La Hermandad Penitencial del Santo Entierro de Bercianos de Aliste ha iniciado su Semana Santa sumida en la tristeza y el dolor despidiendo con cariño, admiración y respeto a la persona más longeva de la cofradía. La tía Justa Gallego Baz fallecía a los 93 años de edad tras una larga e intensa vida dedicada a su familia, a la Pasión de Cristo y a su siempre amado pueblo de Bercianos.
La iglesia parroquial de San Mamés acogió el sentido funeral oficiado por el párroco José Alberto Sutil Lorenzo, acompañada Justa por todos sus paisanos del Santo Entierro hasta el nuevo camposanto del Calvario, donde ya descansa en paz la añorada cofrade.
Justa Gallego Baz nacía un ya muy lejano día 5 de septiembre de 1932, allá en la ribera del río Aliste, en la calle “La Puente” de Bercianos, en el seno de una familia sencilla y ejemplar, la formada por el tío José Gallego Gallego y la tía Lucía Baz, llegados ambos de Valer de Aliste, siendo ella la mediana de tres hermanos: una mujer y dos varones.
Ello le convirtió en la mano derecha de su madre, la señora Lucía, siendo la confidente de su hermano mayor el ilustre sastre de Bercianos Juan Gallego Baz alma, corazón y vida de las capas pardas alistanas de honras y respeto: y en la cuidadora de su hermano pequeño Emilio Gallego Baz que, llegada la juventud, emigró para pasar toda su vida laboral en Alemania.
Justa Gallego Baz, la mujer más longeva del Santo Entierro de Bercianos de Aliste, en su última instantánea tomada por La Opinión de Zamora. / Chany Sebastián
La señora Justa, de Bercianos y a mucha honra, siempre estuvo muy unida a Valer donde tenía a su prima Justa Baz Gallego la del tío Sebastián y la tía Paula y a Flores donde vivía su otra prima Paulina Gallego la del tío Germanito y la tía Asunción; con las que solía compartir las fiestas patronales de la Virgen de la Asunción en agosto y de Santa Eulalia en septiembre. Tres almas gemelas, más que primas hermanas, que compartían cada año el Viernes Santo en Bercianos.
Solo cuatro años tenía cuando estallaba la contienda civil el 18 de julio de 1936 con lo cual como «niña de la guerra» le tocó vivir su más tierna infancia en unos tiempos difíciles donde su primo mayor Germán se había tenido que ir a luchar a la batalla del Ebro.
Ayudando en las tareas del campo y de la casa pasó una infancia y adolescencia feliz hasta que llegaba la ansiada juventud y como buena moza, que lo era, guapa, sencilla, trabajadora y buena persona, encontraba el amor de su vida y tras varios años de noviazgo se casaba con David Blanco Martín. Su hermano Juan, se casaba a su vez con Natividad que era hermana de David.
David y Justa, de conductas ejemplares, formaron una de las familias más acogedoras y queridas de Bercianos, abriendo su morada allá en la calle Concejo, donde nacieron sus tres hijas, Juana, Pilar y Lucía, casadas a su vez la primera con Venancio Rodríguez de Grisuela, la segunda con Ángel Garrido Pérez y la tercera con Pedro del Río González que este año es el Juez de la cofradía del Santo Entierro; ambos de Bercianos. Ya en su ancianidad su gran debilidad fueron sus seis nietos: Javier, Víctor, Sonia, Laura, Sara y Alberto, sus nietas políticas Jenifer y María, junto a sus tres bisnietos, Alejandro, Mónica y Luca.
Su carácter sencillo y bondadoso le convirtieron en una de las personas más queridas de pueblo ribereño del río Aliste
La tía Justa Gallego Baz vivió siempre en su pueblo de origen donde todas las familias de la época tuvieron como único medio de subsistencia la agricultura y la ganadería, trabajando duro, sí, sin descanso, con sacrificio, pero viviendo con dignidad y nunca pasando hambre, aunque no faltaron las penurias como en todas las familias alistanas de aquellos tiempos.
Heredó ella sus profundas creencias y raíces religiosas de sus padres José y Lucía y de los tíos de Valer Sebastián y Paula, así como la humildad, la humanidad, la bondad y la sencillez que le llevaron a ser una de las personas más queridas de Bercianos. Era Justa, alma y corazón.
La cara es el espejo del alma y Justa siempre iba acompañada de su inmensa y cautivadora sonrisa inspirando confianza y bondad en su esencia más pura, esos dos valores que le acompañaron durante sus 93 años de vida, llevándole a ser una mujer que supo cultivar la honradez y cosechar la armonía, la convivencia y la hermandad. Fue en vida y siempre lo será en nuestras memorias muy buena gente, de esas personas que te pregunta por la salud y espera a recibir la respuesta.
Llevaba ella grabada a fuego en la sangre y en el corazón la Pasión de Cristo, esa que en Bercianos no se representa, porque se vive. Y allí estaba ella, cada tarde de Viernes Santo con su riguroso luto de mantón y pañuelo negros convertida en una de las «Tres Marías» que cada Semana Santa acompañó a María la de Nazaret, la Virgen Dolorosa, a la espera de que Nicodemo y José de Arimatea le entregasen el cuerpo de su fenecido hijo tras ser crucificado.
Hija del tío José y la tía Lucia llegados de Valer, se casó con David y tuvieron tres hijas Juana, Pilar y Lucía que le dieron seis nietos y tres bisnietos
Cuantas veces sus lágrimas, tan sentidas y como sinceras, regaron sus mejillas mientras junto a sus vecinas entonaban sumidas en el dolor y la consternación las «Cinco Llagas» en el Calvario, del Gólgota de Aliste, frente a las Tres Cruces de Cristo, Dimas y Gestas: «Cuando pasas mírame / y contempla bien mis llagas, / mírame como me pagas / la sangre que derramé. / Cuando pasas pensarás / que a Cristo estás azotando / y que te dice llorando / hijo no me azotes más».
Cuantas veces de su garganta salieron las estrofas del sobrecogedor miserere alistano acompañando al nieto de San Joaquín y Santa Ana en su último viaje, allá por la «fuente del Cura», en un estremecedor cortejo fúnebre llorando a Jesús como uno más de Bercianos.
Nadie como Justa se tiene más ganado el cielo y allí estará hoy ella junto a su hermano Juan, junto altTío José y la tía Lucia, junto a su amado David, junto a sus tíos Paula, Sebastián, Germanito y Asunción, y a su prima Justa y su primo Germán, siguiendo desde las alturas la Pasión de Cristo en Bercianos.
Este año en Jueves Santo y en Viernes Santo las procesiones de La Carrera y del Santo Entierro estarán impregnadas por el recuerdo, el alma y el corazón de quien tanto nos dio y nos quiso, a quien tanto quisimos y siempre querremos, nuestra amada, admirada, respetada y siempre eterna presente en nuestra memoria y en nuestros corazones Justa Gallego Baz.















