Cada cierto tiempo en la Audiencia Nacional se habla catalán. Coincide con la celebración de algún juicio en el que el interés, aunque alcance a toda España, se concentra especialmente en los medios catalanes. Ocurrió con el del asalto al Parlament, a cuyos acusados aún recuerdan en los bares más próximos a la sede de la Audiencia del polígono industrial de San Fernando de Henares. También con el que acabó con la absolución del mayor de los Mossos Josep Lluís Trapero, y, desde noviembre pasado, con el del caso Pujol, una vista que, como ocurrió durante la instrucción, ha visto cómo compartían protagonismo el expresidente catalán, Jordi Pujol Soley, y su hijo mayor, Jordi Pujol Ferrusola.
El exmandatario, de 95 años de edad, ha protagonizado el juicio porque no se ha sabido hasta el último momento si podría o no declarar y responder a las acusaciones vertidas en su contra por la fiscalía y la Abogacía del Estado. De hecho, la decisión del tribunal de no caer en «edadismo» y convocarle en persona a finales del pasado mes de abril para alcanzar una decisión definitiva sobre su estado fue criticada por el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el expresidente, Carles Puigdemont, y hasta por el ministro de Justicia, Félix Bolaños. De no haber sido por eso, los focos solo habrían estado sobre su hijo mayor porque tanto durante la instrucción como durante el juicio, todo ha rodado sobre sus negocios, sobre si eran reales o simulados.
A cuenta de si Jordi Pujol Soley estaba o no en condiciones de responder a las acusaciones, se ha podido entrar en la casa del expresidente catalán, en una especie de preludio de lo mejor que ha tenido la vista oral: el permitir a los periodistas más adictos a los juicios colarse en las casas de esa burguesía catalana y escuchar a un testigo decir que era “casi una tradición familiar” contar con una cuenta en Andorra.
El primer día de la vista, el pasado mes de noviembre, a través de la pantalla se pudo ver al propio expresidente catalán sentado delante de una biblioteca y poniéndose a disposición del tribunal, respuesta que probablemente fue determinante para que el presidente, José Ricardo de Prada, y las magistradas Mercedes del Molino y María Fernanda García Pérez (ponente de la sentencia que se redactará ahora) pospusieran la decisión sobre sus condiciones cognitivas hasta finales de abril, cuando, concluida toda la prueba testifical, llegó el momento de que lo hicieran los acusados. Esa vez, De Prada quiso cerciorarse de forma directa de cómo había afectado al expresidente catalán los 95 años que lleva a cuestas, pero evitó que los medios obtuvieran una fotografía de ello y el exjefe del Govern entró en coche, se cerró la puerta a su paso, y salió de la misma forma.
El policía Bonifacio Díez Sevillano también declaró por videoconferncia desde su casa / EL PERIÓDICO
Le preguntó por los años en que fue “molt honorable president” y por la persona que le acompañaba en ese momento, que era su hijo Pere. Sus respuestas, así como lo que no respondió, sobre lo «mucho que había hecho por España y Catalunya» y que se le acusaba «por las divisas» de su padre, Florenci Pujol, fueron determinantes para que el presidente del tribunal renunciara a tomarle declaración. Y lo que eso conllevaba: dejar a Jordi Pujol Soley fuera del procedimiento y archivar el caso para él. Fuentes próximas al expresidente catalán aseguran que el juicio llegó a su fin el pasado jueves con él preguntando todavía cuándo tenía que ir a declarar y ensayando las palabras que le diría al tribunal.
Su exoneración supuso devolverle, ya sin ningún género de dudas, el protagonismo a su hijo mayor, que es el nexo de unión con el resto de acusados (entre ellos nueve empresarios) y con los más de 200 testigos que han comparecido ante el tribunal a lo largo de las 38 sesiones en las que se ha prolongado el juicio. Eran personas que o bien tenían cuentas en Andorra y recibieron sin saberlo cantidades millonarias de Pujol Ferrusola o bien habían hecho algún negocio con él en Catalunya, Argentina, México o Gabón. Por ellos Pujol Ferrusola, que se enfrenta a una petición fiscal de 29 años de cárcel, cobró cantidades millonarias sin necesidad de contrato ni de otro justificante que las propias facturas pagadas.

