Sadakat se ha llevado a su nieto al campo para enseñarle a disparar una escopeta para cazar pájaros. Cuando Alya se ha enterado, se le ha parado el corazón y ha salido corriendo hacia ellos para quitarle el arma al niño. «¡Deja al niño en paz!», le ha gritado a su suegra, fuera de sí al ver que su hijo tan pequeño tenía una escopeta en las manos.
Pero Sadakat no ha dado ni un paso atrás. Le ha dicho a Alya que ella no tiene nada que decir en la educación de un Albora. Le ha dejado claro que a ese niño hay que criarlo con mano dura, igual que hizo ella con sus propios hijos, gritándole que o acepta las normas de esa casa o puede hacer las maletas y marcharse en ese mismo momento. Alya, muy firme, le ha respondido que de allí no se va a mover si no es con su hijo de la mano.
En medio del enfrentamiento ha aparecido Cihan y se ha quedado helado al ver lo que estaba pasando. Aunque Sadakat ha intentado justificarse diciendo que el niño había querido acompañarla, esta vez su hijo no le ha dado la razón: «No vuelvas a traer al niño de caza».
La matriarca le ha recordado a Cihan que él también empezó a disparar siendo muy pequeño y que gracias a eso se convirtió en el hombre fuerte que es hoy. Pero Cihan no quiere que el niño crezca rodeado de violencia y ha dejado claro que no va a permitir que siga ese mismo camino.













