alegría y exigencia en Riazor

Poco queda de aquel Córdoba exuberante de hace dos meses que lucía esa frescura de los equipos de Iván Ania y que era, por entonces, un sólido candidato al ascenso a Primera. Seis derrotas y un empate en los últimos siete partidos le han descabalgado de la carrera con la aristocracia y le convierten, en teoría, en una victoria propiciatoria (20.00 horas, Liga Hypermotion TV) para un Deportivo de menos a más, que entra en esa recta final donde pretende ascender. Sin titubeos, quiere pillar el elevador directo. Ni paradas ni pruebas intermedias. Pero es que el Deportivo es el Deportivo. Y, aunque las señales aportan cierta seguridad, el equipo de Antonio Hidalgo es una especialista en resucitar a rivales desahuciados o al borde del precipicio. Que se lo digan a la Real Sociedad B, al Granada… Y el equipo coruñés ha llegado a un punto de no retorno en el que no se puede permitir más fallos, tampoco una racha tan deficitaria como la que lleva esta temporada en un Riazor entregado. La grada ha enterrado las diferencias y los reproches. Ruge por encima de todo. En el horizonte volver a Primera División ocho años después y darle carpetazo a la época más negra de sus 120 años de historia. Un bien mayor y necesario.

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