Partido Popular y Vox concentran todas las conversaciones y acumulan todos los silencios de la política aragonesa y nacional tras el rosario de comunidades autónomas que tocará un nuevo techo en Castilla y León en un par de semanas y dará una tregua hasta la convocatoria en Andalucía. En Aragón el puzle, el encaje de bolillos, pegará un acelerón este martes con la constitución de las Cortes, un primer test para definir la salud de unas relaciones que Jorge Azcón capitanea directamente con el núcleo más cercano a Santiago Abascal.
La semana viene marcada por la constante aparición en los medios de comunicación del presidente nacional de Vox. El ultraderechista está repitiendo en la campaña de Castilla y León lo hecho en Extremadura y Aragón. Hay que reconocerle el excelente resultado para su formación, que ha crecido considerablemente en ambos territorios. Ante las ruedas de prensa diarias y los mítines de Abascal, el silencio de un PP que, aunque calle, es acusado de «filtrar» día sí y día también el lento avance de las conversaciones.
Las direcciones nacionales de ambas formaciones siguen dando más importancia a Extremadura, porque los plazos apremian mucho más. La constitución de las Cortes de Aragón no es más que un trámite para Génova y Bambú, un marcar posiciones ante un diálogo que se intensificará cuando haya que firmar un pacto de Gobierno y el reparto de las consejerías que conformen el futuro Ejecutivo autonómico. Vox quiere un tercio de ellas, serán tres o cuatro departamentos si crece el tamaño de la DGA. Pero no desvela por dónde irá el gusto de las competencias: en Extremadura marcaron unas peticiones que han ido cambiando con el paso de las semanas. En Aragón, se intuye una preferencia por las políticas sociales, medio ambiente o el sector primario, pero a ambos lados del frente, en PP y en Vox, nadie se atreve a «echar» la quiniela.
La única certeza en la negociación es la cara de sus protagonistas. Los populares andan parapetados detrás de un Jorge Azcón que se reunió en Madrid con Miguel Tellado, secretario general del PP, para parar la crisis del ir y venir. Alberto Núñez Feijóo, presidente nacional de los conservadores, celebró el lunes la conversación con Abascal del pasado domingo y concretó un decálogo para hablar con Vox. La joya que esa hoja de ruta, de apenas siete folios, era al principio de la mañana pasó a ser un borrado al mediodía y un documento olvidado con el paso del tiempo. La nada. ¿Por qué? Porque a Vox no le gustó y porque no están las cosas en Extremadura –Guardiola sí tiene tutela, Azcón no– para tensar aún más el diálogo.
Alejandro Nolasco y Santiago Abascal, en el cierre de campaña de Vox en Zaragoza. / LAURA TRIVES
Tampoco ayudó que el lunes Cuca Gamarra dijera que Génova entraba a negociar y todo el mundo diera por hecho que «entrar» es «mandar». Tuvo que recular Tellado, que mantuvo la autonomía en manos de Azcón y de Guardiola. Ese martes, el aragonés se citó en Génova para precisar cuestiones y cuadrar una posición común, dirigida con él, con su dirección nacional. El secretario general del PP, mano derecha de Núñez Feijóo desde hace muchos años, estará en la mesa negociadora aragonesa como ya está participando en la extremeña.
Azcón concentra la conversación con Vox porque tiene «buena relación» con Abascal, como reconocen ambos partidos. También tiene trato con Kiko Méndez Monasterio, el asesor del presidente de la ultraderecha y que es visto por los sectores más críticos como el hombre que dirige los pasos del hombre que pone la cara ante los medios y en las pancartas. La tercera en discordia es Montse Lluis, la responsable de la política autonómica en Vox y la mujer que ha estado en todas las conversaciones con el PP para gestionar los territorios. Fue muñidora del pacto de 2023 y también la representante de Bambú en esas mesas de análisis del pacto entre Azcón y Alejandro Nolasco, que tuvieron que convocarse por la discrepancia en la política migratoria que acabó con el Gobierno de Aragón, como el resto de autonomías compartidas, en julio de 2024.
Nolasco estará en la conversación, más como oyente que como participante. En Vox, todas las directrices se mandan y se ejecutan desde Madrid.
El primer capítulo entre las dos fuerzas se escribirá, como muy tarde, el martes por la mañana. El PP no tiene problema en ceder la presidencia de las Cortes a Vox, algo que ya hizo en 2023 al nombrar a Marta Fernández como presidenta del Parlamento autonómico. Una primera moneda de cambio para allanar el camino, pero que también obligará a las dos formaciones a sostener en alguna clave política, mínima o programática, la razón del pacto. Un principio de acuerdo que ya desvele los primeros pasos dados y que quizá marque el camino a dar dentro del nuevo Gobierno autonómico. Un acuerdo por la representación para luego pensar en el poder ejecutivo.
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