La imponente imagen de Nuestra Señora de las Angustias en su Soledad, obra de Hipólito Pérez en 1983, fue arropada por numerosos fieles y cofrades, vestidos de riguroso luto, así como por el acompañamiento musical de la Asociación «La Mayor» y las marchas procesionales de la Banda «La Lira» de Toro, durante la procesión organizada por la cofradía de la Virgen de la Soledad.
El Sábado Santo se vivió bajo un cielo despejado que permitió que este año, tras dos sin salir ante las persistentes lluvias, el paso procesional pudiera recorrer las calles de la ciudad de Toro, por lo que adquirió un significado aún más especial para los cofrades y devotos.
El cortejo inició tras el rezo del Rosario y la oración del Vía Matris a la Virgen, seguido de la imposición de medallas a las nuevas cofrades. Desde la iglesia de Santa María de Roncesvalles y Santa Catalina ,a las 19.30 horas, la procesión avanzó por las calles Rejadorada y San Lorenzo, mientras numerosos fieles se agolpaban en las calles de Toro, acompañando con respeto y en silencio a la Virgen de la Soledad durante su desgarrador recorrido. Las cofrades, portando velas, iluminaban con su luz el paso de la Virgen.
Al llegar a la Plaza Mayor, las voces de la Asociación Musical «La Mayor» entonaron el himno a la Virgen de la Soledad, compuesto por su director, José Manuel Chillón, pensado para coincidir con el tiempo que tarda la talla de la Virgen en cruzar La Glorieta. La interpretación estuvo cargada de emoción, mientras la imagen titular dejaba atrás la estampa de la Colegiata, iluminada por los últimos rayos dorados del sol.
Tras la conmovedora actuación, el recorrido siguió por Puerta del Mercado y las calles El Sol y Rejadorada, para regresar al templo de partida. En el tramo final, los fieles se sumaron al canto de la Salve, un momento cargado de recogimiento y devoción para despedir la procesión del Sábado Santo.













