Bil tuvo que derribar la puerta varias veces para poder entrar. No solo hay techos de cristal. Cuando por fin estaba destrozada y astillada en el suelo, Antonio Hidalgo reparó en que ninguno de los tres delanteros del primer equipo le ofrece más que el camerunés. Tiene la mente despejada, más recursos y unas cualidades que le dan salida, opciones, a un equipo chato en ataque. Es probable que si el dorsal de Nsongo no mostrase un número más allá del 25, ya habría llevado un par de semanas entre los elegidos para salir de inicio. No deja de ser un peaje lógico para los jóvenes que irrumpen desde el Fabril, pero hasta cierto punto. Hace tiempo que ese puesto tenía que haber sido suyo. Ser un club de cantera es mimarlos e invertir, pero también atreverse, que del primer al último de Abegondo sepan que esa es la brújula. Si no es así, todo lo anterior no vale de nada. No puede haber vacilaciones.
Para él
Si ya tardó en llegar su titularidad, su partido en Ceuta no hizo más que desnudar la decisión y darle las llaves del puesto. Dio salida con pelota, marcó la que debía acertar. Una muy parecida falló Stoichkov unos minutos después. Sin artificios, le dio oxígeno a un equipo ahogado por su fútbol raquítico durante muchas semanas, al que le faltaba aún más el aire porque cada vez que la pelota llegaba al área, aquello era un solar. En el Alfonso Murube no lo fue, en gran medida, gracias al camerunés. El Deportivo tiene, por fin, un delantero.















