lo que la última trifulca en el Parlamento turco revela sobre la deriva autoritaria de Erdogan

Como si se tratara de un miliciano a sueldo de Recep Tayyip Erdoğan, el diputado de su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas) Osman Gökçek fue quien asestó el primer puñetazo.

Fue contra Mahmut Tanal, diputado por Sanliurfa del principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP), cuando, como el resto de miembros de su formación, intentaba impedir la toma de posesión del exfiscal de Estambul, Akın Gürlek, como nuevo ministro de Justicia.

Tanal acabó con sangrado nasal y fue trasladado al hospital del edificio. Hasta dos veces habían intentado sabotear el nombramiento cuando se desató la refriega, en la que otro diputado del CHP, Servet Mullaoğlu, resultó también agredido: cayó al suelo y recibió numerosas patadas de representantes del AKP.


El recién nombrado ministro de Justicia de Turquía, Akin Gurlek, rodeado por legisladores del gobernante AKP, que lo protegen de los diputados protestantes del principal partido de la oposición.

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Otro republicano, Cem Avşar, acabó con una luxación de hombro. Al mismo tiempo, la diputada opositora por Hatay, Nermin Yıldırım Kaya, lanzaba libritos de la Constitución contra la tribuna.

Los del opositor CHP fueron vencidos en su intento por bloquear el nombramiento de Gürlek, cuya firma figura en investigaciones controvertidas, en procesos iniciados contra municipios gobernados por el CHP, empezando por el alcalde de Estambul y principal rival político del presidente, Ekrem İmamoğlu, encarcelado desde marzo y contra quien Gürlek pidió en noviembre más de 2.300 años de cárcel.

Fue el miércoles, en la sesión de la Gran Asamblea Nacional de Turquía (TBMM) donde también juraba su cargo el nuevo ministro del Interior, Mustafa Çiftçi, otro miembro de la línea dura de Erdoğan.

A la salida del pleno, ambos ministros dejaron sin respuesta las preguntas de los periodistas. Mientras Gürlek agradecía a sus colegas que no «escatimaran su apoyo» para su investidura.

El muy macho Erdoğan, en el poder desde hace más de dos décadas, respondía a la oposición: «Para impedir que nuestros ministros jurasen, exhibieron toda clase de matonismo, incluida la ocupación de la tribuna del pueblo… Si no podéis impedirlo… No os alcanza ni la mano para detener este rumbo, Özgür [Özel, líder del CHP]», quien había interpretado el nombramiento como la «continuación de un ataque dirigido contra el CHP», y un desafío a la República y a la ya mermada democracia turca.

Por su parte, el alcalde electo İmamoğlu emitió un comunicado desde la prisión: «Nuestra tradición estatal, nuestra República, nuestra democracia y nuestro futuro están bajo una gran amenaza».

Mientras que la vicepresidenta del CHP, Gül Çiftçi, escribió en X: «El nombramiento del fiscal jefe de Estambul como ministro de Justicia es una recompensa explícita por las operaciones que, desde el 8 de octubre de 2024, ha emprendido contra nuestro partido».

Clavo en el ataúd

Los nombramientos no son técnicos, sino un clavo más en el ataúd de la democracia turca.

Erdoğan inició hace más de una década el giro hacia lo que los analistas consideran un «autoritarismo competitivo», un régimen donde hay elecciones y oposición legal, pero el Gobierno inclina de forma sistemática el terreno de juego mediante control de medios, justicia, administración electoral, policía y recursos del Estado.

Desde las protestas masivas del Parque Gezi en 2013, Erdoğan respondió al disenso con represión policial, judicialización y control creciente de medios.

Tras el fallido golpe del 15 de julio de 2016, el estado de emergencia (2016–2018) permitió gobernar por decretos, ejecutar purgas masivas (150.000 funcionarios) y reconfigurar la burocracia, la judicatura y la seguridad.

El referéndum de 2017 consolidó una presidencia ejecutiva con más palancas sobre el sistema judicial. Aunque siguen existiendo elecciones y oposición, el terreno se inclina mediante presión judicial, recursos estatales, restricciones a protesta y erosión informativa.

Con los nombramientos de esta semana el Reis refuerza el giro autoritario con más control del derecho penal y la judicatura así como del orden público.

