La agencia espacial estadounidense NASA ha emitido un comunicado advirtiendo de que la nave espacial Van Allen A, lanzada hace en 2012 para estudiar el campo magnético terrestre, está a punto de reentrar en la atmósfera terrestre y estrellarse en algún punto de nuestro planeta. Los modelos apuntan a que gran parte de esta nave espacial de 600 kilogramos, que finalizó su misión hace casi una década, se desintegrará durante su reingreso en la atmósfera pero que, aún así, debido a su gran tamaño, «es probable que algunos componentes sobrevivan al reingreso«. Los científicos afirman que están monitoreando con atención la trayectoria de la sonda y que ofrecerán estimaciones más concretas sobre posibles lugares de impacto en las próximas horas. Por el momento, «el riesgo de daño a cualquier persona en la Tierra es bajo: aproximadamente 1 en 4.200«.
Según explica el divulgador científico Joan Anton Català Amigó, esta antigua nave espacial estadounidense lleva años deambulando sobre nuestras cabezas como un «satélite zombi» ya que, al acabar su misión, no disponía de un plan de desintegración y se ha quedado flotando en el espacio. Ahora, ante las previsiones que vaticinan su pronta caída, el experto afirma que debido a su gran tamaño no podemos descartar que parte de su estructura sobreviva al reingreso en la atmósfera y que «puedan caer hasta la superficie en fragmentos grandes«. «Aunque la probabilidad de que cause daños personales es bajísima, no es cero, y eso es como jugar a la ruleta rusa», comenta Català, quien lleva años advirtiendo del peligro de la basura espacial.
No es la primera vez que el regreso de una antigua nave espacial obliga a activar todos los protocolos de seguimiento. Se estima que cada semana nos cae el equivalente a un coche desde el espacio y cada seis meses un fragmento del tamaño de un autobús. En la mayoría de casos, estos desechos acaban en el océano o en zonas despobladas del planeta pero, a veces, se han detectado impactos contra zonas habitadas. El año pasado, por ejemplo, un enorme trozo de basura espacial de más de media tonelada cayó cerca de una aldea de Kenia. Poco antes, otro desecho del espacio reventó el tejado de una casa en Florida. En total, se estima que en estos momentos hay hasta 130 millones de restos de basura espacial flotando sobre nuestras cabezas.
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