Durante años, la consulta masculina en medicina estética fue casi un gesto de ‘segunda mano’: hombres que llegaban empujados por su pareja, con cierta prevención y la sensación de estar entrando en un territorio ajeno. Eso, según la doctora Beatriz Beltrán, ya ha cambiado. «Últimamente se dan cuenta de que esto también empieza a ser una herramienta básica para su vida», explica. En su clínica del paseo de Gràcia de Barcelona ve sobre todo a hombres a partir de los 40 que no buscan «ni ser más guapos ni más jóvenes», sino corregir ese desgaste que endurece el rostro y apaga la expresión. «Lo que quieren es suavizar esos rasgos que cambian la expresión facial», resume.
El objetivo, insiste, no pasa por transformar ni por borrar la identidad. «Mis pacientes buscan que la gente les vea mejor cara, aspecto de descansado, más fresco. Como que han dormido bien, o que han vuelto de vacaciones -describe-. La buena noticia es que la nueva medicina estética masculina va justamente por ahí: tratamientos discretos, poco invasivos, sin baja social y con resultados que no gritan, pero sí afinan».
En ese giro hacia una estética más global encaja también uno de los avances que ha incorporado recientemente en su consulta: se llama ExoMind, una terapia de estimulación cerebral no invasiva que, según explica la doctora, solo está disponible en su clínica, dentro del ámbito estético, y en el Hospital Clínic de Barcelona, dentro del ámbito hospitalario. «La nueva medicina estética no solo actúa en el exterior, porque hoy sabemos que la auténtica transformación comienza en el interior», sostiene Beltrán. Muchos pacientes, dice, llegan con estrés, mal descanso, ansiedad o hábitos desordenados que terminan reflejándose en la piel y en el rostro. Por eso, defiende una idea que atraviesa toda la conversación: «La medicina del futuro es trabajar holísticamente, no solo el verse mejor, sino también sentirse mejor».
Hoy en día, los hombres ya representan entre «un 25% y hasta 30%» del total de pacientes que acuden a su clínica, y estos son los 5 tratamientos que más solicitan:
El ‘brótox’ (como se conoce al bótox masculino) sigue siendo el tratamiento estrella en estética masculina, aunque Beltrán matiza enseguida que no existe una toxina distinta para ellos: «No hay una toxina diferente, es la misma toxina, pero sí que son dosis diferentes y lugares diferentes de aplicación». La doctora explica que la musculatura facial masculina es más potente, la piel más gruesa y los gestos suelen estar más marcados. Por eso, no se pincha igual que en una mujer. «Un hombre no quiere unas cejas más levantadas. Las quiere más rectas», señala. Y añade una frase que resume bien el espíritu del tratamiento: «No hay que dejarlos totalmente planchados».
La finalidad del ‘brótox’ no es borrar toda huella de expresión, sino relajar el entrecejo, suavizar las arrugas que endurecen el gesto y prevenir que sigan profundizándose. «Es un tratamiento básico», dice Beltrán. «No solo va a corregir esas arrugas, sino que va a prevenir que esto se nos vaya marcando». En consulta, además, suele ser una primera toma de contacto perfecta: una sola sesión, revisión a las dos semanas y un resultado que refresca sin delatarse. «Muchos pacientes quieren verse mejor sin que nadie sepa qué se han hecho», constata.
La mandíbula de diamante se ha convertido en una de las grandes obsesiones del momento. O, mejor dicho, en una de las demandas más claras de los hombres que buscan reforzar rasgos sin pasar por quirófano. «Muchos hombres vienen a masculinizar un poquito más sus rasgos», cuenta Beltrán. Y sí, una mandíbula más cuadrada sigue funcionando en el imaginario colectivo como ideal de belleza. «Se ha visto que los hombres más atractivos son hombres con mandíbulas más cuadradas».
