El fin del faro moral

Israel nació de la necesidad de Europa de enjuagar su culpa. La dimensión aterradora, inhumana e insoportable del Holocausto debía convertirse en el punto final de la persecución milenaria de los judíos. Ese nuevo país no solo sería la esperanza de sus habitantes, sino también la oportunidad de que Europa pudiera erigirse en un faro moral sin que las sombras exterminadoras de su pasado derribaran la tramoya (la violencia colonial aún dormía bajo el silencio). Según la historiadora Sophie Bessis, «la defensa de la inocencia absoluta de Israel es condición sine qua non para la recuperación de la inocencia de Occidente» y, para ser duradera, necesita representar «eternamente a la víctima» y hablar «en nombre de todos los judíos, independientemente de su lugar de residencia» (La civilización judeocristiana, Gatopardo Ediciones, 2026).

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