Habrá quien diga que el Real Madrid pudo ganar el partido. Y no le faltará razón. Otros que señalen a Neuer como el mejor juagdor del partido. Y tampoco mentirán. Pero la realidad es que si el Bayern hubiese mostrado algo más de colmillo en el área de Lunin, la eliminatoria podía haber acabado sentenciada a favor de los bávaros en el Bernabéu. El Real Madrid puso toda la carne en el asador, pero el balón evidenció que los de Arbeloa están un escalón por debajo. Una diferencia que a menudo corrige la presencia de Thibaut Courtois, pero sin el belga la vida no es tan sencilla. El triunfo por la mínima del Bayern deja malherido al Madrid para la vuelta, pero no le descarta. La agonía se alarga una semana más.
Reveló Joshua Kimmich en la previa que “en el Bernabéu rigen normas diferentes. La lógica futbolística no cuenta”. Lo advertía tratando de explicar el aura del Real Madrid en la Champions. Un pedigrí labrado en el pie de la Copa de Europa a golpe de victorias memorables sobre rivales como el Bayern. Sin embargo, si hay un equipo equiparable a los blancos en jerarquía, poderío y, por momentos incluso cierta arrogancia, ese es el Bayern de Múnich.
Comenzó el partido con tal dominio bávaro que el Bernabéu parecía el Allianz. Cada minuto era un invierno para los de Arbeloa. A los ocho, Upamecano desperdició una ocasión clamorosa que Carreras deshizo en la línea. El lance espoleó al Madrid como unas banderillas, y los blancos comenzaron a pisar el área de Neuer, que al cuarto de hora frenó a Mbappé y tres minutos después trabajó ante un malintencionado disparo de Vinícius. El choque era mayúsculo con ese aroma que tenían los Federer-Nadal, o esa electricidad que se respiraba la noche que Ali y Foreman pusieron a Kinshasha en el mapa cruzando golpes. Lunin corrigió ante Gnbary un error de Thiago Pitarch y dos minutos más tarde Neuer sacó una mano milagrosa a Mbappé. Era una noche en la que no se negociaban las carreras. Ni en ataque ni en defensa.
Goles en momentos clave
El duelo se convirtió en un rondo en el balcón del área de Lunin, donde Oliseh afilaba su carril ante Carreras y Kane y Gnabry entraban y salían. Arbeloa, disfrazado de Ancelotti, apostó por el pragmatismo replegando al Madrid para tender emboscadas. Y como nunca es buena idea bailar alrededor de Tyson en el minuto 40 un mal pase de Vinícius terminó con una asistencia deliciosa de Gnabry a Luis Díaz parar batir a Lunin. Carreras le habilitó y a Trent le cogieron la espalda. El Bayern era demasiado toro para un Madrid al que no le llega con el voluntarismo.
No hubo cambios. Mejor dicho, no hubo sustituciones. Porque a los dos minutos cambió el marcador. Otro pase de tibio de Vinícius y una inoportuna caída de Carreras terminaron con Oliseh sirviendo a la media luna del área, desde donde Kane amarró su disparo junto al palo. El Madrid se desangraba sin Thibaut Courtois en la portería. El belga es la razón de ser de este Madrid y sin Courtois el Madrid es menos Madrid. Más aún con este nivel de Mbappé. Porque Kylian, del que Arbeloa advirtió “ha venido al Madrid para jugar estos partidos”, ha pasado a ser un sospechoso habitual en el Bernabéu. Escoge las carreras, se desentiende en defensa y sus sonadas ausencias han molestado a la grada madridista, que ya no disimula su desapego con el francés. Mbappé no marcaba desde el 8 de febrero. Y hasta su gol, el que hacía recuperar la fe al madridismo, llegó en un remate mordido, después de haber fallado hasta cuatro ocasiones claras. Tampoco estuvo a su altura Vinícius, que falló un uno contra uno ante Neuer de esos que deciden partidos o incluso eliminatorias. El alemán aguantó con oficio y el brasileño terminó rematando fuera.
Arbeloa se echó al monte y desató el correcalles con Bellingham y Militao en lugar de Huijsen y Thiago. El Bayern amontonaba jugadas sin finalizar en el área de Lunin y Neuer se lucía en las acometidas blancas. El meta ocupaba el papel asignado a Courtois. Incluso estuvo a punto de evitar el gol de Mbappé en el minuto 74, un tanto que encendió a un Bernabéu que en los últimos meses vive de los recuerdos. Jalea carreras, celebra despejes y se ha instalado en el conformismo al que se ha visto empujado por la mediocridad del juego del equipo. Ese conformismo que está muy cerca de provocar la segunda temporada en blanco de los de Florentino Pérez.
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