Trump asegura que la guerra “está casi terminada” pero que no se detendrá hasta que Irán sea “totalmente derrotado”

Las claves

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Donald Trump asegura que la guerra contra Irán “está casi terminada”, pero insiste en que no se detendrá hasta que el país sea totalmente derrotado.

Trump amenaza con destruir la infraestructura energética de Irán si continúa el bloqueo del estrecho de Ormuz y rechaza la elección de Mojtaba Jamenéi como nuevo líder supremo iraní.

Estados Unidos y Francia movilizan sus armadas para escoltar petroleros en Ormuz y evitar subidas del precio del crudo, mientras Europa debate su implicación.

El conflicto genera incertidumbre económica global y presión política interna para Trump, quien no descarta enviar tropas a instalaciones nucleares iraníes si la situación se agrava.

Este lunes, el presidente estadounidense, Donald Trump, aseguró ante un nutrido grupo de congresistas republicanos reunidos en su club de golf en Doral, Florida, que su país “no cederá hasta que el enemigo sea totalmente derrotado” en Irán. “Se puede decir que ya hemos triunfado, aunque no hemos triunfado lo suficiente”, dijo de forma algo enigmática, aunque quiso dejar claro que el fin llegaría “muy rápidamente” y que, pronto, los ayatolás dirían basta.

También amenazó a los líderes iraníes con arrasar sus infraestructuras energéticas hasta el punto de que no puedan reconstruirlas en décadas si mantienen el bloqueo del estrecho de Ormuz. “Esperamos no tener que hacerlo”, aseguró el presidente, “pero no pueden seguir extorsionando al resto del mundo”. Esta afirmación va en sentido contrario a lo publicado el mismo lunes por Axios, que reflejaba el malestar en la Administración estadounidense por los ataques israelíes a refinerías de uso civil, pues eso podía provocar que incluso los iraníes en la oposición acaben apoyando al régimen frente a los ataques.

En cuanto a la elección de Mojtaba Jamenéi como nuevo líder supremo del país, Trump mostró su desencanto con la decisión e insistió en que la mejor salida sería una transición parecida a la de Venezuela. “Me hablan del hijo del Sha, pero hace mucho que no vive ahí”, aseguró. “Lo ideal sería encontrar a alguien como Delcy, que está trabajando maravillosamente para nosotros”. En otras palabras, un ayatolá que tampoco sea tan ayatolá y que garantice que Irán nunca tendrá un arma nuclear.

Agradecimiento a Putin y ninguneo a Zelenski

Horas antes, el Secretario de Estado, Marco Rubio, había afirmado que los objetivos de la guerra eran destruir por completo el arsenal iraní de misiles balísticos, las fábricas de producción y la armada. Ya no habló de cambio de régimen ni de “rendición incondicional”, término que el propio Trump ha redefinido varias veces. El Secretario de Defensa, Pete Hegseth, aseguró por el contrario que “solo estábamos ante el principio” de la operación. Preguntado al respecto, Trump no observó contradicción alguna entre ambas posiciones.

Es posible que las repercusiones económicas de una posible prolongación indefinida de la guerra estén provocando dudas acerca de qué objetivos serían suficientes para finalizar la misma de forma honrosa. También es posible que nadie sepa muy bien en la Casa Blanca qué hacer exactamente ni por qué se han metido en esto. El hecho de que Rubio viniera a responsabilizar a Israel la semana pasada de la situación es bastante esclarecedor al respecto.

Sea como fuere, el caso es que, en diez días, hemos oído demasiadas versiones y, aunque la ventaja militar está ahí y es evidente, también es cierto que el gasto es tremendo comparado al que emplea Irán con sus drones Shahed. De ahí que el Pentágono haya tenido que pedir interceptores a Ucrania, más baratos e igual de eficaces que los millonarios Patriots. Trump no quiso hacer referencia alguna a esta circunstancia ni al ofrecimiento de Zelenski.

Sí tuvo palabras de agradecimiento para el presidente ruso, Vladimir Putin, pese a que tanto el Kremlin como Teherán han reconocido que ambos están colaborando para derrotar a los estadounidenses. Pese a que son ya nueve los soldados muertos por ataques iraníes, la actual Administración sigue prefiriendo mantener un perfil bajo respecto al Kremlin, como viene siendo habitual. Al parecer, durante la conversación telefónica, Putin se mostró con ganas de ayudar y dio un enfoque muy constructivo.

