20 millones de personas ya han visitado su tumba

Cuesta encuadrarla. No por falta de espacio, sino por exceso de gente. La tumba de mármol blanco del papa Francisco se resiste a la foto limpia: siempre hay un hombro, un móvil en alto, una mano que se persigna. En la Basílica de Santa María la Mayor, bajo una cruz y una única palabra —’Franciscus’, en latín, como un susurro—, descansa el Pontífice argentino. Un año después de su muerte –el 21 de abril de 2025– el lugar funciona más como una estación o punto de destino que como un templo: un flujo continuo de gente que viene, espera, se acerca, mira, reza y se va.

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