Llega a Zaragoza la semana que viene con una obra en la que quizá se aborda lo que todos queremos descifrar, qué es el amor.
Sí, sí, sí, tengo muchas ganas porque mi tierra siempre me tira y yo soy muy de Zaragoza, de mis raíces, y además estamos allí cuatro días, o sea que seguro que lo vamos a disfrutar mucho. Es una función que es un viaje emocional. Es una experiencia teatral, que esto lo dice mucho el director también, donde vamos a ver a dos personajes que forman parte de un ensayo clínico y se empiezan a enamorar y no saben si lo que están sintiendo en ese momento es real o forma parte de ese ensayo clínico. Entonces sí que hay algo más en la función de lo que te cuenta y que te hace reflexionar sobre la vida, sobre quiénes somos, sobre lo que parece que queremos llegar a conseguir pero no se consigue, lo que crees que eres y no eres o al revés. Tiene muchas cosas y muchas capas, aparte de, por supuesto, esta historia del amor, que a la gente de alguna forma le toca y empatizas muchísimo.
Cuando una prepara un papel como este que haces en ‘El efecto’, ¿le afecta personalmente, le toca?
Hay algo de las historias cuando te llegan… que si hay algo más que puedes bucear y rascar y que te toca y hay como un motivo para poder sacarle a eso todo el jugo y las capas, es un plus para el proyecto. Recuerdo la primera vez que leí esta función que al principio te quedas sin saber muy bien por dónde tirar y por dónde empezar a trabajar. Pero luego una vez hemos estado en el proceso de ensayos, que ha sido un mes y medio, que estuvimos más o menos disfrutando mucho, porque había mucha comunicación entre todos, nos hemos ayudado unos con otros y al final la función habla de eso, de las personas, de la vida y no hay nada más humano que eso. Del amor, de las contradicciones, de la ilusión, de la juventud, del miedo a la incertidumbre o del miedo a quitarnos complejos, a ser lo que queremos ser de repente. Y a la hora de bucear en mi personaje en concreto, lo he disfrutado mucho, la verdad.
¿Cómo ha sido trabajar con ese elenco de grandes actores y actrices que conforman esta obra?
Con ninguno de los tres había trabajado anteriormente. Yo es cierto que en la función con quien estoy mano a mano en todas las escenas es con Itzan Escamilla y ha habido, siempre lo digo, ha sido desde el minuto uno una compenetración brutal. Y la función además lo pedía porque estas dos personas en cuanto se encuentran, el punto clave es que hay algo súper especial entre los dos y el espectador se tiene que quedar prendado con esa relación y siempre ha habido una comunicación impresionante. Y con Alicia (Borrachero) y con Fran (Perea) lo mismo, llevan muchos años en esta profesión muy del teatro, que eso también se nota a la hora de trabajar los códigos, que no tiene nada que ver a cuando haces audiovisual, y hemos hecho una piña muy bonita.
Itziar Miranda coprotagoniza ‘El efecto’ en el Teatro Principal de Zaragoza. / ELENA C. GRAÍÑO
¿Cambia mucho?
Al final, el teatro es estar mano a mano, mirarte a los ojos con tu compañero, confiar y disfrutar, porque cada función es diferente y tienes que estar ahí haciendo mucho equipo y mucha piña y aprendiendo mucho de ellos y de la forma que tienen de encarar esta profesión y el teatro, que para mí también es algo súper importante.
Para alguien como usted que se prodiga en el audiovisual, ¿qué le aporta el teatro?
Yo siento que cada x tiempo, me pide el cuerpo subirme al escenario, ser carne de escenario. Si miras mi currículum, como dices, han sido muchos años de hacer audiovisual, pero no es casualidad que el cuerpo me pida el teatro porque es un ‘reset’. Te metes en ese proceso de ensayos, de estar todos los días durante muchas horas probando cosas diferentes, te lanzas al vacío de una forma que creo que para cualquier actor es una escuela maravillosa y te hace estar muchas veces con muchas inseguridades porque no sabes muy bien por dónde hay que tirar. Además tienes un control más claro de todo, del poder, que digo yo, de estar encima del escenario. Te hace crecer mucho como actriz.
