Mujeres en las parroquias

Hoy deseo dirigir una palabra agradecida a tantas mujeres que, muchas veces en silencio, sostienen la vida cotidiana de nuestras comunidades parroquiales. Cada mañana, en algún rincón de nuestra diócesis, una mujer abre la iglesia, ora ante el Santísimo, ordena el altar o coloca flores ante el sagrario. Tal vez nadie la vea. Pero estos gestos sencillos expresan una gran verdad: la Iglesia se sostiene, en gran parte, por la fe perseverante y servicial de muchas mujeres.

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