Esta próxima semana, Poveda Textil cumple 10 años desde su creación. La empresa tiene su sede en Petrer, localidad industrial de referencia en el sector del calzado y, especialmente, en la marroquinería. Gabriel Poveda lleva toda su vida vinculado a este territorio y solo sus intenciones de ser dentista le desviaron de un camino empresarial ligado a la trayectoria familiar. Su padre, Gabriel Poveda Verdú, gestiona Comertex que se dedica a lo mismo. Tras una década aprendiendo de la persona que considera su referente, crea junto a su mujer Patricia Rodríguez -actual directora financiera-, su marca con un factor diferencial: la innovación y la búsqueda de tejidos alternativos.
«En 2016, cuando empezamos pocos apostaban por ello. Para nosotros, significaba demostrar la trazabilidad de los artículos», apunta. Para el empresario, demostrar con qué está hecho un material u otro era importante porque genera una confianza hacia sus clientes y el consumidor final. Su apuesta ha sido acertada a tenor de cómo ha evolucionado la marca y quienes acuden a ellos para adquirir materiales. Acaba de lograr dos hitos: el primero es el sello BCorp, una auditoria por la que suelen pasar las grandes empresas y lo que le sitúa como la única en su sector. El segundo es haber puesto en el mercado un material realizado con restos de poda de palmera y poliéster que ahonda en su apuesta por la economía circular.
«Su principal característica es su aspecto de fibra de madera y que es material 100 % reciclado». Poveda confiesa que aún no le ha sacado rentabilidad porque han invertido cerca de dos años en su desarrollo y es al contar la historia cuando se desvela una de las cualidades: saber ver qué va a funcionar. Su percepción no es etérea, muy al contario, saca a la luz su afición por la química y por trabajar en escenarios futuros. Para añadir, «un año, un producto».
Poveda en su despacho, delante los certificados obtenidos por la empresa. / AXEL ALVAREZ
«Cuando pienso en el futuro, pienso en el poliéster reciclado a partir del textil y no del plástico. Nuestra apuesta es el ‘tex to tex’ (textil a textil)», destaca. Y esa especie de fábrica de ideas sale la del textil hecho con bambú y poliéster polilobulado de características antibacteriana que no solo es un éxito en el mercado, sino que le valió a Gabriel todo una transformación provisional con la pandemia que le llevó a fabricar una tela que servía para mascarillas. Otro empresario de la zona destaca no solo lo que ayudó en esos momentos en los muchos de los zapateros se pusieron a coser mascarillas, es que regaló metros y metros y fue muy activo.
Preocupado por el sector y el oficio
La marroquinería y el calzado están ligados al oficio de las aparadoras. La falta de relevo preocupa, pero también otras cuestiones que llevan a Gabriel Poveda a compartir cierto pesimismo y a toparse con un obstáculo mayor: las «ganas de trabajar». Echa de menos encontrar este tipo de profesionales, hándicap que sufre y padece en su propia empresa. «Lo notas enseguida», afirma, y frente a esta circunstancia se muestra algo frustrado.
Empezó en la marroquinería con su padre y hoy considera que «el sector está tocado». Pese a las crisis cíclicas que han sabido capear el calzado y la marroquinería, cree que, esta vez, los cierres y los problemas que vive esta industria significa vivir uno de los peores momentos. Propone luces largas para construir empresas sólidas.
Buenas respuestas
Su manera de entender la empresa y el negocio es lo que le ha llevado hacia la sostenibilidad, a convertir en realidad la responsabilidad social corporativa o la conciliación de la vida familiar. Respirar todo eso es compatible con la autoexigencia y es lo que ha situado a Poveda Textil en la parte alta del mercado. «Las puertas se abren y se cierran con facilidad, pero mi filosofía es poco a poco, no hacer una venta, sino crear relaciones y fidelizar clientes. No me complico la vida: fabricamos lo que controlamos. Es mejor tener una buena respuesta ante un problema que siempre los hay».
Gabriel Poveda cita marcas de lujo, multinacionales y firmas que todos podemos tener en mente, cuando pensamos en un bolso caro o unas zapatillas de referencia, pero los acuerdos de confidencialidad le impiden hacerlas públicas. Medir y controlar el proceso desde el inicio hasta el final es lo que le ha valido abrir esa puerta a entrar en el circuito. «Cuesta tener una oportunidad. A nosotros nos la doy una firma y la aprovechamos», comenta.
«No me complico la vida: fabricamos lo que controlamos. Es mejor tener una buena respuesta ante un problema que siempre los hay»
Desde su fábrica, un equipo formado por una veintena de personas saca adelante una facturación que ya está por encima de los 3,2 millones y que salvo el paréntesis de la crisis del covid dibuja un línea ascendente suave pero continua. Cuando mira hacia adelante, el empresario reconoce un mérito compartido. «Estamos donde queríamos estar» y, en esa mirada hacia lo que está por venir, considera importante que las compañías manufactureras se suban al carro de la economía circular. Toda la burocracia de un sello como BCorp es, en su opinión, un «tema social, medioambiental y se hizo pensando en el bienestar de la gente y del equipo».
Recién aterrizado de una de las ferias de Milán, ahora pide tiempo para materializar lo hablado y es que Poveda Textil tiene una cartera netamente internacional, donde la facturación nacional es de poco más de un tercio y el resto se reparte 45 % Europa y el norte de África con un Marruecos pujante y el restante 20 % viaja hasta Asia, con China como referente. Este dibujo da pistas de quiénes son sus clientes y, sobre todo, refleja la globalidad que le ha dado traducir a tejidos lo que otros no han sabido ver: tejidos ecológicos, reciclados y orgánicos colgados del brazo y a nuestros pies.
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