Escolta a los petroleros en Ormuz

Más allá de las amenazas a la red energética iraní, Trump dejó claro que su armada estaba dispuesta a limpiar de minas todo el estrecho de Ormuz y escoltar a los petroleros para que puedan continuar su paso, principalmente hacia Asia, y limitar así las subidas del precio del crudo. Se une así a Emmanuel Macron, quien este mismo lunes también había anunciado el envío de dos portaaviones franceses a la zona para salvaguardar sus intereses en la zona.

Está por ver qué posición toma el resto de países de la Unión Europea, y en especial, qué posición adopta España. ¿Seguirá instalada en el “No a la guerra” o considerará el envío de fragatas a Ormuz puede considerarse una acción defensiva y por lo tanto no cuenta? Lo mismo puede aplicarse a Italia y a Alemania, que se ven ante la disyuntiva de apoyar a Francia y demostrar que Europa puede sacarse sola las castañas del fuego o resignarse a que vuelva a ser Estados Unidos quien imponga su ley.

Hacer campaña electoral en Castilla y León contra Donald Trump ya tiene su punto distópico, pero hacerla contra Macron iría un paso más allá en el surrealismo. Si Irán persiste en los ataques a los países vecinos y en el bloqueo a los petroleros de tantísimos países aliados, será difícil justificar que nuestro país no quiere saber absolutamente nada del tema por una cuestión de limpieza moral.

Envío selectivo de tropas

Trump no quiso entrar en si Estados Unidos va a mandar o no tropas para derrocar a los ayatolás. Por mucho que el cambio de régimen no parezca ahora una condición indispensable, lo cierto es que, en la práctica, con un liderazgo hostil en Teherán, Estados Unidos tendría que repetir estas acciones cada pocos meses, pues Irán volverá a construir misiles y volverá a enriquecer uranio en cuanto pueda. Y esta vez será complicado convencerlos de que no lo hagan con fines militares.

Desde luego, tampoco ayuda que, pese a las evidencias de la inteligencia occidental de que fue un misil Tomahawk estadounidense el que provocó la muerte de decenas de niñas en un colegio de Teherán, Estados Unidos siga sin pedir perdón y acuse, sin evidencia alguna, a los iraníes de haberse bombardeado a sí mismos.

En la rueda de prensa, Trump repitió que “lo están investigando” y que “muchos países tienen Tomahawks”. Sea cual sea el objetivo, y ya hemos dicho que va variando como fue variando para Rusia cuando empezó su “operación militar especial”, Estados Unidos necesita que el régimen se vea amenazado desde dentro. Atacar colegios, aunque sea por error, no genera una gran confianza.

La otra opción, obviamente, es amenazarlo desde fuera, es decir, mandar tropas. También al respecto, se ha dicho de todo en estos días. Lo último que se ha publicado en la prensa estadounidense es que Trump estaría dispuesto a enviar soldados a las instalaciones del programa nuclear iraní para asegurarse de su destrucción absoluta. Puede sonar bien como solución intermedia, pero, de nuevo, hay que explicar cómo. Hasta ahora, el presidente ni siquiera lo ha intentado ante el Congreso, mucho menos ante la población o los medios.

El punto de no retorno

Llegados a este punto, y con la declarada intención del régimen iraní de “resistir” y “abandonar toda vía diplomática”, está por ver qué opciones le quedan a Estados Unidos. Israel no tiene problemas en seguir lanzando misiles porque no tiene bases propias que defender en los países árabes y su acceso al petróleo no pasa por el estrecho de Ormuz. Para Europa y para Asia, sin embargo, lo que está sucediendo es un desastre económico que, sorprendentemente, nadie había previsto.

Si ese desastre se consolida en el tiempo y el precio del barril sigue creciendo -la Guardia Revolucionaria desmintió el fin de semana la afirmación del presidente Pezeshkian de que no habría más ataques a los países árabes-, la inflación se disparará, para terror de todos los líderes que tengan elecciones este año. Entre ellos, como es sabido, Donald Trump y el Partido Republicano, que se enfrentan a las legislativas de noviembre, donde las perspectivas son ya de por sí poco halagüeñas.

Puede que, en el fondo, los Witkoff, Kushner y compañía sigan pensando que esto es una cuestión de seguir presionando hasta que el otro ceda y se llegue a un buen acuerdo, pero la situación parece más bien de “todo o nada”: o hay un cambio de régimen que garantice que no habrá un nuevo programa nuclear o toda solución intermedia corre el riesgo de quedarse tan corta que la siguiente guerra sea aún más salvaje… y más peligrosa para el resto del planeta.

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