El Consejo de Ministros dio este martes luz verde a un nuevo incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), octava subida consecutiva desde 2018, que lo lleva hasta los 1.221 euros en 14 pagas. El aumento supone 37 euros más para los trabajadores que lo perciben –191.400 en Canarias, según el Gobierno central, un dato que los sindicatos rebajan a 120.000– y un alza del 3,1% respecto a 2025. Pero mientras el SMI ha crecido de manera notable en estos últimos años –hasta un 66% en ocho años–, el sueldo medio que se cobra en el Archipiélago no lo ha hecho al mismo ritmo. Lo que supone que con su escalada el SMI representa ya el 70% de los ingresos que tienen los asalariados de las Islas.
A priori, la subida de los últimos años es positiva, toda vez que con los 735 euros que correspondían al SMI en 2018 difícilmente se podían afrontar los gastos mensuales de un trabajador. Pero que la remuneración mínima se incremente –a golpe de decreto, con el beneplácito solo de los sindicatos y la oposición de la patronal– a un nivel demasiado elevado respecto al del resto de los salarios también encierra riesgos. Las autoridades europeas recomiendan que el SMI pactado en sus estados miembros oscile entre un 50 y un 60% de la retribución media o mediana. Un dato que se cumple a rajatabla si se analiza a nivel estatal. Los 1.221 euros establecidos como remuneración base representan el 59% de los 2.071 euros que se cobran de media en España.
Pero, la realidad en todas las regiones del país no es la misma. Los diferentes modelos económicos y condicionantes hacen que, en autonomías como Canarias, los salarios sean sustancialmente más bajos que la media nacional. El sueldo medio en el Archipiélago se situó en el tercer trimestre de 2025 –el último dato disponible en la Encuesta Trimestral de Coste Laboral que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE)– en 1.735 euros mensuales. Lo que supone que, con la nueva subida, el SMI ya alcance el 70,3% del salario medio del Archipiélago. Hace ocho años era el 50,6%.
De hecho, el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, afirmó ayer que Canarias es la comunidad con un mayor porcentaje de personas beneficiadas por el aumento del salario mínimo interprofesional. Una medida que calificó como «clave» y «de justicia social» para las Islas. El incremento beneficiará a 2,5 millones de españoles, 191.400 canarios. Lo que significa que el 21% de los asalariados de Canarias van a percibir este incremento. O lo que es lo mismo, en la comunidad con los segundos salarios medios más bajos de España, uno de cada cinco trabajadores cobra el SMI.
Y como se decía, aunque a priori el avance del salario mínimo es positivo porque debe garantizar a los trabajadores los recursos suficientes para poder subsistir, que galope con excesiva velocidad y acabe acercándose demasiado al sueldo medio también tiene sus riesgos. ¿Por qué? Porque una empresa que no tiene la fortaleza suficiente para afrontar esta subida tendrá que irremediablemente trasladarla a los precios de los bienes y servicios que vende o presta, con el consiguiente perjuicio para los consumidores y efecto en la inflación. Para las empresas que carezcan del músculo necesario –que son las que, generalmente, pagan el SMI– el trastoque a su cuenta de resultados puede cercenar sus posibilidades de crecimiento o inversión. Y para los trabajadores, porque un salario mínimo demasiado inflado puede limitar la demanda de empleados, ante la reticencia de las empresas en incrementar la plantilla por los mayores gastos que tendrían que afrontar. Aunque, esta subida del SMI no se prevé que ocasione destrucción de puestos de trabajo, tal y como ha sucedido en las anteriores, por lo que sus efectos pueden notarse más bien en esa limitación a la hora de crearlos.
Situaciones que pueden ser más persistentes en regiones como Canarias, donde la inmensa mayoría de sus empresas son pequeñas y con una alta dependencia por el sector servicios. Por eso, las patronales isleñas ya han criticado en numerosas ocasiones el avance del SMI,y en general de los salarios, sin tener antes en cuenta la productividad.
La escalada que el SMI emprendió en 2018 con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa ha tenido también otro efecto curioso. Quienes lo perciben –el estrato de asalariados más vulnerable, toda vez que ganan el salario más bajo que se puede cobrar por una jornada completa– son los únicos que han ganado poder adquisitivo en los últimos ocho años. Parece paradójico, pero no lo es. Mientras el SMI se ha incrementado un 66,1% en ese periodo –desde los 735 euros al mes hasta los 1.221 de la subida de 2026–, la inflación lo ha hecho un 24,6%. ¿Qué significa? Que el poder adquisitivo de este colectivo ha aumentado 41,5 puntos por encima de la subida de los precios, por lo que, este incremento sí se ha notado. Y aunque esos 1.221 euros sigan siendo un sueldo modesto, el aumento sí se ha traducido, al menos sobre el papel, en una mejora de su nivel de vida.
No pueden decir lo mismo el resto de los asalariados del Archipiélago. De media, los sueldos han aumentado un 19,5%. Si en 2018 un trabajador canario ganaba 1.451 euros mensuales, ahora esta cifra se ha incrementado hasta los 1.735. Pero, al mismo tiempo, la inflación lo ha hecho otro 24,6%, con lo que, a pesar de la subida, su capacidad adquisitiva se ha reducido en cinco puntos. ¿Qué significa esto? Que aunque ganen más, ni siquiera pueden comprar lo mismo que compraban hace ocho años, sino que el sueldo les da para mucho menos.
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