Si tienes un coche diésel —incluidos los modelos híbridos que utilizan este combustible— hay un detalle al arrancar que no deberías pasar por alto. Al dar el contacto, se enciende un testigo amarillo con forma de espiral que indica que los calentadores están en funcionamiento. Lo recomendable es esperar a que se apague antes de poner en marcha el motor.
Este sistema es clave porque, a diferencia de los motores de gasolina, los diésel no usan bujías para generar chispa. La combustión se produce al alcanzar una temperatura muy alta dentro de la cámara, algo que resulta más complicado cuando el motor está frío. Ahí es donde entran en juego los calentadores, que ayudan a elevar esa temperatura en los primeros instantes.
El tiempo que permanece encendido el testigo depende de factores como el frío o el uso previo del coche. En condiciones normales apenas dura unos segundos, pero en invierno puede alargarse un poco más. En cualquier caso, este indicador marca el momento adecuado para arrancar sin forzar el sistema.
Mecánico revisando un vehículo / Freepik
Qué ocurre si no respetas el testigo
Arrancar antes de que se apague esta luz no suele tener consecuencias inmediatas si ocurre de forma puntual. Sin embargo, hacerlo de manera habitual puede generar una combustión deficiente del gasóleo, lo que provoca la aparición de residuos o carbonilla en el motor.
Con el tiempo, esta acumulación puede afectar a elementos como la válvula EGR o el filtro de partículas, aumentando el riesgo de averías. Además, el motor de arranque y la batería también sufren un mayor desgaste al tener que trabajar más para compensar la falta de temperatura.
En los diésel modernos, especialmente los que utilizan tecnología Common Rail, el proceso es mucho más rápido y a veces casi imperceptible. Aun así, en frío sigue siendo recomendable esperar esos segundos. Es un gesto sencillo que ayuda a proteger el motor y a alargar su vida útil.














