En su penúltima reunión al frente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell ha tomado la decisión de esperar. El máximo organismo supervisor de la política monetaria estadounidense ha tomado la decisión de mantener los tipos de interés intactos en 3,75%, pese a la incertidumbre geopolítica que se cierne sobre el mundo.
El conflicto entre Estados Unidos e Israel sobre Irán, que acumula ya casi veinte días de duración, ha llevado al alza el precio del petróleo, el gas y el combustible. Dichos aumentos amenazan con repercutir en la inflación, pero la Fed ha decidido no actuar por el momento, esperando a que se determine la duración del conflicto.
Esta reunión es ya la tercera consecutiva en la que los 12 gobernadores del Comité Federal del Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) se deciden a mantener los tipos intactos. La última vez que se decidieron por un cambio fue el pasado 10 de diciembre, cuando el colectivo presidido por Powell adoptó la resolución de recortar un cuarto de punto los tipos de interés. Aquella fue la tercera bajada consecutiva, tras las de septiembre y octubre.
Tal y como relató EL PERIÓDICO aquel día, tras la decisión de la Fed, que funciona con un doble mandato de mantener la inflación alrededor del 2% y promover el máximo empleo, latía la opinón de la mayor parte del organismo —tres gobernadores votaron en contra— de que era más importante en aquel momento apoyar un mercado laboral renqueante que combatir el alza de los precios.
La doble misión, en peligro
¿Y qué camino queda por delante para el banco central? El repentino estallido bélico en Oriente Próximo ha puesto en jaque a la doble misión de la Fed: estabilizar los precios y asegurar el empleo. En los bancos centrales, desde Fráncfort a Londres o Washington, el alza de la inflación plantea la amenaza más decisiva para la política monetaria. Más allá de los precios, si el petróleo sigue cotizando a las alturas que ha tocado en estas últimas semanas, también podría arrastrar a la baja el crecimiento económico y el mercado laboral, que ya se encuentra en un punto delicado en Estados Unidos.
Pese a la ola de inestabilidad que sacude al mundo, los analistas coincidían en los últimos días en pronosticar paciencia en la sede de los bancos centrales. Marco Giordano, director de inversión de Wellington Management, consideraba «probable» que las instituciones fueran prudentes a la hora de responder «a este posible choque de crecimiento e inflación debido al conflicto en Oriente Medio».
Gordon Shannon, gestor de carteras de TwentyFour Asset Management, se mostraba seguro de que la Fed no recortaría los tipos. «Antes de lo ocurrido en Irán, el Comité ya estaba lanzando señales de endurecimiento. Dado que se consideraba que el mercado laboral se estaba estabilizando y no deteriorando, querían ver pruebas claras de una reanudación de la desinflación antes de relajar su política monetaria. Ahora se encuentran paralizados, atrapados en una encrucijada estanflacionaria, ya que el aumento del precio del petróleo amenaza a la inflación y al crecimiento», destaca.
Además, ha subrayado que las expectativas de recortes en los tipos de interés han sido pulverizadas tras el estallido de la guerra. «El problema de la inflación, que antes se esperaba que se materializara en un plazo de dos años, se ha adelantado al presente y no parece que vaya a remitir», ha concluido.
Warsh toma las riendas
Precisamente la circunstancia que señala el analista marcará el futuro de la Fed. El sucesor de Powell, Kevin Warsh, que tomará el mando el 15 de mayo, cuando acaba el mandato del actual gobernador, fue nominado por Trump para que bajase los tipos de interés. El presidente ha criticado en innumerables ocasiones a Powell por su negativa a tomar esta decisión, alegando que el inmovilismo de la Fed le estaban costando miles de millones a EEUU.
Sin embargo, las ideas de Warsh personifican la idea de «halcón» en la política monetaria: alguien cuya prioridad principal es mantener la inflación baja a la hora de establecer la política monetaria. La mayor parte de las veces esto implica elevar los tipos de interés, por lo que Warsh se enfrentará a una encrucijada: contrariar a Trump y hacer honor a su labor manteniendo a raya los precios, ante la amenaza que supone el conflicto de Irán; o bien iniciar una senda bajista, tal y como desea el presidente que lo nominó.
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