La primavera es lo que tiene

Yo no se ustedes, pero yo llevo unos días en los que estoy más cansado que el mecánico de los Transformers, en vez de levantarme de la cama, me dejo caer de ella, porque no puedo ni con mi alma, y qué decirles de cuando oigo sonar el despertador, es como oír un sonido de ultratumba, del más allá, de esos de los que hablan en Cuarto Milenio y que dan más miedo que recibir una notificación de Hacienda. Sin ir más lejos, el otro día, cuando tras pasar toda la noche dando más vueltas en la cama que la silla de un peluquero escuché la alarma del despertador, se me saltaron las lágrimas, mientras afanosamente buscaba mis gafas en el cajón de los calcetines y arrastrándome como pude me preparé un café descafeinado, ¡qué por nadie pase!, y me encendí un cigarrillo por la boquilla, todo un despropósito. Y es que no sé qué me pasa, pero es que no puedo con mi vida y todo empezó cuando cambiaron la hora y llegó la primavera. He pensado en hacerme un análisis de sangre por si me falta hierro, calcio o tengo algún tipo de deficiencia que justifique el desaliento que padezco, pero me han dado hora para el día de l’Albà, allá por el 13 de agosto a las ocho de la mañana, que yo he pensado: «¿Para qué voy a hacérmelo? Si llego a esa fecha, o se me ha pasado o me he muerto». Así que me he puesto a buscar por internet por si encuentro respuesta a lo que me pasa, y vaya si lo he encontrado, no tengo nada grave, simplemente padezco de astenia primaveral. ¡La Virgen del Amor Hermoso! Qué susto he pasado, ya había hecho incluso el testamento y todo por un dichoso síndrome primaveral, parecido a las alergias, pero con más mala leche.

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