Ya se ha celebrado el primero gran premio de Fórmula 1 y, como se preveía, la paliza que Mercedes ha infringido al resto de coches es alarmante, tanto que igual cambian las reglas del juego. George Rusell y Kimi Antonelli, primer doblete de la firma de la estrella, le sacaron más de 15 segundos a la pareja de Ferrari, Charles Leclerc y un resucitado Lewis Hamilton, y casi un minuto, exactamente 51 y 54 segundos, al campeón del mundo, Lando Norris (McLaren) y al campeonísimo Max Verstappen (Red Bull). No hay nada más que decir, esta será la tónica de los siguientes grandes premios a no ser que, como se temen muchos, hagan ‘trampas legales’.
Es evidente que la atención de los especialistas y aficionados españoles se centra, no tanto en el desastre del Williams-Mercedes de Carlos Sainz, que también, como en la desesperación vivida, como se esperaba, del lujoso equipo Aston Martin-Honda, capitaneado por el gurú de los gurús, el británico Adrian Newey, ganador de 25 títulos mundiales, pero cuyo monoplaza lleva meses desesperando al bicampeón español Fernando Alonso.
Es posible, muy posible, que los fans, incluso periodísticos, del ‘Nano’, que, el año pasado, soñaban y aireaban, cada fin de semana, que las manos de Alonso le llevarían a conquistar su 33ª victoria tras doce años a cero (la 32ª se produjo en Barcelona-2013, con el Ferrari V8 F138), se hayan tomado a broma, o no, quién sabe, la frase del asturiano vanagloriándose de una salida soberbia, providencial, el domingo en Melbourne: “Llevo 24 años en la F-1 sintiéndome superior y, en el 25º, me siento superior”.
Fernando Alonso cumple su 23ª temporada en la F-1, ha sufrido accidentes serios, lleva en sus espaldas 115.769 kilómetros en un F-1, tiene las cervicales muy, muy, machacadas y la mano izquierda seriamente lesionada. La vibraciones, insoportables, que provoca el motor Honda del Aston Martin suponen un auténtico martirio para el bicampeón español.
Es decir, hemos pasado de soñar con la 33ª victoria, a considerar un éxito una buena salida que, en la primera vuelta, colocó a Alonso en la décima posición, cuando arrancaba en parrilla en el puesto 17º, bueno, en realidad, fue el 15º, pues faltaban dos monoplazas. La emoción de semejante ‘gesta’, le hizo olvidar a Alonso que está es su 23ª temporada, eso sí, hace 26 años que debutó en la F-1, también en Australia, el 4 de marzo de 2001, con un Minardi, acabando 12º tras arrancar en el puesto 19º.
Hay quien piensa que los tremendos problemas y, sobre todo, decepciones que está sufriendo este año Alonso (Oviedo, 29 de julio de 1981), a sus 44 años, dos títulos mundiales (2005 y 2006, con Renault), 426 grandes premios y 32 victorias, le provoca cierto malhumor y, sobre todo, indignación por pensar que, a su edad, con su trayectoria y palmarés, no merece semejante humillación.
Max Verstappen, Fernando Alonso e Isack Hadjar, en los test de pretemporada. / ERIC ALONSO / AFP7
Y es por ello que hay quien piensa, tras conocer el estado del asturiano y, sobre todo, los comentarios de algunos miembros de su entorno más personal, que no debería descartarse la posibilidad de que el asturiano plantase a la ‘nueva’ F-1 y, especialmente, al equipo Aston Martin y a los japoneses de Honda, para jubilarse antes de tiempo, no solo fruto del desastre que ha terminando siendo el primer monoplaza del mago Andrian Newey y las (casi) imposibles soluciones que tiene a corto plazo, como por el tremendo dolor que sufre el bicampeón español al pilotar un coche que no para de vibrar.
“¿Usted recuerda aquellos martillos neumáticos que manejaban los peones de las obras y que les hacían vibrar, sufrir tembleques dolorosísimos en todo el cuerpo, hasta el extremo de que fueron prohibidos?”, pregunta una de las personas que más conoce a Alonso y que ha estado muy cerca de él a lo largo de estos 23 años de F-1. “Pues bien, el Aston Martin, vaya usted a saber por qué, aunque dicen que es culpa del motor Honda, destroza, machaca, las cervicales de Fernando y, sobre todo, provoca un dolor tremendo en su ya dañada y dolorida mano izquierda”.
Adrian Newey reconoció, recientemente, que Fernando Alonso acababa los test con su mano izquierda entumecida. Cuando le preguntaron al español si era cierto, el ‘Nano’ dijo: «Sería capaz de pilotar este coche durante tres horas así, siempre y cuando fuese para ganar».
