La salida y las primeras vueltas de la carrera fueron lo más emocionante del inicio de la nueva era de la Fórmula 1. En el momento que se apagaron los semáforos en Australia, se desató la locura. Vimos una salida fulgurante por parte de los Ferrari, que lograron ganar muchas posiciones, incluso logrando llegar a liderar en esa primera vuelta con Leclerc.
Por otro lado, vivimos la imagen milagrosa del fin de semana; la increíble salvada de Franco Colapinto esquivando el coche de Liam Lawson que tuvo un problema en la salida y se quedo en medio de la recta con una velocidad muy inferior a todo el mundo que venía por detrás.
Todos los pilotos ya advirtieron antes del inicio de la temporada que las salidas iban a ser claves. Muchas cosas cambiaban y debían ser muy precisos con el momento óptimo para revolucionar el coche y completar un buen inicio de carrera.
Lawson se le atragantó ese momento y fue mucho más lento que los demás. El diferencial de velocidad era enorme y era un peligro para los que venían detrás. Uno de ellos fue Franco Colapinto, el de Alpine, que logró salir bien, tuvo que hacer gala de sus reflejos y evitar al coche del neozelandés.
«Estuve muy cerca de quedarme tirado en plena recta. Tuve mucha suerte de poder acabar la carrera. Los reflejos estuvieron bien», declaraba el argentino al final de la carrera.
La imagen dio absoluto miedo, el argentino se encontró el coche encima y salvó por milímetros lo que pudo ser un accidente fortísimo. La reacción del de Alpine fue milagrosa y por suerte no hubo contacto y ambos pilotos pudieron continuar en carrera.
La secuencia es tan impactante que en la sala en la que comentan lo sucedido en carrera los tres pilotos que copan el podio, George Russell se levantó de la silla y puso sus manos en la cabeza exaltado.
Por suerte para todos, no hubo consecuencias más allá y ambos pilotos completaron la totalidad del Gran Premio sin mayores incidentes.











