Nos llevó a La Palma cuando la isla no se había recuperado aun del horrible desastre que por un tiempo cerró la vida y la escuela en un territorio devastado sobre el que pesaba entonces la imperiosa reconstrucción. Y se ha muerto Dania. Yo no lo quiero creer. Era una luz, que alumbró todas las islas, y que a mi me llevó a La Palma cuando la isla bonita estaba aun bajo la tristeza del volcán roto.
Para que fuera eficaz esa pasión suya por La Palma, y por todas las islas, Dania hizo de su idea una iniciativa eficaz, emocionante, una prueba de fuego a favor de lo que ella quería: contribuir a hacer de la isla, otra vez, un sitio bendecido por el entusiasmo por aprender también en medio del país devastado.
Dania era la creadora de músicas nacionales e internacionales, nadie tenía un curriculum más más generoso que ella, nadie en las islas (y fuera de ellas) estaba tan dotado como Dania para organizar de la nada el mundo entero. Grande o pequeño todo le importaba.
No miraba al curriculum sino a la historia, al futuro de lo que estaba haciendo, junto con su hijo, con los más próximos y con aquellos que iban siendo sus amigos o sus colaboradores. No tenía horarios, regalaba su tiempo. Todo lo que hizo para hacer de la música un enorme trabajo que convirtió Canarias (y no tan solo) en capital mundial de los festivales, de los documentales (el de Lola Massieu fue un gran ejemplo)…
Con su hijo Sergio Miró puso en marca una luz en las islas: la serie El mundo que viene, que era su mirada (y la de Sergio) a lo que había de venir, y está viniendo… Hizo posible el teatro internacional aquí y afuera, y lloró con todos por La Palma, que es donde mejor la conocí, junto con mi mujer, Pilar García Padilla, periodista también.
A Dania se le ocurrió que juntáramos a quienes pudieran devolver, con eficacia, con alegría, la pasión por el porvenir de la isla bonita. Mucha gente, de todas partes, ayudó a que La Palma tuviera otra vez la pasión de seguir. Nuestra contribución tendría que ser, nos dijo Dania, la de buscar en lo mejor del pasado, la educación, las escuelas, el deseo palmero por celebrar la cultura, para hacer que el pasado y el futuro se juntaran.
Ella tenía a mano la televisión, esa escuela mayor del archipiélago y del mundo. Se le ocurrió, pues, que habría que hacer para juntar maestros y maestras, profesionales dispuestos a ganar tiempo hasta atraer a la isla el entusiasmo de seguir.
Ella era una especialista noble en la tarea de combinar eficacia e ideas, y ahí me vi, cumpliendo con ella las órdenes que me diera. El resultado fue una serie de televisión (de la Televisión Canaria) en la que intervinieron notables isleños que parecían llegar a La Palma, para animar a la isla como si se fueran a quedar para siempre rindiendo ante la isla la pasión que Dania regaló con una alegría que parecía su abrazo.
Era el abrazo de la pasión, de la eficacia y de la música.
Ella era la música, ahora nos falta.
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