Abascal se atrinchera en el búnker y se niega a celebrar el congreso de Vox que reclama Espinosa de los Monteros

Ante la panorámica de la vasta Sierra de Gredos, en Ávila, el líder de VOX, Santiago Abascal, posa sonriente junto a su actual Comité Ejecutivo tras semanas de polémica.

Sin embargo, los rostros que lo acompañan difieren notablemente de los que formaban parte de la dirección hace apenas tres años, hasta el punto de resultar casi irreconocibles para quienes no siguen de cerca la vida interna del partido. La imagen pretende transmitir unidad, aunque se produce en un contexto de tensiones internas inéditas para la formación.

El cabecilla de la ultraderecha española se muestra impasible ante los terremotos internos que su propia dirección ha provocado en distintos sectores del partido. Sonríe y posa junto a su número dos y vicepresidente de Vox, Ignacio Garriga, aunque la fotografía no refleja a todos los actores clave: falta parte del círculo más cercano de Abascal, el equipo que diseña la estrategia del partido pero que no figura en el organigrama oficial.

Apenas una hora antes de esa instantánea, el exsecretario general Javier Ortega Smith había expresado abiertamente su malestar en una entrevista: “Esa persona que fue tu abogado, que llevó tu divorcio, que luchó para que no perdieras tu casa (…) si le vas a cortar la cabeza, al menos llámale”.

Su enfrentamiento con la dirección no es solo político; también tiene un fuerte componente personal. Asimismo, ha anunciado que denunciará a la Ejecutiva de VOX ante la Agencia de Protección de Datos por la supuesta filtración de su expulsión. Desde la cúpula del partido responden con ironía: “Que se ponga a la cola de los demás”.

Asimismo, ha reclamado la convocatoria de un congreso del partido, sumándose a otras voces como la del ex portavoz parlamentario Iván Espinosa de los Monteros, que ya habían pedido ese cónclave.

Desde la dirección de VOX descartan de plano la posibilidad de un congreso extraordinario. “No corresponde ni se va a celebrar. El último fue en 2024 y se convocan cada cuatro años. El mejor congreso son los resultados en las urnas y el apoyo en la calle”, señalan fuentes de la cúpula. Por tanto, no habrá congreso hasta 2028. Abascal, por su parte, ignora las peticiones de los críticos y les lanza un aviso: “Que pierdan toda esperanza de destruirnos o frenarnos”.

La negociación con Guardiola

En relación con las negociaciones en Extremadura y Aragón, estas se retomarán entre PP y VOX a partir del domingo. Primero se celebrarán las elecciones en Castilla y León y, posteriormente, se retomará el trabajo para cerrar los acuerdos con María Guardiola y Jorge Azcón.

Fuentes de VOX aseguran que confían en alcanzar un pacto con la presidenta extremeña sin necesidad de agotar los plazos. Guardiola dispone hasta el 4 de mayo para lograr su investidura.

“Hay avances. Antes o después llegaremos a un acuerdo”, señalan. Entre las posibles fechas para cerrarlo se menciona la Semana Santa, lo que permitiría separar el pacto de la campaña de las elecciones andaluzas. No obstante, todavía no aclaran si reclamarán formar parte del gobierno.

Mientras tanto, y pese a la necesidad de entenderse, el enfrentamiento entre ambas formaciones se intensifica, en parte alimentado por el actual ciclo electoral. El secretario general de VOX, que reclama mayor discreción en las negociaciones, ha acusado a su homólogo en el PP, Miguel Tellado, de faltar a la verdad sobre los encuentros entre los equipos negociadores.

Abascal también dirige sus críticas a la dirección nacional del PP. Acusa a la sede de Génova de obstaculizar los acuerdos y de promover “una guerra sucia” contra VOX. “Feijóo ha cometido un grave error al impedir acuerdos con VOX en Extremadura y Aragón. Al PP solo le queda patrocinar campañas contra nosotros o demonizarnos, como ha hecho Mañueco”, sostiene.

El líder de VOX ha vuelto a pedir al presidente de Castilla y León y candidato a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, que rectifique tras afirmar durante el debate electoral que a VOX le gustaría “tirar seres humanos al mar”.

“Demonizarnos y luego pedir nuestros votos es una forma de autodemonización. Es absurdo decir que VOX es un partido de esa naturaleza y, al mismo tiempo, exigirle que entregue sus votos”, ha concluido.

