Muchas sensaciones y sensibilidades en el vestuario del Barça después de la dolorosa victoria en el Metropolitano que supuso la eliminación de la Champions League. Una mezcla de orgullo, rabia e indignación, que se vio aliviada por la presencia de Rafa Yuste y Joan Laporta, el presidente interino y el presidente electoral, para dar ánimos a los jugadores.
Orgullo porque no se escatimaron esfuerzos y fútbol para revertir un resultado que era complicado. Lo lograron una vez y se frustraron en la segunda cuando el árbitro anuló un gol a Ferran Torres. Tanto Yuste como Laporta valoraron su entrega y les dieron las gracias por su partido. «Con la cabeza alta», les dijeron. «Volveremos, seguro», les soltó Flick
Rabia porque lo tuvieron en la mano en dos ocasiones. Dos veces y porque lo estuvieron intentando hasta el final a pesar de todas las adversidades, algunas accidentales como el aparatoso golpe que sufrió Fermín, y otros porque no se lo pusieron fácil. Algo parecido sucedió el año pasado, cuando se cayó en semifinales en Milán.
Indignación porque algunas decisiones arbitrales influenciaron de una manera decisiva. Rojas no señaladas en la ida, goles anulados en la vuelta, amarillas a los rivales que se pasaron en alto, posibles penaltis, como la puntada de Musso a Fermín que ha generado debate entre el colectivo arbitral… Situaciones que provocaron que Raphinha realizase unas potentes declaraciones que podrían costarle incluso una sanción.
«Y ahora a por La Liga», es el mensaje del club. A rematar un campeonato que se tiene en la mano, a nueve puntos del Real Madrid. No hay otra y cuanto antes mejor. Hay que celebrarla porque son 5 títulos de 8 posibles.