Quien conoce bien a Alonso explica que el piloto asturiano lleva años tratando de encontrar remedio a sus fuertes dolores de cervicales y al cosquilleo en su muñeca izquierda. Es más, en muchos momentos, cuando acude al ‘corralito’ tras la carrera para atender a la prensa, se le suele ver masajeándose la muñeca y mano izquierda, mientras responde a las preguntas de los periodistas. Solo un dato demoledor: al margen de cuatro o cinco accidentes que dañaron su cuerpo, dejando algunas secuelas, el ‘Nano’ ha recorrido 115.769 kilómetros montado en un F-1, es decir, son casi, casi, tres vueltas a la Tierra.
Esa maldita mano
Alonso ha estudiado todo tipo de medicación y tratamiento para tratar de que desaparezca ese dolor, pero no acaba de encontrarlo. Muchas veces se le ha visto también con esa muñeca y esa mano repleta de cintas kinesiológicas para intentar disminuir el fuerte dolor que, insisto, ahora, con las vibraciones del motor Honda o el chasis de Newey, son tremendas.
El propio Adrian Newey, que no sabe, la verdad, como mejorar el desastroso AMR26 que ha ideado (no toda la culpa parece de Honda, pues el cambio de marchas creado por Aston Martin también es un desastre), tuvo la valentía de reconocer, recientemente, que el propio Fernando Alonso le había reconocido que acababa con su mano izquierda “entumecida”. Y, cuando se le preguntó a Alonso por esas palabras, el ‘Nano’ se sinceró, como es habitual en él, y dijo: “Podría pilotar durante tres horas seguidas este monoplaza en esas condiciones, eso sí, si fuera para ganar la carrera”.

Fernando Alonso, en el paseo de los campeones, en Melbourne, previo al GP. / AFP7
En el mundo ‘motorsport’ cuando algo vibra es señal de alerta, es un síntoma de que algo está a punto de romperse. En todo caso, esas vibraciones afectan al ‘feeling’ de los pilotos. Si lo dudan, pregúnteles a los pilotos de principios de los 80, cuando el famoso ‘porpoising’, el fenómeno aerodinámico de F-1 que se genera cuando el coche rebotaba violentamente, de arriba abajo, a altísimas velocidades.
Respecto a la gravedad de que un coche y más un monoplaza de F-1 que alcanza velocidades estratosféricas y provoca dolorosísimas fuerzas G (unidades de aceleración y desaceleración, basadas en la gravedad terrestre que sienten los pilotos al frenar, acelerar y girar) afecten al físico de los pilotos, Raymond Blancafort, ingeniero y uno de los periodistas españoles más experto de F-1, recordaba, recientemente, en uno de sus artículos en la web ‘SoyMotor’, que “no sé si sería por las vibraciones o por la dureza de las suspensiones pero, en la era turbo, hace de eso más de 30 años, esposas y novias de los pilotos se lamentaban de que sus maridos y/o novios eran incapaces de ‘cumplir’ tras un GP, algunas veces durante días”. Dicen que los comentarios de aquel grupo de esposas y novias de aquella época estuvieron liderados por la pareja del italiano Riccardo Patrese.
«Trabajar con Fernando tiene algo positivo y algo negativo. Lo positivo es que se trata de un animal competitivo y siempre te da más del 100%. ¿Lo negativo?, nos desnuda los puntos débiles del coche y hace que nos sintamos unos incompetentes».
Es muy posible que, dado el descontento y desencanto que el nuevo proyecto de Aston Martin y Honda ha generado en Fernando Alonso, los responsables de la escudería, no solo el multimillonario canadiense Lawrence Stroll, propietario de la marca y del equipo de F-1, sino también el propio Adrian Newey se deshagan, los próximos días, en elogios y destaquen el papel del bicampeón español en un proyecto, de momento, fallido.
Puede que las palabras pronunciadas, el pasado domingo, en Melbourne, por Newey, sean el inicio de una campaña mediática para impedir que Alonso se jubile este mismo año, antes de que concluya la temporada. «Tener a Fernando en el equipo tiene algo positivo y algo negativo”, comentó el ingeniero británico y jefe supremo de Aston Martin en Melbourne. “Lo positivo es que se trata de un animal competitivo y siempre te da más del 100%, hoy (por el domingo), lo pude vivir en carne propia. ¿Lo negativo?, dos cosas: nos desnuda los puntos débiles y nos hace sentir unos incompetentes».
Pese a todo, por descontado, el ‘mago del lápiz’ aseguró que “el motivo principal por el que acepté la oferta de Aston Martin es para tener el placer y la oportunidad de trabajar con Fernando”. Blanco y en botella, parece que el ‘Nano’ deberá apurar este año, le guste o no, le duela o no, sufran sus cervicales y su muñeca izquierda, para seguir confiando en el genio de los monoplazas.
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