Las declaraciones de los testigos por videoconferencias provocó disfunciones como dos conexiones simultáneas / EL PERIÓDICO
Errores y juramentos
Para evitar las demoras que habría supuesto el que los testigos declararan por videoconferencia desde los juzgados catalanes, el presidente optó por que lo hicieran desde su casa, pese al riesgo que suponía que personas de edad muy avanzada no supieran seguir las instrucciones de los técnicos de la Audiencia Nacional y solo mostraran los labios, la oreja o la frente. José Ricardo de Prada, con una paciencia a prueba de bombas, les insistía para que se situaran mejor ante la pantalla hasta que comprobaba que cualquier esfuerzo estaba encaminado al fracaso y que perseverar en ello solo conducía a la melancolía.
Ello, al menos, ahorró el desplazamiento a Madrid de un par de testigos a los que se citó por error. Una de ellas fue una maestra de la escuela pública catalana que dijo que llevaba varios días sin dormir, tras ser citada a declarar y que, aunque trataba de explicar que ella no tenía nada que ver con los Pujol, «la persona de contacto de Madrid» solo le daba como respuesta un «usted sabrá, usted sabrá». «¡De verdad, investíguenme! ¡Yo trabajo para la Generalitat como maestra!”, le dijo la testigo al tribunal en cuanto estuvo ante él. De Prada acalló las risas que la espontaneidad produce siempre en una sala de vistas con un «no se preocupe, con lo que nos está diciendo es suficiente. Es decir, ¿usted no tiene nada que ver con este procedimiento?”. “No”, aseveró la mujer.

El presidente de la Generalitat Jordi Pujol posa con su esposa, Marta Ferrusola, y sus siete hijos / EFE
El presidente solo ha parecido algo cansado cada vez que un testigo contestaba con un «sí» a la pregunta de si «jura o promete decir verdad». Al principio trataba de explicarles que se debe verbalizar una de las dos formas en función de las convicciones religiosas de cada uno, pero acabó renunciando al ver que eran demasiados y que la mayoría no apreciaba diferencia alguna. Lo que no dejó de hacer fue tratar de tranquilizar a los ancianos que pensaban que «después de trabajar desde los 14 años» les iban a pedir explicaciones por la cuenta que abrieron en Andorra en los noventa. Incluso intentó reconducir a un «malestar» la «animadversación» declarada por el inspector al frente de la investigación hacia las defensas de los acusados porque fue apartado del caso tras el introducción de un pendrive de origen dudoso por el que se condenó al exdirector adjunto operativo Eugenio Pino.
Todos a una
La amplísima prueba testifical también incluyó al excomisario José Manuel Villarejo y al resto de policías españoles imputados en Andorra por supuestas coacciones a la Banca Privada d’Andorra (BPA). Ello dio pie a que las defensas introdujeran la intervención que el «A por ellos» de la policía política del PP pudo tener en el procedimiento y lo contrapusieron al «Espanya ens roba», con el que el fiscal quiso explicar en qué consiste para la ciudadanía que los Pujol ocultaran nada menos que 38 millones de euros al fisco.
Concluidos los testimonios llegó el turno de los acusados. Con el padre fuera del procedimiento, todas las miradas recayeron en los hijos que, de la misma forma que se habían repartido durante años los beneficios de la fortuna andorrana, salieron juntos a defender el legado, no del abuelo Florenci, sino del padre, para desvincularlo del dinero opaco y reivindicar su herencia política, ese amor que declararon que tenía por Catalunya. Como dijo con ironía uno de los abogados defensores, «no hay mejor organización criminal que una familia», por su reparto de tareas y su permanencia en el tiempo.
Para recordar una vista oral que se ha prolongado en semanas alternas durante los últimos seis meses, los abogados de los 17 acusados, entre los que solo había una mujer (Ana Bernaola, en representación del empresario Alejandro Guerrero), se han hecho una foto juntos ante la Audiencia Nacional.
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