El rendimiento de los bonos del Estado británico a 10 años, conocidos como gilts, se ha disparado este viernes hasta el 5%, su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008. Y todo ello, a medida que se recrudece el conflicto en Oriente Próximo.
Este mercado se ha visto particularmente afectado por el temor a un repunte de la inflación por el alza del precio del petróleo y el gas derivado de la guerra entre Estados Unidos e Irán (y el cierre de facto del estrecho de Ormuz), en parte debido a su dependencia de la energía importada.
De hecho, este jueves el Banco de Inglaterra (BoE) decidía por unanimidad -a diferencia de las últimas reuniones- mantener los tipos de interés en el 3,75%. El organismo británico también avisaba de que, como consecuencia de la guerra, la inflación «será mayor a corto plazo». Así, «mantener el tipo de interés oficial en esta reunión es apropiado», señalaba su gobernador, Andrew Bailey.
«El conflicto en Oriente Medio ha provocado un aumento significativo de los precios mundiales de la energía y otras materias primas, lo que repercutirá en el consumo de combustible y los servicios públicos de los hogares y tendrá efectos indirectos a través de los costes empresariales. Previamente, se había producido una desinflación continua de los precios y salarios internos. La inflación será mayor a corto plazo como consecuencia de este nuevo impacto en la economía».
En este sentido, la fuerte dependencia de Gran Bretaña del gas natural importado y una inflación obstinadamente alta han provocado una caída mucho mayor en sus bonos del Estado que la observada entre otros referentes internacionales.
«El movimiento ha sido más agresivo en los plazos cortos, lo que refleja la incertidumbre en torno a la política, pero los rendimientos a más largo plazo también están subiendo, ya que los inversores exigen una mayor compensación por la inflación y el riesgo fiscal», ha dicho Lale Akoner, analista de mercados globales de eToro a ‘Reuters’.
«El Reino Unido sigue estando especialmente expuesto dada su sensibilidad a los precios de la energía y unas finanzas públicas ya al límite, lo que se suma a la presión al alza sobre los costos de financiación», ha concluido.
















