Amanda continúa trabajando en sus sesiones para mejorar su trastorno obsesivo compulsivo y los progresos que está haciendo son notables. En una de las dinámicas con su psicóloga, logra mantener el contacto físico durante ocho segundos: “Es un avance enorme… estás dejando de controlarlo todo y eso es fantástico”, le señala su terapeuta.
La psicóloga decide profundizar en el origen del trastorno: “¿Qué pasó el día que se desencadenó tu TOC?”
Amanda recuerda el momento que marcó un antes y un después en su vida: “Me lancé encima de una jueza, la misma que ahora tiene que juzgar a mi hermana. Llevaba el caso más importante de mi bufete… mucho estrés, responsabilidad… perdí el caso… perdí también al bebé que esperaba y mi matrimonio”, relata.
La sesión se vuelve aún más importante cuando la terapeuta le pregunta cómo se siente respecto a la pérdida de su hijo: “Tal vez lo podría haber evitado si hubiese pensado que éramos dos”, se sincera.














