Puede que, de todos los asistentes este miércoles al ejercicio BACSI del Ejército del Aire, el que llevaba un atuendo más llamativo fuera el treintañero que hablaba con la gente tocado con un extraño conglomerado de ventosas azules y cables negros en el cráneo. No es moda, sino tecnología; más concretamente neurotecnología.
El treintañero se llama Álvaro Travesedo y es un técnico de Indra especializado en Human Factors. Su trabajo entra en el campo de la ergonomía, pues tiene que ver, por ejemplo, con la comodidad y rapidez con que un piloto de caza puede apretar una palanca en la estrechez de su cabina. Pero este experto llegado del mundo de diseño de videojuegos lo traduce con una expresión más modesta: “La experiencia de usuario”. Solo que esa experiencia implica incursiones en distópicas innovaciones de la tecnología, como el casco que llevaba puesto este miércoles.
Indra está investigando para el Ejército del Aire en un casco que capte ondas cerebrales del piloto. Se trata de que, en un entorno muy exigente, como puede ser una batalla, sus compañeros en el aire y en la base sepan cómo está de cansado, cómo de estresado y cómo de atento. A algunas de estas variables las llaman los ingenieros y neurotecnólogos “carga cognitiva”, y su mera exposición parece una cosa de película de ciencia ficción.
Defensa antidrón
El neurocasco para pilotos es una de las innovaciones que la compañía tecnológica española ha llevado al ejercicio-muestra BACSI, o Base Aérea Conectada, Sostenible e Inteligente, el proyecto con el que el Ejército del Aire se reinventa de cara al futuro, y que reúne propuestas de numerosas firmas del sector de la defensa y la tecnología dual.
Este miércoles, en la base aérea de Los Llanos, en Albacete, sede del Ala 14, unidad de cazas Eurofighter clave en la defensa aérea española, Indra ha mostrado sus soluciones para la conectividad de la base aérea, la operativa del piloto, la nube de combate que interconecta cazas y otras plataformas y sistemas de armas, o los sensores del sistema CROW de combate antidrón.
Un puesto de mando y control dispuesto en un hangar de la base se mostraba apto para combinar los datos del sistema civil de control del tráfico aéreo de ENAIRE con los de sensores específicos del CROW. En la pantalla, todo el tráfico tripulado y no tripulado de un determinado entorno aéreo, con la posibilidad de distinguir qué está volando con permiso y qué no, y actuar en consecuencia.
Nube de combate
Indra ha mostrado a los militares y civiles implicados en BACSI su nube de combate NIMBUS, de la que ya hizo una prueba en la base de pruebas que la compañía tiene en Lugo.
Nimbus es un entorno de colaboración entre sensores, plataformas, software y seres humanos. La integración de toda la información se muestra en un mapa asequible, y facilita la toma de decisiones por parte del comandante de la defensa aérea de una determinada zona o un determinado activo, escenario u objetivo en una crisis bélica.
Para todo ello es necesaria una expresión futurista de la conectividad. Y es singularmente necesaria esa capacidad en una necesidad específica: el reporte de daños. Con una conectividad específica 5G en la que trabaja la compañía, una aeronave que opera en un escenario de lo que los militares llaman “alta intensidad”, o sea, en un choque armado, puede reportar a la base con qué averías y problemas está regresando. De esa manera, se acelera su reparación y puesta de nuevo en servicio.
Asesores remotos
La misma conexión 5G, combinada con satélites, permite la activación logística de la base aérea, para que estén preparados los repuestos y piezas necesarias para otro concepto de la jerga de los militares: el “sostenimiento eficiente”.
Puede darse el caso de que esa aeronave que regresa dañada a su base sea parte de un despliegue remoto del Ejército del Aire y del Espacio. Quizá en el Báltico, o quizá en África, lugares en los que vuelan aviones militares españoles.
Una de las soluciones que ha mostrado Indra en el ejercicio BACSI propone que proyectar una fuerza aérea a miles de kilómetros del país no necesariamente implique enviar allí a un nutrido y completo equipo de técnicos de asistencia, personal que no abunda. El mecánico desplegado con el escalón de asistencia a los cazas o aviones de transporte enviados fuera podrá usar unas gafas también distópicas.
Los ingenieros de Indra las llaman “de realidad mixta”, o “gafas holográficas”. La clave es la transmisión de vídeo en tiempo real. O sea, que un experto a miles de kilómetros vea por los ojos del mecánico que le está consultando. Algo así como la telecirugía, pero aplicada a la guerra, o más bien, matiza un ejecutivo de la compañía asomado al simulador de vuelo, “del mantenimiento de la paz”.
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