Cuando el balón de Portillo irrumpe en la escuadra, el realizador televisivo cambia rápido a una imagen de Paulino de la Fuente (Santander, 1997) celebrando con rabia ante el Fondo Sur. «A veces pienso que fui yo el que marque», dice a LA NUEVA ESPAÑA con el tono burlón de siempre. Pero nadie le quita estar presente en la escena más festejada del oviedismo: el gol del ascenso. El cántabro tira de buen humor a pesar de que la situación es complicada: fue sometido a una artroscopia en su rodilla y cedió su ficha al Zaragoza para que inscribiera a un compañero. Paulino acepta la invitación para charlar de su etapa en el Oviedo y para comentar cómo ve la temporada en la distancia.
Lo primero, ¿cómo está?
Fastidiado. Me lesioné en una acción fortuita, no pensé que era tan grave pero me tenía muy limitado, así que decidimos pasar por el quirófano. La parte más dura fue la de quedarme sin ficha. Los médicos me dijeron que podría volver como mucho a 2 o 3 jornadas del final, no tenía sentido a la vista de la situación gastarla, así que entendí que lo mejor para ayudar era dejarla libre.
¿Cómo es su día a día?
De momento, muy aburrido. A mí me gusta jugar y no toco un balón… Hago mucho gimnasio. La idea es que si sigo avanzando a finales de mes pueda salir al campo. Eso sí, trato de estar con el grupo, hacer rutina con ellos. Me toca apoyar desde otra perspectiva.
¿Tiene tiempo de ver al Oviedo?
Salvo los que coinciden con el Zaragoza, los he visto todos. Y he estado un par de veces allí, comiendo con los excompañeros. Está complicado, no hay que engañar a la gente. Ha faltado algo de suerte. Da buenas sensaciones, el calendario es bueno. Antes del Sevilla estaba muy lejos y ahora un poco más cerca. En casa, con el Tartiere empujando, son fuertes. Juegue mejor o peor, siempre veo un Oviedo serio. No veo a un colista que dé lástima.
¿Qué le gusta de lo que ve?
Que siempre da la cara. El duelo ante el Atlético, por ejemplo: fue un partidazo. Mereciste ganar bien y lo pierdes porque son muy buenos: un tiro, un gol. No sé si dará para salvarse pero sí seguro para estar con los jugadores.
«Se creó demasiado revuelo con la oferta de Las Palmas a Carrión en su día y si todos nos ponemos en su situación hay que ver qué habríamos hecho»
El ambiente ha sido complicado desde la llegada de Carrión.
Lo sé, sí. Y yo ahí opino un poco diferente. Tengo que decirlo porque así lo siento. Se creó demasiado revuelo con la oferta de Las Palmas en su día y si todos nos ponemos en su situación hay que ver qué habríamos hecho. Estoy con Luis, le tengo mucho aprecio y fue una pena porque él estaba donde quería estar.
Encima se había prescindido de Paunovic.
Son muchos cambios, y no siempre vienen bien. Con Veljko tengo muy buena relación. Más allá de que decidiera prescindir de mí, tuvo palabras muy buenas en su despedida. Me dijo que me ayudaría si necesitaba hablar con algún entrenador o club. Cuando le echan creo que el equipo no estaba mal, pero no jugaba especialmente bien, para mi gusto. Ascendimos jugando normal, aunque ordenados, compitiendo muy bien. Veljko te da una motivación enorme, es su mejor baza. Y este año el Oviedo era un equipo muy entregado, pero el fútbol no era tan vistoso.
Otro lastre: los fichajes no han terminado de funcionar.
Parece que les ha costado, sí. No todos, pero quizás se esperaba más de ellos. Los del año pasado siguen siendo los mejores, no es que jueguen porque sí, es porque rinden. Y han tenido oportunidades todos. Pero si haces tantísimos fichajes y solo te funcionan unos pocos algo has hecho mal. Otros años se acertó más con los fichajes.
Mucho jugador de fuera.
