El ejercicio es fundamental para el desarrollo saludable de los niños, no solo por sus beneficios sobre la condición física, sino también por su influencia en el bienestar general. Actividades como correr, nadar o saltar fortalecen el corazón, los pulmones y los músculos, además de mejorar la coordinación y la resistencia de los más pequeños.
Tal y como apunta el Grupo de Actividad Física de la Asociación Española de Pediatría (AEP), la práctica regular de ejercicio físico en niños y adolescentes “ayuda en la prevención y el tratamiento de la obesidad, problemas del corazón, enfermedades de los huesos y algunos cánceres”.
Más allá de los beneficios visibles, existen pruebas científicas sólidas que demuestran la importancia del ejercicio físico en el bienestar psicológico infantil. Según la guía de la ‘Actividad física y salud en la infancia y la adolescencia’ publicada por el Gobierno de España, la práctica regular de ejercicio contribuye a elevar la autoestima, mejorar la percepción de la imagen corporal y aumentar la sensación de competencia. Los niños que practican ejercicio regularmente suelen sentirse más seguros de sí mismos y más capaces de enfrentar desafíos cotidianos, desde la escuela hasta la vida social y personal.
El fomento de habilidades sociales
Además, el deporte y el juego en grupo fomentan habilidades sociales importantes, como la cooperación, la comunicación y el respeto por los demás. Muchos padres se preguntan qué tipo de actividad deben practicar sus hijos dependiendo de su edad. La Fundación Española del Corazón señala que “los ejercicios aeróbicos que aumenten la resistencia, mejoren la fuerza muscular y la flexibilidad” son fundamentales, «siempre que no supongan una sobrecarga» en el sistema de huesos y músculos para evitar problemas en el desarrollo. A continuación, se detalla el tipo de entrenamiento según la edad:
- Hasta los 8 años el niño debe jugar y conocer su propio cuerpo. Combinar ejercicios de psicomotricidad, coordinación y equilibrio con ejercicios de sentido del ritmo y del espacio es una buena idea. Marchar, saltar, trepar, danzar son movimientos muy positivos en esta edad.
- Desde los 8 a los 12 años es un periodo en el que potenciar el crecimiento y desarrollo físico general. Se recomienda aumentar progresivamente las actividades diarias y trabajar la resistencia, la fuerza y la flexibilidad. Un momento perfecto para aprender la técnica de distintos deportes.
- Entre los 12 y 14 años, la atención se centra en perfeccionar la técnica de los movimientos deportivos y comenzar a competir suavemente para mantener la motivación.
- A partir de los 14 años llega la etapa de un entrenamiento más especializado en el que se empiezan a aumentar progresivamente los volúmenes de carga.
El ejercicio físico en niños con asma
Los beneficios mencionados resultan muy favorecedores para los niños asmáticos, que si tienen bien controlada la enfermedad, la actividad física es un medio excelente para mejorar su calidad de vida y reducir la gravedad de los ataques. Pero, antes de nada, es importante dejar claro qué entendemos por asma. La Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) define el asma bronquial como “una enfermedad con síntomas repetidos en la que los bronquios se inflaman y se estrechan, dificultando la respiración”.
Los deportes que provocan menos síntomas de asma son aquellos en los que se corre menos y hay descansos. / ShutterStock
Los niños que padecen esta patología pueden realizar deporte habitualmente y, de hecho, resulta muy conveniente que lo hagan. En los momentos en los que no padece los síntomas del asma, el pequeño puede practicar algún deporte o realizar actividades físicas que mejorarán su sistema respiratorio y cardiocirculatorio.
En cuanto a qué deporte practicar, el menor puede elegir el que más le guste, puesto que, de no ser así, probablemente lo termine abandonando. Cierto es que los que más síntomas de asma pueden provocar son los que requieren un esfuerzo mantenido sin posibilidad de descansar, por ejemplo, el fútbol o el baloncesto, que demandan al jugador carreras continuas hacia uno y otro lado. También son muy demandantes las carreras de resistencia, el ciclismo, el patinaje o el rugby, entre otros.
Por el contrario, deportes que provocan menos síntomas son aquellos en los que se corre menos y hay descansos, como los deportes de raqueta, voleibol, gimnasia o artes marciales. Pero, si al niño o la niña le apasiona un deporte que provoque más síntomas, ese es el que debe practicar, siempre tomando precauciones.
Recomendaciones
La SEICAP agrupa estas medidas preventivas en seis puntos que recomienda seguir para que los niños puedan disfrutar de los beneficios del deporte mientras cuidan su salud respiratoria:
- Resulta esencial realizar siempre un calentamiento prolongado y progresivo antes de la actividad y distribuir el ejercicio en intervalos adaptados a sus capacidades.
- No realizar actividad física intensa si el asma no está controlada.
- Evitar entrenar durante infecciones respiratorias, como bronquitis o catarros.
- Intentar respirar por la nariz en lugar de por la boca mientras se realiza ejercicio.
- Detener la actividad inmediatamente ante cualquier señal de pitidos, tos o dificultad respiratoria.
- Evitar deportes al aire libre durante periodos de polinización intensa o con temperaturas bajas y aire seco.
Con estas pautas, los pequeños con asma podrán mantenerse activos sin comprometer su salud, pero siempre es recomendable consultar al médico antes de iniciar cualquier programa de actividad física.












