Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, cree que la futura Agencia Estatal de Salud Pública podría salir de Madrid, pero admite que su puesta en marcha sería más laboriosa. Dice que no ha decidido si optará a dirigirla.
-En los últimos meses, se ha hablado del impacto del cambio climático en la salud pública por catástrofes naturales. ¿Qué podemos esperar? ¿Cabe el derrotismo?
-No creo que haya que ser derrotistas. Es cierto que desgraciadamente estamos en una situación que hemos generado los seres humanos. No es que nosotros generemos cambios climáticos como tal, porque el planeta ha cambiado de temperaturas a lo largo de la historia, pero el problema ahora es la velocidad a la que se están produciendo estos cambios y cómo los seres humanos nos adaptamos a eso. De hecho, el cambio climático se ha producido también porque como especie hemos crecido mucho y hemos tenido que alimentar y vestir a toda esa gente, darles vehículos, etcétera. Y lo hemos conseguido, pero de manera muy poco eficiente, con mucho residuo y mucha contaminación. Como humanos requerimos de un tiempo para adaptarnos al medioambiente y, si no lo tenemos, lo que hacemos es modificar mediante la tecnología nuestro medioambiente más cercano, nuestras casas y nuestras ciudades, para que ese impacto sea menor. Eso es lo que nos queda por hacer ahora. También tenemos que tratar de reducir las emisiones para que en su momento, en décadas, este cambio climático se revierta. Y el problema es que tomamos decisiones con una visión mucho más a corto plazo de lo que sería necesario. En la salud todo esto va a tener un impacto grande; ya lo está teniendo.
-¿Cómo?
-Los vectores transmisores de enfermedades, como los mosquitos y garrapatas, ya están ocupando más espacio del que ocupaban: están teniendo actividad durante más tiempo a lo largo del año. La movilidad de las personas también es hoy mucho mayor y esos vectores y los patógenos a los que están expuestos también se mueven. Controlar esos vectores en las condiciones climáticas actuales es difícil, pero también factible. Lo mismo puede pasar con la contaminación ambiental, con la irradiación, con los efectos de las catástrofes que se van generando como sequías o inundaciones.
-Hasta ahora suena derrotista.
-Lo bueno, y por eso no hay que ser derrotistas, sino al contrario, es que podemos ser proactivos. Más que derrotistas, hay que ser realistas: si no sabemos a qué nos enfrentamos, no vamos a actuar como debemos, y hoy tenemos mucha más tecnología de la que teníamos hace solo un par de décadas, muchas más capacidades y medios para hacer las cosas mejor.
-Ha puesto alguna vez como ejemplo de eso el número de muertes de la mal llamada gripe española y las de la pandemia del covid.
-Sí, tenemos más medios, más recursos, más conocimientos y una población más resiliente, mejor nutrida y más fuerte. Eso no quiere decir que el impacto del covid sea aceptable hoy. Al contrario: si permitimos que se traslade el mensaje de que siete millones de muertos en el mundo por covid es aceptable en el siglo XXI estaremos transmitiendo el mensaje erróneo. El objetivo es que cada pandemia que venga tenga un impacto menor.
-Porque vendrá más pandemias.
-Seguro, lo que no sabemos es cuándo, si dentro de dos años o de 50.
-¿Cómo encaja en todo esto el auge de la desinformación y los mensajes negacionistas?
-No sé si me equivoco al pensar esto, pero creo que hay que plantearse las cosas de manera utilitarista. Las personas que tienen fe en algo no necesitan muchas razones para creer porque esa fe ya les ha dado, digamos, su dogma. Y los que trabajamos en ciencia, desgraciada o afortunadamente, no tenemos esa forma de ver las cosas y vivimos constantemente en la incertidumbre. Cada pregunta que resolvemos nos genera nuevas preguntas y nada está grabado en piedra para siempre. Un nuevo conocimiento modifica los anteriores, ya sí. Entonces, cualquier persona que quiera utilizar la ciencia para entender el mundo tiene que ser lo suficientemente valiente como para entender y vivir un poquito en la incertidumbre. Yo creo que no tenemos que buscar luchar contra la fe; la fe es algo que tienes o no tienes. Lo que tenemos que hacer es trabajar con las personas que no están suficientemente informadas, que no es lo mismo que tener fe. Y yo creo que hay más personas que no están lo suficientemente informadas, por la razón que sea: porque no hemos sabido darle la información adecuada, porque ellos no la han buscado, porque no les ha interesado. Creo que hay más personas así que personas que creen en teorías extrañas por cuestiones de fe.
-Pero esos mensajes extraños se difunden con mucha facilidad.
-Porque hacen gracia, llaman la atención o generan discusión. Nos gusta mucho discutir. Pero yo estoy seguro de que hay mucha gente que lee esos mensajes negacionistas, que en algunos casos nos retrotraen muchos siglos hacia atrás en el conocimiento, y no es que crean en ellos, sino que les hace gracia o les permite discutir.
-O buscan una respuesta y esa les convence.
-También, pero son los que quieren tener fe. Ahí es más difícil. A mí me interesan los que quieren informarse.
-¿Qué cambios podemos esperar a nivel nacional que va a tener la futura Agencia Estatal de Salud Pública?