Empezó con siete años, entonces no creo, claro, pero ¿soñó con llegar a este momento de trayectoria?
Pues la verdad es que no, porque yo tengo una forma de disfrutar de esta profesión y de la vida que es lo que va viniendo lo disfruto, doy lo mejor de mí al 100% y ya está. Luego si funciona, perfecto y si no, pues a lo siguiente, ¿sabes? Intento no estar siempre pensando en qué hubiera sido si esto no hubiera salido o si hubiera salido. Disfruto el aquí y el ahora y no comerme mucho la cabeza con eso. Siempre digo que lo que no me hubiera perdonado nunca es que si veo cualquier trabajo mío y siento que no he dado el 100% de mí, eso sí que me daría mucha rabia. Soy muy de dejarme la piel y muy kamikaze en ese sentido, de echarme mucha responsabilidad porque me vuelco muchísimo y es mi pasión esta profesión y lo que va viviendo, lo abrazo y lo disfruto mucho.

‘El efecto’ es una obra de teatro que hace reflexionar al espectador. / ELENA C. GRAÍÑO
¿Se ha cansado de que le identifiquen con Karina, de ‘Cuéntame?
No, ¿qué ganas con eso? Soy consciente que es una serie que ha marcado en la historia de este país y que fue mi escuela. Empecé ahí desde pequeñita y es donde yo aprendí todo lo que sé, donde supe que esto era una profesión porque empecé tan pequeña que lo encaré desde un hobby, como un juego y de disfrutarlo hasta que ya luego dije ‘bueno, espérate que esto es en serio, esto es un trabajo’. Estoy muy, muy contenta y con mucho orgullo de haber formado parte de algo tan importante como es esta serie.
A pesar de empezar muy joven su caso no es el de una joven actriz maldita por el triunfo temprano.
El entorno es fundamental y en mi casa me han inculcado siempre no perder el foco nunca. Cuando eres tan pequeña lo principal en ese momento es tu responsabilidad y tu obligación es los estudios, de tomártelo esto como un juego y de pasártelo bien y ya cuando seas más mayor pues tú decides hacia dónde tirar. De hecho, cuando ya llegó la mayoría de edad y no sabía muy bien si dedicarme solo a esto, lo he ido compaginando con otras cosas porque creo que también la vida no solamente se tiene que centrar en tu mundo del trabajo ya sino si hay otras cosas que también te motivan y te apetece aprender de ello. Estudié Magisterio Infantil y ahora estoy también con clases de canto porque siempre he sido algo autodidacta en la música y nunca había dado así clases, de formarme bien, de saber bien cómo hay que colocar la voz y la respiración.
¿Siente presión por actuar en Zaragoza?
Tengo sobre todo mucha más ilusión. Yo por donde voy siempre voy presumiendo de que soy de Zaragoza, que soy mañica. Voy siempre con Zaragoza en el corazón y en el alma y en todo, y me apetece muchísimo subirme a ese escenario. Es un lujo de teatro el que tenemos, y es para estar muy orgullosa y muy contenta de subirse a él y de disfrutarlo con la gente de mi tierra.
¿Qué le gusta hacer cuando está en Zaragoza?
Sobre todo juntarme con mis amigas de toda la vida, que no pierdo el contacto, porque si no voy yo vienen ellas a Madrid. Estar con mi gente, con mi familia y sobre todo pues ir a comer a sitios ricos, no sé, como cosas muy normales, la verdad. Me gusta volver a esa calma, porque este ritmo de esta profesión y en Madrid también va todo tan rápido. Volver a casa es estar en paz y tranquila.
¿Qué es lo que echa más de menos de Zaragoza?
No tener que salir tan pronto de casa para llegar a algún sitio, lo valoro muchísimo. Cuando voy a Zaragoza pienso ‘madre mía, mis cálculos de los tiempos en Madrid son totalmente diferentes’. Siento que me sobra mucho el tiempo y llego muy muy pronto a un sitio en concreto o lo que te digo, o apuro mucho más en casa porque digo, es que claro, no se tarda nada. Echo de menos la tranquilidad de no tener que ir corriendo a todos lados.
Suscríbete para seguir leyendo













