El recinto donde los sueños se empiezan a hacer realidad para la UD Las Palmas. El color amarillo y azul como guía espiritual y entre ceja y ceja un solo objetivo: ascender a Primera. Una meta que la UD se marcó a inicio de temporada con un equipo casi nuevo y que ahora, aunque faltan unos cuantos obstáculos por superar – ocho-, parece más cercano. Se acaricia.
Para lograrlo, si hay algo o alguien que ha jugado un papel importante a lo largo de la temporada es el Gran Canaria por un lado y los aficionados por otro, que cada dos semanas se dan cita en el feudo amarillo. Los fieles, los que han estado pese a la tormenta y los días de sol, las horas y los días en los que el trabajo mandaba y sobre todo, cuando la crisis de siete partidos sin ganar azotó al equipo. Son doce puntos en catorce días.
Un estadio que ahora más que otra cosa es fortaleza, donde tanto afición como equipo han entendido que buena parte del objetivo pasa por hacerse fuerte en casa. De los últimos cuatro partidos que la UD ha jugado en el Gran Canaria -Ceuta, Sporting, Granada y Huesca-, los amarillos han ganado todos. Doce de doce. Cuatro de cuatro y un pleno que ha mantenido enchufados a los seguidores en este tramo final, en el que una victoria vale más que tres puntos.
Colocados en el cuarto puesto de la tabla y empatados a puntos (57) con Málaga y Burgos, a los amarillos sólo les queda el crédito de tres partidos más en casa antes de finalizar la temporada. Leganés, Valladolid y Zaragoza. Tres duelos en los que ganar es una obligación para seguir en la pelea por alcanzar la cima, más aún teniendo en cuenta las tres complicadas visitas que los de Luis García tienen que afrontar: Málaga este fin de semana, Almería y Deportivo en la última jornada del campeonato.
Unos partidos en los que a pesar de estar jugando a varios kilómetros del Gran Canaria, la UD estará arropada por su afición, como ha ocurrido a lo largo del curso. No ha habido campo alrededor de la Península que se haya resistido a la marea amarilla, que ha hecho acto de presencia en todos y cada uno de ellos. Para empujar hacia la victoria, para ver a una UD campeona.
El apoyo de la grada
«Siempre he notado a la gente cerca. Ha sido un espectáculo como han viajado. Vivamos este final de temporada con ilusión porque así será más fácil», expresó García. Un técnico que siempre que lo ha necesitado ha echado mano a los fieles con una respuesta positiva. Y no sólo el míster, sino también los propios jugadores, que han entendido que el valor de este club son los fieles. Un estadio que se ha convertido en un fortín y en un imán. Van 35 puntos conquistados de local. Faltan tres finales más. Un escudo y una garganta.