Antes había algo muy potente: el grupo. Tanto en mi primer año, como en el segundo, porque los que llegaron mejoraban el ambiente. Encontrar eso es muy difícil, ¿eh? He estado en muchos vestuarios y nunca lo había visto. Nada de grupitos, de los titulares por un lado y los suplentes por otro. No. La gente, loca por entrar, nada de encabronarte porque no jugaras. No se borraba nadie. Decides romper ese ambiente para, en teoría, traer más nivel, que es comprensible porque es Primera. Pero no se ha logrado lo deseado. Por eso juegan los del año pasado. Ah, y déjame añadir una cosa: ¡Qué bueno es Fede Viñas!
Le gusta.
Es el mejor futbolista con el que he jugado. Llegó el primer día, recién recuperado de la lesión, casi sin moverse, y dijimos: «Hostia, pero si es el mejor». A todos mis excompañeros les deseo que triunfen en el Oviedo, pero si Fede se va un equipo más potente, me alegraría mucho.
¿Dónde ve su techo?
Es jugador de Primera, pero de equipo importante, ¿eh? El otro día lo hablaba con David (Costas): metes a Fede en el Villarreal con un 4-4-2. Se va hasta los 20 goles.
«Viñas es el mejor jugador con el que he coincidido; El otro día lo hablaba con David (Costas): metes a Fede en el Villarreal con un 4-4-2 y se va hasta los 20 goles»
¿Le dolió su salida?
Muchísimo. Salí llorando de El Requexón con la carta de despido en la mano. Fueron dos años con lesiones, pero fueron los mejores de mi carrera. Ahí están los datos de participación en goles por minutos.
¿Se esperaba salir?
Me lo olía, sí; ya me lo habían dejado caer. Yo pensaba, «a ver si me dejan cinco entrenamientos y puedo darle la vuelta». Eso en el fútbol ya se ha visto, ¿sabes? Quería estar en el Oviedo. Me costó llegar allí, logré el ascenso… Y te quedas con la espina de Primera. Aún duele. Sigo pensando que podría haber ayudado al Oviedo en Primera. No sé si más o menos que otros, pero sí podría haber ayudado.
¿Qué dijo cuando le comunicaron que no seguía?
Tengo muy buena relación con ellos (la directiva), hay confianza, así que cuando Agustín (Lleida) me dijo que no seguía le dije que lo entendía, pero que trajeran a uno mejor que yo. Todavía se lo recuerdo de vez en cuando (risas).
Pachuca atraviesa momentos de crítica. Usted que les conoce, ¿qué le parece?
Que es la mejor gestión que puede tener el Oviedo. Conozco cómo funcionan desde dentro y Jesús (Martínez) y Martín (Peláez) viven «24/7» por el club. Alguien que cuide tanto un equipo, con esa pasión que le ponen, merece toda la paciencia de mundo. Y no solo eso, es el trato. Cómo cuidan a la gente, incluso a las familias, yo lo viví en México. Nunca me habían tratado así. Pueden equivocarse, pero hay que ser agradecidos. Y lo dice alguien al que le «limpiaron», ¿eh? Pero soy agradecido.
Cuando llega a Oviedo se encuentra con Cervera.
Quizás no era el perfil que él quería, pero creo que podría haber rendido con él. Era una relación, digamos, complicada, pero no solo conmigo, con varios compañeros. La plantilla contaba con muchos jugadores técnicos, como Camarasa, Moyano, Seoane, Santi… Y él estaba cerrado en su idea. A mí me puso dos partidos de titular, no estuvimos mal, los empatamos. Y me quitó. Luego yo estaba encabronado, claro. Tendría que haberse adaptado más a la plantilla.
Carrión.
Cambia todo. En confianza, en trato… Otro rollo. Lo asumió con 3 puntos de 21 sin jugar a nada. La gente se nos echaba encima, con razón, ¿eh? Luego hicimos un fútbol maravilloso. Para mí, al nivel de Primera. ¿Sabes de un partido del que me acuerdo mucho?
