necesidades y preocupaciones de las mujeres que acuden hoy a consulta respecto a hace una década?
Las mujeres cada vez tienen más interés en solucionar problemas de patologías que afectan a su calidad de vida, como la incontinencia urinaria, las disfunciones sexuales o las enfermedades de transmisión sexual. Hace tan solo una década, los motivos de consulta más frecuentes eran el útero miomatoso, la hemorragia anómala y todas las patologías relacionadas con la gestación y el parto. Nos queda mucho camino por hacer, pero cada vez la mujer consulta más y viene más informada.
¿Cuáles diría que son las principales fortalezas de su servicio?
La principal fortaleza es la calidad científicotécnica. Puedo garantizar que no hay nada fuera de este servicio que se haga mejor en ningún otro sitio de España, pero tenemos que mejorar en el campo de la reproducción. El complejo ha hecho una grandísima inversión tecnológica este año y estamos en vías de ponernos a la cabeza del país, como en el resto de subespecialidades. Hablo de las cuatro reconocidas: medicina materno-fetal, ginecología oncológica, suelo pélvico y reproducción humana. En las tres primeras somos líderes en el país. Otra fortaleza fundamental es la accesibilidad y la universalidad. Nosotros llegamos a todos los puntos de la Isla y nuestras listas de espera para primeras visitas no superan los 30 días. Si la mujer está embarazada, no llega a 15 días. Además, en lista de espera quirúrgica, en este momento no tenemos una lista que supere las seis semanas para ninguna patología: 15 días para patología oncológica y seis semanas para patología benigna. También tengo que destacar la calidad humana de todo el personal que trabaja aquí.
¿Qué cambios le gustaría realizar a corto plazo?
Me gustaría terminar de capacitar la unidad de reproducción humana y tener una mayor visibilidad ante la sociedad como servicio de Obstetricia y Ginecología. También quiero contar con un servicio de comunicación que nos permita una interacción con el ciudadano mucho más directa. Además, me gustaría que la experiencia de la paciente cuente en la toma de decisiones y en la valoración del profesional que la atiende. Me encantaría introducir ese resultado, y que no sea solo una opinión más, sino un motor de cambio.
Se habla de que existe un importante déficit de matronas en Canarias. ¿Se ve acusado en el Materno?
Por suerte, nosotros tenemos bastantes puestos cubiertos. Efectivamente, el déficit de matronas nos afecta en áreas como las plantas, donde la matrona es absolutamente imprescindible, sobre todo en las áreas de puerperio. También tenemos matronas en áreas especializadas, como diabetes o fisiopatología fetal, pero hay algunos puntos que nos quedan por cubrir.
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