El peaje de ser pionera y un homenaje merecido. La crudeza del fútbol de plomo. Una de las jugadoras coraje que abrió el camino a las Putellas o Bonmatí -que el sábado pugnan en el Gran Canaria con el Barça contra el Atlético por la Copa de la Reina (20.00 horas, TD)-, tiene serie de Netflix. Mary Socorro (Las Palmas de Gran Canaria, 46 años, referente histórica del Viera y campeona de la Copa con el Sabadell (2003), recibió insultos machistas y piedras.
El manguerazo de una madre y ni rastro de nómina. Tampoco había nutricionista y los viajes de catorce horas obligaban a dormir en el suelo de la guagua. A finales de los ochenta y noventa, ser mujer y darle a la pelota era peligroso.
«No estaba bien visto que una niña jugase a la pelota. No había oportunidades. A nivel federativo, pocos equipos y mis padres no me dejaban jugar: ‘¡Eso es para niños!’.Mis amigos del barrio me dejaban sus botas y yo las escondía en la calle, junto a un árbol. Y así, con la camisa. Escondía la ropa para no escuchar ‘ahí va la machona’. Eso le decían los adultos a sus hijos. Les repetían: ‘No te quiero ver con la machona’. Jugabas partidos y llovían piedras. Escuchabas en la grada el ‘vete a fregar los platos», valora la exjugadora del Viera, UD Las Palmas, Las Torres, Árbol Bonito, Sabadell o Sporting de Huelva en Primera. Noelia y María José Pérez también estaban en el club arlequinado en la 02-03.
Sufrió una grave lesión de rodilla -rotura de ligamento cruzado- y el médico lo vinculó con su sexo. «El traumatólogo me comentó que cómo en lugar de estar en casa cocinando y limpiando, me dedicaba al fútbol. Que por eso me rompieron la rodilla.No sabía qué contestarle. Le dije: ‘Gracias, pero una persona como usted no me quitará la pasión y amor al fútbol. Usted no me opera del cruzado’. Gracias a ese capítulo crecí y valoré cada gota de sudor. Cada regate, cada gesto. Fue una lucha».
Socorro evoca el manguerazo de su madre Carmen. Defendía el escudo del Almenara y apareció la espontánea. «Fue en el campo de tierra de Las Rehoyas [el Cuartel Militar] y se metió con la manguera. Me sacó y me llevó a casa. En el barrio, el Polígono Cruz de Piedra, me querían mucho y tuve suerte».
Agradece la aparición mágica de Pedro, presidente del Apolinario, ya fallecido,así como la figura de Alejandro y su otro padre, Pacuco Ramos, presidente del Unión Viera. «Me inculcó todo como futbolista y persona. Fueron mi familia, el fútbol me lo dio todo».
Curro en la juguetería
Colgó las botas con casi 40 años y le entraron temblores con los viajes. Ni rastro de las concentraciones. En Primera, en sus dos etapas en Sabadell y Sporting, sufrió viajes maratonianos. Había que dormir en el suelo. «Guagua toda la noche de Sabadell a Huelva. Extremadura, Bilbao, Torrejón…Dormíamos en los sillones y te dolía todo. Parabas cada cuatro horas».
Ilusión, capacidad de resiliencia y cero nóminas. No había contratos. Ni seguro ni permiso de maternidad. «Nos pagaban en un sobre y no a todas, era injusto y no le pienso desvelar la cuantía (…) Nunca tuvimos nutricionista». En Sabadell, compatibilizó el entreno con ocho horas en una juguetería.
Sobre si merecen un homenaje en la final del sábado, elogia al resto de pioneras. «No soy quién para decir si merecemos o no un acto, pero sería muy bonito y único para todas las generaciones que aportaron su granito de arena. Que no los olviden: María León, Desi, Rocío, Paula, Noelia, Edita, Davinia, Silvia y muchísimas más… Luchamos duro por este camino. Y es un lujo esta final». Sobre si cobró una prima con el Sabadell, tira de humor. «Sí la prima de mi compañera de equipo. Bueno, nos regalaron el equipaje», apostilla la pionera.
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