La petición de Espinosa de los Monteros

Espinosa de los Monteros ha planteado la necesidad de que Vox convoque un congreso extraordinario —el primero en la historia del partido— para debatir el rumbo del proyecto político. El que fuera portavoz parlamentario ha iniciado una ronda de intervenciones en medios para defender esta idea.

El pasado sábado lo explicó en esRadio, donde sostuvo que ha llegado el momento de que la formación analice su evolución ideológica y revise su funcionamiento interno: desde la forma en que se toman las decisiones hasta quién ejerce realmente el poder dentro del partido. Según denunció, existen figuras con gran influencia que ni siquiera son afiliadas o conocidas por la militancia y que responderían a estructuras ajenas a la organización.

Espinosa de los Monteros defiende que ese congreso debería celebrarse cuanto antes. A su juicio, Vox debe prepararse para gobernar en el corto plazo, pero no puede hacerlo con un sistema que considera basado en purgas internas, falta de transparencia y escasa democracia interna, algo que, según afirma, chocaría con los principios que el propio partido dice defender.

Para convocarlo formalmente harían falta entre 6.000 y 7.000 firmas de afiliados —alrededor del 20% de los militantes con cuotas al día— además de un orden del día. No obstante, más que apoyarse únicamente en cifras, su estrategia pasaría por reunir a figuras con peso político: fundadores, antiguos dirigentes provinciales o exdiputados destacados.

El exdirigente de Vox ya habría recabado algunos respaldos relevantes y se habría decidido a dar este paso tras las recientes salidas del partido de Ortega Smith y José Ángel Antelo. Ambos podrían convertirse en aliados en esta iniciativa, junto a otros dirigentes críticos como Juan García-Gallardo. Todos ellos reprochan a la actual dirección haber apartado a quienes podían hacer sombra al liderazgo de Abascal.

La propuesta es organizar un congreso extraordinario en el que se discuta tanto la estructura interna del partido como su orientación ideológica. Como referencia citan el XVI Congreso del Partido Popular, celebrado en Valencia en 2008. En ese hipotético encuentro se reunirían perfiles con visiones distintas, pero con un punto en común: consideran que Vox debería repartir más poder territorial, concediendo mayor autonomía a los líderes autonómicos, y apostar por un liderazgo más plural, con varias figuras visibles que se refuercen entre sí.

Uno de los focos de crítica se dirige hacia quienes, según estos sectores, ejercen influencia desde la sombra. Entre ellos señalan especialmente a Kiko Méndez-Monasterio, a quien atribuyen un papel clave en las decisiones estratégicas del partido.

El asesor cercano a Abascal lleva tiempo recelando de una posible maniobra interna para cuestionar el liderazgo del presidente de Vox. Entre los movimientos que han alimentado esas sospechas se citan el lanzamiento del think tank Atenea —que podría competir con la fundación Disenso—, el acercamiento al grupo político de Giorgia Meloni en Europa para regresar al grupo ECR tras el abandono de esa familia política junto a Viktor Orbán, o incluso un supuesto acercamiento al movimiento juvenil Revuelta, al que Espinosa de los Monteros acudió en una concentración frente a la sede del PSOE en Ferraz el 30 de noviembre. Desde el entorno del ex portavoz, sin embargo, niegan que exista intención de apartar a Abascal.

La referencia al congreso del PP de 2008 no es casual. Aquel encuentro estuvo marcado por intensos debates internos y numerosas enmiendas, aunque finalmente el sector oficialista encabezado por Mariano Rajoy logró imponerse. El ala más dura del partido, liderada entonces por Alejo Vidal-Quadras y el propio Abascal, salió muy descontenta y comenzó a plantearse la creación de un nuevo proyecto político.

En 2013 Abascal acabó abandonando el Partido Popular con una carta dirigida a Rajoy en la que denunciaba que la dirección había “secuestrado” el partido mediante una cúpula inamovible y una maquinaria implacable contra la disidencia interna, además de vulnerar los estatutos y los principios fundacionales. Precisamente esas críticas son las que hoy algunos sectores de Vox dirigen contra él.

El partido llevó también el caso ante la Fiscalía, pero este fue archivado por falta de indicios. El comité de garantías tampoco pudo imponerle sanción. Espinosa de los Monteros respondió presentando una querella por revelación de secretos contra dos miembros del área de Cumplimiento Normativo, a quienes acusa de filtrar el caso a la prensa para perjudicarle. El procedimiento judicial continúa abierto.

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