«Pocos partidos disfruté tanto en un campo como el que perdimos en El Molinón, y mira que era complicado por la presión, el ambiente, porque nos marcan pronto… Luego les damos un meneo»
Sorpréndame.
Del derbi que perdimos en El Molinón. Pocos partidos disfruté tanto en un campo, y mira que era complicado por la presión, el ambiente, porque nos marcan pronto… Luego les damos un meneo, tuvimos mil ocasiones, yo fallo una clarísima, los penaltis que no nos pitan… No soy de redes, pero la gente del club me decía: «Es la primera vez que perdemos contra el Sporting y la gente os apoya».
Y llega el play-off.
El ambiente fue increíble. Esa victoria en Éibar… Que para mí era el mejor equipo. Solo un pero: me perdí la canción de Melendi… Estábamos en el vestuario a lo nuestro y no escuchamos nada. Y yo soy fan de Melendi desde pequeño, muy fan. Cada poco le decía a Cazorla: «Santi, mándale un mensaje».
Cornellá.
Le di muchas vueltas. Tenía una roturilla, pero quería estar. Entrené, viajé… Me dijeron que tenía un 80% de riesgo de recaída. Le dije al míster: «Llévame por si hay que jugar 10 minutos». Y al final me dejó fuera. Me dolió, lo he hablado con él, pero no puedo enfadarme. No estaba bien. Ni yo, ni muchos. Quizás la gente no lo sabe,pero llegamos muy justos: Colombatto, Borja, Seoane, Santi, yo…
Su primer año acaba con 9 goles, algunos como suplente. ¿Le molestaba que le llamáramos revulsivo?
Molestar, no. ¡Me reventaba! (risas). Y luego el vacile en el vestuario. Venía Dani (Calvo) y me decía: «Paulino, Viduka, revulsivo. Venga arréglalo tú». ¡Qué cabrón! Funcionaba y me fui encasillando, pero al final me lo tomaba con humor.
Su segunda temporada es más complicada. Llega Calleja.
En la pretemporada teníamos buenas sensaciones. Luego algo se torció. Ganamos al Dépor, pero jugando mal y entraron las dudas. Luego, cuando lo despiden, estamos sextos pero las sensaciones eran malas.
El efecto Paunovic.
De primeras pensé, «buff, este va a ser duro». Tiene mucha personalidad y va de frente. Empezó contando conmigo, por mis características creo que podría haberle servido, pero luego dejó de darme tanta bola, sobre todo tras la lesión.
Ya lo ha mencionado: lesiones.
Mira, yo nunca he sido muy de lesionarme. Un par de lesiones al año, lo normal. En Oviedo en el primer año tuve algún problema menor, pero en el segundo fue frustrante. Me lastró el play-off del Espanyol. Acabé lesionado, tuve poco descanso, me faltó un trabajo de base… Ahora, al estar parado, he podido crear hábitos y una base física.
De nuevo, play-off.
Para la gente no subir directo fue un bajón, pero dentro no. Estábamos convencidos de que subíamos. Fuera quien fuera el rival. ¿El Almeria primero? Venga, pues a Almería.
«De la fiesta del ascenso me acuerdo de Santi, con esa cara de ilusión, pensando «ya está, lo he logrado»… Y me alegraba el doble por él»
¿Cuándo marca Portillo ya se ve en Primera?
Sí, sí. No nos lo quitaba nadie. Yo esa jugada, ese gol, lo vi mejor que cualquier cámara. Lo vi a metro y medio. Y según salió esa pelota… Lo celebro casi como si lo hubiera marcado yo. Fue increíble.
¿Alguna anécdota de la fiesta?
Pues te digo la verdad: entre que estábamos con todas las familias que se alargó con el escenario y demás, tampoco dio tiempo a mucho. Pero lo del día siguiente, ver la calle Uría llena, era como cuando miras al mar y ves que no hay final, pues hileras e hileras de cabezas hasta el horizonte. Me acuerdo de Santi, con el que hice una gran relación. Verle con esa cara de ilusión, pensando «ya está, lo he logrado»… Y me alegraba el doble por él.
















