Hace unos años, el fotógrafo Julián Barón y quien firma estas líneas iniciamos un proyecto documental —tan ambicioso como inconcluso— para rastrear la huella de quienes habían fotografiado la provincia de Castellón desde dentro y desde fuera. Queríamos entender cómo se había construido el imaginario visual de sus fiestas, sus gestos colectivos y sus tradiciones. Durante ese proceso entrevistamos a autores diversos, preguntándoles no solo qué fotografiaban, sino por qué lo hacían. Entre ellos apareció un nombre inesperado: Vicente Flors.
La sorpresa entonces fue descubrir al fotógrafo detrás del conocido propietario de Bodega Flors. La sorpresa ahora es mayor: la galería Espai Nivi rescata su legado y lo revela —nunca mejor dicho— al público en la exposición De lo popular y lo sagrado. La mirada de Vicente Flors, un proyecto que convierte un archivo olvidado en una pieza esencial de la memoria cultural castellonense.
Un maletín, unos negativos y una memoria recuperada
La muestra, comisariada por artarc (Ana D. Prades y Rafael Belda), nace del hallazgo fortuito de un conjunto de negativos conservados durante décadas en un viejo maletín. En ellos, Flors documentó durante los años 80 romerías, procesiones, peregrinaciones y celebraciones populares de la provincia de Castellón.
El hallazgo fortuito de un conjunto de negativos de Vicente Flors es el origen de esta exposición en Espai Nivi. / MEDITERRÁNEO
No se trata únicamente de un ejercicio documental. Las imágenes revelan una sociedad rural en transición, situada entre la persistencia del rito y la llegada silenciosa de la modernidad. En ese espacio intermedio aparece la verdadera fuerza del archivo: la capacidad de convertir lo cotidiano en símbolo.
Las series dedicadas a Romerías, Pasión, Peregrins o Sant Antoni reconstruyen una geografía emocional más que territorial. De hecho, la exposición evita señalar lugares concretos, transformando Castellón en un escenario simbólico donde tradición e identidad se funden en una experiencia colectiva reconocible.
Entre la crónica y la contemplación
Gran admirador de Colita y cercano a la sensibilidad documental de Cristina García Rodero o Koldo Chamorro, Vicente Flors desarrolló una mirada propia que oscila entre la observación antropológica y la intuición poética.

Las instantáneas de festejos tradicionales como las santantonadas conforman una de las partes principales de la muestra. / Vicente Flors
Sus fotografías no buscan la espectacularidad del instante decisivo, sino la intensidad contenida del ritual: manos que sostienen cirios, cuerpos en procesión, silencios compartidos. La cámara actúa como un testigo paciente que comprende que lo sagrado no siempre ocurre en el centro del acontecimiento, sino en sus márgenes.
Ese equilibrio entre distancia y pertenencia convierte las imágenes en algo más que registro histórico. Funcionan como espejos de una comunidad que se reconoce en sus gestos heredados.
Diálogo entre pasado y presente
La exposición reúne copias de época positivadas por el propio Flors junto a nuevas reproducciones digitales cuidadosamente editadas. El resultado plantea un diálogo temporal donde la materialidad analógica convive con la lectura contemporánea del archivo.
Este cruce refuerza una idea central: las imágenes no pertenecen únicamente al pasado. Siguen activas porque hablan de prácticas culturales que aún sobreviven, aunque transformadas.
Con esta propuesta, Espai Nivi reafirma su apuesta por la recuperación de fondos históricos y por la difusión del patrimonio artístico valenciano, situando la fotografía documental como herramienta clave para comprender quiénes fuimos —y, en parte, quiénes seguimos siendo.

La peregrinación de Les Useres es otra de las manifestaciones que Flors capturó con su cámara en los 80. / Vicente Flors
Una revelación necesaria
La exposición también plantea una reflexión silenciosa sobre los relatos culturales que permanecen ocultos. Durante años, la obra de Vicente Flors existió fuera del circuito artístico, casi como un secreto doméstico. Su recuperación cuestiona la frontera entre creador profesional y mirada amateur, recordándonos que el valor artístico no siempre coincide con la visibilidad pública.
Quizá por eso la muestra funciona como una doble revelación: la de unas imágenes inéditas y la de un autor que siempre estuvo ahí, observando con discreción aquello que definía a toda una comunidad.
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