Como subraya Murat Yetkin, el ministro de Justicia preside también el Consejo de Jueces y Fiscales (HSK), lo que amplía su capacidad de influir en nombramientos, traslados y expedientes disciplinarios.

En esa misma línea, el periodista judicial Alican Uludağ advierte de una concentración de autoridad: desde la capacidad de mover jefes de fiscalía y cuadros judiciales hasta el control del sistema penitenciario vía ministerio.

Si antes el foco era Estambul, el cambio permite escalar el patrón a nivel nacional, con investigaciones, medidas cautelares, prisiones preventivas y señales disciplinarias en la carrera judicial.

En cuanto a la cartera de Interior, Erdoğan refuerza su mano dura y ajusta los equilibrios con su socio de la derecha nacionalista, el partido MHP (Partido del Movimiento Nacionalista), ya que Çiftçi es un ministro más radical que otros miembros del AKP capaz de muscular a la policía y los gobernadores en las protestas populares, lo que satisface al votante del MHP.

El timing de los nombramientos tampoco es casual, llega ante de hitos judiciales y de ciclo político.

En Turquía, mover simultáneamente Justicia e Interior suele leerse como una señal de que el poder quiere alinear coerción y legalidad antes de meses potencialmente turbulentos, con protestas por juicios sensibles.

Dentro de la judicatura, el gesto se lee como una vuelta de tuerca más en el deterioro de las garantías de defensa en causas políticas.

Mientras, el Gobierno repite el eslogan de «reformas, rapidez y seguridad». Gürlek habló de acelerar procesos, reforzar la certeza jurídica y mantener la firmeza contra el delito de forma eficiente.

Según los comentaristas de los kulis, los pasillos del poder, Erdoğan no solo cargó públicamente contra la oposición, sino que también estaría molesto con algunos diputados de su propio partido por las imágenes y el comportamiento durante el incidente.

Las imágenes han dado la vuelta al mundo, en un momento en el que Ankara intenta ocultar sus desmanes internos con propaganda de su supuesta mediación entre Estados Unidos e Irán, o en Siria.

Para los panfletarios del régimen, la oposición intentó impedir un procedimiento constitucional y llevó a cabo un acto provocativo que daña el prestigio y la dignidad de la cámara.

En la calle y en los sectores opositores kurdos se destaca que los del AKP actuaron como auténticas «milicias del Reis», dispuestos a partirse la cara para demostrar lealtad y ganar números delante de él.

El episodio se produce en un momento delicado para la causa kurda, con las negociaciones para desarme del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) pendiente de un hilo, y su sometimiento en el noreste de Siria, mientras Erdoğan intenta ganar el apoyo de los partidos kurdos, según los críticos para reformar la Constitución y prolongarse de nuevo en el poder fuera de los límites legales.

El alcalde encarcelado de Estambul, Ekrem Imamoglu.


El alcalde encarcelado de Estambul, Ekrem Imamoglu.

Dilara Senkaya

Reuters

Una larga hemeroteca

No es la primera vez que se lían a golpes en el Parlamento turco.

Durante el mandato erdoganiano ha habido por lo menos seis episodios similares desde 2016, por la ley de inmunidad parlamentaria, en 2017 por la reforma constitucional «presidencialista» que ampliaba la legislatura del líder, incluso una diputada se esposó a la tribuna; en dos ocasiones estalló la violencia en el hemiciclo (2018 y 2024) con los representantes kurdos; y en 2024 hubo sangre en el atril por desobediencia a decisiones del Constitucional.

No todos los altercados se concentran en la era Erdoğan.

En el periodo 1950-70 también hubo episodios de violencia parlamentaria que se recuerdan como «históricos»: en 1958 se cita una pelea en la Asamblea en la que llegaron a «volar maletines y bolsos»; el 19 de febrero de 1968, durante el debate del presupuesto del Ministerio del Interior, diputados del Adalet Partisi se abalanzaron sobre los de la Türkiye İşi Partisi y el escritor y diputado Çetin Altan fue golpeado; y el 25 de julio de 1975, en el clima de una votación de confianza del Gobierno de Süleyman Demirel, se rememora una jornada de tensión extrema asociada a amenazas y «armas desenfundadas» en el Parlamento.

Y mientras el principal miembro de la OTAN en Oriente Medio se va convirtiendo en una dictadura, Europa mira hacia el otro lado.

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