La doctora huye, sin embargo, del resultado caricaturesco. Lo suyo no es fabricar mandíbulas en serie, sino trabajar la armonía del conjunto. Para ello, combina ácido hialurónico, estimuladores de colágeno y tecnologías no invasivas que mejoran la flacidez y tensan la piel. «Yo tengo una caja de herramientas -explica-, y voy eligiendo qué utilizar según el paciente, la estructura facial y el resultado que busca».
En la conversación insiste varias veces en la misma idea: no todo el mundo necesita lo mismo ni todo el mundo es candidato a todo. «No es hacer por hacerse», advierte. También aquí el miedo a perder naturalidad planea sobre la consulta. Por eso, ella defiende corregir con medida y ver a largo plazo: «No solo hay que pensar en este momento, sino en qué repercusión ese tratamiento va a tener en el futuro».
A partir de cierta edad, el rostro importa, pero la tripa también. Beltrán lo cuenta con una imagen muy reconocible: «A partir de los 40 empiezan los cambios corporales, que es la barriguita». Y ahí aparece otra de las grandes demandas actuales: la definición corporal masculina, sobre todo en abdomen y flancos.
Lo interesante es que no habla de pacientes sedentarios, sino muchas veces de hombres que ya entrenan y comen razonablemente bien, pero se topan con zonas rebeldes. «Hay un punto que, aunque hagan mucho ejercicio y mucha dieta, no pueden eliminar, porque eso es grasa localizada». Para esos casos, la clínica trabaja con criolipólisis médica, que elimina grasa subcutánea mediante frío, y con tecnologías de electroestimulación muscular de alta intensidad. «Es para grasa localizada de gente que hace ejercicio, que se cuida, que quiere estar mejor, pero que eso no lo consigue eliminar». La clave vuelve a ser la misma que en el rostro: resultados progresivos, vida normal y cero quirófano.
Hubo un tiempo en que la consulta masculina giraba casi solo en torno a las arrugas. Ahora cada vez más hombres preguntan también por la calidad de la piel. Por el poro, la textura, el tono apagado, las cicatrices antiguas. Y, en especial, por las marcas de acné, una preocupación que sigue muy presente. «El acné es mucho más severo en los hombres», explica Beltrán, y por eso también suelen quedar más cicatrices.
La doctora no vende milagros: «Yo siempre digo que las cicatrices son cicatrices y que no tenemos una goma de borrar». Pero sí subraya que hoy existen protocolos eficaces y mucho más compatibles con la rutina diaria de los pacientes. En su clínica combina microneedling médico, distintos tipos de láseres y otros tratamientos que estimulan colágeno y mejoran la textura de forma progresiva.
«El hombre quiere tratamientos efectivos, pero menos invasivos, que no le impidan hacer su vida normal», afirma. Y esa demanda ha empujado el desarrollo de técnicas cada vez más afinadas: «Hoy en día tenemos láseres fraccionados no invasivos que nos permiten que el paciente salga de la clínica rojo, pero que al día siguiente haga vida normal».
La zona de los ojos es una de las primeras en delatar el cansancio, el estrés y el paso del tiempo. También en ellos. «Lo que más les preocupa son las arrugas de expresión, las patas de gallo, las ojeras marcadas», explica la doctora. Y, en muchos casos, también ese exceso de piel del párpado que da al rostro un aire agotado o triste.
Aquí el tratamiento no suele ser uno solo, sino una combinación medida de técnicas. Beltrán habla de toxina botulínica para prevenir que las arrugas se marquen más, ácido hialurónico cuando la ojera está hundida, láseres, radiofrecuencia y ultrasonidos para tensar la piel del párpado y elevar ligeramente la zona cuando todavía no hay indicación quirúrgica. «En hombres, el objetivo es devolver frescura a la mirada sin feminizar los rasgos ni alterar la expresión», resume. La clave está en refrescar la zona ocular sin que el resultado se note como un retoque: «mejor cara, menos fatiga y la misma expresión de siempre», remata Beltrán.
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