Hay fechas que ahora parecen no tener cabida en el calendario oficial porque incomodan. Es el caso del 25 de abril, día que es memoria de un pasado que a algunos no gusta. Por ello, la mayoría parlamentaria de la ultraderecha ha vetado que esta fecha sea reconocida como Día de Les Corts Valencianes.
Como secretaria de Política Institucional y portavoz adjunta del PSPV-PSOE en Les Corts Valencianes, este veto me preocupa. No es un simple debate simbólico: es una decisión que interpela directamente a nuestra memoria colectiva, a nuestra identidad democrática y al respeto por nuestras instituciones.
El 25 de abril es parte de lo que somos. Nos recuerda que el autogobierno, las libertades y las instituciones que hoy defendemos no cayeron del cielo ni vinieron regaladas. Costaron. Se perdieron. Se volvieron a conquistar. Y precisamente por eso tienen valor.
Negarse a reconocer esta fecha no es neutral. Es elegir el olvido. Es hacer como si todo empezara hoy, como si la democracia no tuviera pasado, como si las instituciones fueran un decorado en lugar de una conquista colectiva.
Pero las instituciones no se sostienen solas. Se sostienen sobre la memoria de un pueblo que sabe de dónde viene. Por ello, establecer un día que ponga en valor Les Corts Valencianes no debería ser objeto de confrontación partidista, sino de consenso democrático.
Los socialistas defendemos que recordar no es dividir, sino fortalecer. Recordar es asumir nuestra historia para proyectar un futuro más justo, más plural y más consciente de su identidad. Al despreciar el 25 de abril, están renunciando a la madurez política que exige la custodia de nuestra memoria común.
Recordar no divide. Lo que divide es el miedo a recordar, porque recordar obliga a estar a la altura, a entender que la democracia es presente, es herencia y es responsabilidad.
El 25 de abril no mira al pasado con nostalgia. Mira al presente con exigencia. Nos recuerda que nada está garantizado, que todo lo que hoy damos por hecho puede perderse si dejamos de darle valor.
Les Corts han perdido una oportunidad. No será la última vez que algunos intenten rebajar el peso de la memoria, ni la última que nosotros recordemos que sin ella no hay dignidad institucional. Porque creemos en una política que suma, que reconoce y que construye desde la memoria y el respeto.
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