En el contexto del rechazo absoluto del Estatuto Marco del Gobierno de Sánchez, por parte del Foro de la profesión Médica y de todos los sindicatos médicos nacionales y que se ha escenificado en forma de huelgas médicas nacionales (con gran impacto asistencial), tras 31 años de no haber sido convocada ninguna. En el contexto del estudio IKERBURN, de la Organización Médica Colegial (OMC), presentado recientemente en el Senado, que apunta donde más duele al SNS, en el relevo generacional, ya que más de la mitad de los médicos jóvenes de nuestro país presentan un cuadro completo de burnout, con agotamiento emocional, despersonalización y baja realización personal y donde se remarca que es un problema estructural que pone en riesgo la salud de los profesionales, la seguridad de los pacientes y la sostenibilidad del sistema sanitario, de nuevo el Gobierno pone en circulación, desde su carpa central y autonómicas, su tópico mantra descalificador, en el que se señala que somos unos privilegiados ya que algunos médicos cobran un sueldo de 100.000 euros.
Cualquier conocedor, máxime si has ocupado algún cargo importante en la sanidad autonómica, sabe que los médicos no alcanzan esas cifras por su salario base, sino por la acumulación de guardias, noches y festivos que cubren déficits estructurales de plantilla. Si hay médicos que superan los 100.000 euros, la pregunta no es cuánto cobran, sino por qué el sistema necesita que hagan tantas guardias para sostener la asistencia. Señalar perversamente al médico no soluciona el problema: contratar y fidelizar profesionales, sí.
Por otra parte, normalizar agendas basadas en guardias estructurales no es solo un problema laboral, es también un problema de seguridad del paciente. Los sistemas sanitarios más sólidos reducen la sobrecarga médica reforzando plantillas, no cuestionando a quienes sostienen el sistema.
A ver, lo voy a volver a decir, señores del Gobierno y demás políticos: los médicos no llegan a 100.000 euros por su jornada ordinaria; llegan porque faltan médicos y sobran guardias estructurales. Céntrense en la planificación, no en la estigmatización del colectivo.
Lo relevante no son los 100.000, sino qué carga de trabajo hay detrás. Cuando los gestores y los políticos de la sanidad pública obligan a que sus médicos acumulen guardias para funcionar, se están retratando: es un problema de planificación de recursos humanos. ¿Y quién planifica?
La mayoría de los médicos que superan 100.000 euros lo hacen a costa de guardias, noches y festivos estructurales. El salario base médico en España está entre los más bajos de Europa occidental (unos 1.300 euros cuando eres MIR y cuando te jubilas) y gran parte del ingreso adicional proviene de guardias obligatorias, prolongaciones de jornada y cobertura de déficits de plantilla.
Por tanto, señores del Gobierno central, si quieren médicos que cobren menos de 100.000 euros, contraten más médicos para que no tengan que vivir de guardias.
No negamos que existan sueldos altos puntuales, porque sí que hay médicos muy cargados de guardias, pero pagan un gran coste: no concilian con su vida familiar, viven prácticamente en el hospital y tienen un alto riesgo de burnout y de patología mental.
Y para no confundir a los ciudadanos de nuestra comunidad, un adjunto puede igualar o superar el sueldo bruto de una diputada, pero normalmente lo hace a costa de guardias de 24 horas, alto nivel de responsabilidad clínica y legal y una sobrecarga asistencial que no se refleja cuando solo se compara el salario anual.
Si queremos retribuciones más racionales, la prioridad no es señalar al médico, sino reforzar plantillas y reformar el Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud.
Capisci?
Ah, y cuando quieran hablamos del sueldo de los MIR, los esclavos sanitarios del siglo XXI.