-La Agencia Estatal de Salud Pública, lo primero que debería darnos es más medios para trabajar en salud pública. Debería hacer que la salud pública sea una parte tan importante del sistema sanitario como lo son la asistencia hospitalaria o la atención primaria. Lo segundo: una vez que tienes medios, tienes más capacidad de producir información útil. Y asociado a la información útil, creemos que la agencia va a permitir favorecer la toma de decisiones basada en la evidencia. Es verdad que se tiende a decir que siempre se toman las decisiones lo más basadas en la evidencia como sea posible, pero a veces no somos capaces de generar la suficiente. El objetivo de esta agencia es generarla o ayudar a que de otros la generen y, desde luego, ayudar a traducirla para que se utilice correctamente en la toma de decisiones. La agencia, además, nos va a permitir potenciar la profesión: los profesionales de la salud pública, que son muchos y de muchos sectores, necesitan unidades referentes. Y también os va a permitir tener una coordinación europea, internacional y nacional mucho más fuerte y más potente. Todo ello, en teoría, redundará en una capacidad de preparación y una capacidad de respuesta ante situaciones de riesgo mejor, más rápida y con mayor consenso.
-¿Es importante que este tipo de agencias estén descentralizadas?
-Voy a ser totalmente sincero. Yo, como ciudadano de España, me encanta la idea de la descentralización de las instituciones. De todas. Ahora mismo la gran parte de las instituciones estatales están en Madrid y a mí me encantaría que hubiera un ministerio en cada capital de cada comunidad autónoma con sus instituciones asociadas. Me encantaría. Creo que el concepto de descentralización es bueno y que ayuda a dar cohesión y a construir una España común.
-Creo que viene un pero.
-Sí. El pero es que desgraciadamente hoy lo que tenemos es una estructura completamente centralizada. Poner una agencia como esta fuera de donde están el resto de las instituciones del estado no es imposible, se podría, pero es más difícil, más complejo y más laborioso. Entonces depende de qué exigencias a muy corto plazo se le hagan a esta agencia para que el descentralizarla tenga sentido o no. Si se descentraliza probablemente habrá que darle un plazo un poco más largo para que esté del todo operativa. Si está alrededor de las instituciones a las que tiene que asesorar, probablemente será más fácil construirla más rápido. No digo que una cosa sea mejor o peor, pero sí que tenemos que tener claro lo que podemos esperar según se haga una cosa u otra.
-Siempre sale su nombre cuando se habla de esta agencia.
-Ya, pero hasta que no estén los estatutos hechos y tenga claro cómo va a quedar construida o cuál va a ser la estructura y los recursos no valoraré para nada si me interesa o no presentarme a un proceso competitivo para ser director. Sí que es posible que acabe trabajando en ella. Pero de ahí a ser director… No creo que sea el momento de valorar eso.
-La salud mental se avecina como uno de los grandes retos. ¿Cómo lo valora?
-En los últimos 7 u 8 años se han incrementado los problemas o la percepción de problemas de salud mental en España en un 30 por ciento aproximadamente. Es un dato general, no quiere decir que sean todos cosas realmente graves, pero ha habido un incremento importante. A esto no favorece para nada ni las DANAs ni los incendios ni las pandemias, ni todas estas amenazas con las que estamos aprendiendo a entender y convivir. Y ese proceso obviamente conlleva estrés y miedos y nuestra salud mental no se ve para nada favorecida. ¿Eso qué implica? Yo no soy especialista en salud mental, pero desde luego implica problemas laborales para mucha gente, problemas familiares. Implica que haya instituciones que tengan que lidiar con plantillas que no están en condiciones de ejercer correctamente su trabajo. Y si a todo esto añadimos los móviles, las redes sociales, los “instagrams” y el aislamiento personal que tienen muchas personas, pues desde luego las soluciones no son fáciles y ni exclusivamente sanitarias. Tenemos que repensar un poquito cómo queremos a nuestra sociedad. Hay muchos grupos en España especialistas que están trabajando en esta línea.
-¿Y la inteligencia artificial?
-Voy siendo cada vez más viejo y veo que la inteligencia artificial en realidad son algoritmos que trabajan retroalimentándose unos a otros. Con algoritmos se trabaja desde hace muchísimo tiempo: primero estaban en un papel y los aplicaba una persona que se leía el papel; luego estaban en un ordenador y después el ordenador te sacaba una respuesta al cabo de unos minutos. Ahora es instantáneo. Y no solo es instantáneo, sino que hay tantos, tantísimos algoritmos, que da la sensación de que una máquina es capaz de pensar. Ojo: da la sensación. Cuando estás tratando un tema que no manejas bien la inteligencia artificial te va a permitir tener una digestión de un volumen de información que es muy difícil que nadie pueda leerse incluso en toda su vida. Eso te puede servir. Y si esa persona es un experto lo que tiene que hacer es todo lo contrario: nutrir a esa inteligencia artificial para que su siguiente resumen sea mejor. El problema es si perdemos a esos expertos que tienen que nutrir al aparato porque creemos que el aparato piensa. Si conseguimos que esos expertos se mantengan ecuánimes, tranquilos. Si conseguimos que entiendan que lo que ya se conoce no es lo que ellos tienen que repetir como un loro, sino que lo que tienen que hacer es producir lo nuevo que cambie, modifique y mejore lo que ya se conoce, bien. Y tenemos suficientes expertos en el mundo para conseguir eso y pensar en lo nuevo.
-Lo de seguir «pensando» es lo que preocupa.
-Ya… Pero el ser humano ha pasado ya por muchas cosas; nos iremos adaptando. No sé si dentro de unos años seremos el «homo superioris», o lo que sea. O si seremos todos cíborgs (ríe).
-Y estas entrevistas se verán en las casas con hologramas.
-Mientras sean las noticias que elijas ver y no las noticias que otros quieren que veas, los hologramas pueden estar bien también.
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