La tensión se palpaba en el ambiente en casa de Fidan. Con Cihan, Sahin, Kaya, Zerrin y Nare presentes, el pasado ha vuelto para cobrarse sus deudas. Sahin, harto de las humillaciones de la matriarca, ha dicho la verdad que su padre le contó en la cárcel: “¿No eras una sirvienta? Intentaste seducir a mi padre y, al fallar, usaste a mi tío para vengarte”.
Cihan y sus hermanos no daban crédito a lo que estaban escuchando. Pero Sadakat, lejos de esconderse, se ha crecido ante el ataque. Ha reconocido sus orígenes pero ha dejado claro quién manda ahora. Ha despreciado a Ecmel llamándolo «demonio» y «desgraciado» por haber engañado a una niña de 17 años, justificando que su matrimonio con el padre de sus hijos fue una bendición que la salvó.
La matriarca ha puesto fin a la discusión con una frase que ya es mítica: “Sí, fui la sirvienta Sadakat. Pero ahora soy Sadakat Albora, la viuda del jefe y madre de Cihan”. En un alarde de poder, ha hecho una advertencia que ha dejado a todos temblando: “El que se cruce en mi camino, muere”.
La guerra ya no tiene reglas. Sahin ha desafiado a la leona en su propia cara y la familia está rota por la mitad. ¿Podrán los hijos de Sadakat seguir mirándola a los ojos después de saber que su imperio se construyó sobre una venganza?













