El consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves mantener los tipos de interés oficiales de la zona euro en el 2%, el nivel en que llevan anclados desde junio del año pasado. La decisión estaba más que descontada por el mercado y por sí misma no despeja la gran duda que pende sobre la autoridad monetaria: qué va a hacer en los próximos meses ante el fuerte encarecimiento de los precios energéticos provocado por los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. Los analistas, así, están más pendientes de los mensajes que lanzará su presidenta, Christine Lagarde, en la rueda de prensa en que comentará la decisión.
«La guerra en Oriente Próximo ha creado riesgos al alza para la inflación y a la baja para el crecimiento económico, que hacen que las perspectivas sean mucho más inciertas. La guerra tendrá un impacto importante en la inflación a corto plazo debido al encarecimiento de los precios de la energía. Sus implicaciones a medio plazo dependerán tanto de la intensidad y la duración del conflicto, como del modo en que los precios de la energía afecten a los precios de consumo y a la economía», ha apuntado el organismo en un comunicado.
El escenario para la política monetaria ha cambiado de forma radical en un muy corto periodo de tiempo. Durante meses y hasta hace unas semanas, la discusión entre los analistas, alimentada por los mensajes contradictorios de distintos miembros del consejo de gobierno del BCE, se centraba en si en 2026 todavía se aprobaría una última bajada de tipos de 0,25 puntos porcentuales o si el precio del dinero en la zona euro se mantendría sin cambios.
A raíz del impacto de la guerra en Irán en los precios petrolíferos, el mercado descuenta ahora una o dos alzas de tipos este ejercicio para evitar que la inflación se descontrole a causa de la energía. Los tipos del mercado ya han empezado a recoger y anticipar esa estimación: el dato diario del euríbor a 12 meses, por ejemplo, ha subido del 2,222% al 2,528%.
La autoridad monetaria del euro tiene por delante una compleja labor para acertar en su política y no quedarse corta o sobrerreaccionar. Por un lado, el impacto real del ‘shock’ energético dependerá de lo que dure el conflicto bélico y de sus implicaciones en el crudo, algo hoy por hoy impredecible. Pero por otro, la institución tiene que evitar tardar excesivamente en reaccionar, como sucedió en 2021 y 2022 a raíz de la salida de la pandemia y de la invasión rusa de Ucrania, cuyos efectos sobre la inflación los bancos centrales juzgaron equivocadamente como transitorios en un primer momento.
Adiós a la buena posición
En las últimas reuniones sobre tipos del consejo de gobierno, previas al conflicto en Irán, Lagarde había insistido en que el BCE estaba en una «buena posición» para lograr su objetivo de que la inflación en la zona euro se sitúe de forma estable en el 2% a medio plazo. Con la inflación bajo control y la economía dando muestras de resiliencia pese a las incertidumbres globales, la autoridad monetaria podía permitirse instalarse en el modo ‘esperar y ver’. Ahora ello es mucho más difícil.
El IPC de la unión monetaria, así, se situó en febrero en el 1,9%, algo por encima del 1,7% de enero pero en línea con el objetivo. Eso sí, su buen comportamiento se debía en buena medida precisamente a la caída de los precios energéticos (-3,1%). Que los costes energéticos hayan empezado a crecer, por tanto, constituye un elemento de presión para el nivel general de precios y, por tanto, para la autoridad monetaria. En sentido contrario, las consecuencias del conflicto en Irán restarán previsiblemente crecimiento económico, lo que de por sí tiende a reducir la inflación, aunque probablemente no lo suficiente para neutralizar el efecto de un ‘shock’ de precios energéticos.
Una de las novedades de la reunión será la revisión trimestral de las previsiones macroeconómicas, aunque es probable que todavía no recojan los impactos del conflicto de Irán. En diciembre, los expertos del BCE estimaron que la inflación se situaría de media en el 2,1% en 2025, el 1,9% en 20216, el 1,8% en 2027 y el 2% en 2028. La subyacente -la que excluye los más volátiles precios de la energía y los alimentos- la calcularon en el 2,4% en 2025, el 2,2% en 2026, el 1,9% en 2027 y el 2% en 2028. En cuanto al PIB, lo estimaron en el 1,4% en 2025, el 1,2% en 2026 y el 1,4% en 2027 y 2028.
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