Hablamos con cuatro especialistas de Quirónsalud para descubrir cómo funcionan nuestros ojos y los problemas visuales más frecuentes
Casi 25 millones de españoles utilizan gafas o lentes de contacto. Así lo confirma el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas (CGCOO), que subraya que más de la mitad de ellos lo hace por miopía (dificultad para ver objetos lejanos). Este defecto visual es, según la Organización Mundial de la Salud, una auténtica pandemia que, sin las oportunas medidas preventivas, podría afectar a la mitad de la población mundial en 2050.
Pero los problemas visuales no terminan ahí. Tal y como recoge el Libro Blanco de la Salud Visual en España 2025, el 80% de los españoles presenta algún error refractivo, como la citada miopía, además de hipermetropía (dificultad para ver objetos cercanos), astigmatismo (visión borrosa a cualquier distancia debido a una curvatura irregular de la córnea o cristalino) y presbicia (vista cansada, provoca dificultad progresiva de enfoque cercano). A estos se suman otras alteraciones que van desde el síndrome del ojo seco o la conjuntivitis hasta patologías más complejas como las cataratas, el glaucoma, la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), la retinopatía diabética o el estrabismo infantil. Un amplio panorama que obliga a prestar atención a la salud ocular desde la infancia hasta la vejez. No en vano, ver bien no solo condiciona nuestra calidad de vida, sino también nuestra autonomía, nuestro rendimiento académico y laboral, y nuestra seguridad.
Para comprender por qué los trastornos visuales son tan frecuentes y por qué muchas de estas enfermedades aparecen o se agravan con el paso del tiempo, es necesario mirar el ojo por dentro. Analizar cómo funciona esta compleja maquinariabiológica ayuda a entender tanto su fragilidad como su extraordinaria capacidad.
El ojo por dentro: una máquina precisa
Como explica el doctor Juan Donate, jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario La Luz, “cada ojo es una cámara de alta resolución. La imagen que llega a la retina está invertida y es el cerebro el que se encarga de reorganizarla, fusionar la información de ambos ojos, eliminar el ruido e interpretar la imagen resultante”.
“El ojo es un órgano complejo formado por varias estructuras que trabajan de manera coordinada para permitir la visión”, añade el doctor Manuel Losada, jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital Quirónsalud Murcia. En su parte más externa se encuentra la córnea, una capa transparente que protege el ojo y actúa como su principal sistema de enfoque. “Es la primera lente del ojo y la más potente, actuando como un gran angular”, señala el doctor Diego Castanera Gratacós, especialista del Servicio de Oftalmología en, en el Centro Médico Teknon.
Tras la córnea se sitúan el iris y la pupila. El iris, músculo responsable del color de los ojos, funciona como un diafragma que regula la entrada de luz modificando el diámetro de la pupilaen función de la iluminación. Como curiosidad, el doctor Donate explica que tener los ojos marrones, azules o verdes depende de la “concentración de melanina y de variaciones en la vascularización, incidencia de la luz, dispersión de esta y por supuesto esto está condicionado genéticamente. Incluso hay una evolución a lo largo de nuestra vida y ciertas patologías, como la dispersión pigmentaria o infecciones por herpes que hacen que este color pueda cambiar”. Además, las huellas del iris son únicas, tan singulares como las dactilares, y por eso se utilizan en sistemas de alta seguridad.
La luz atraviesa después el cristalino, una lente natural capaz de cambiar su forma para enfocar objetos a distintas distancias, un proceso conocido como acomodación y que recuerda al zoom de una cámara fotográfica. “Cuando el cristalino empieza a perder elasticidad aparece la presbicia, y con el tiempo es donde se desarrollan las cataratas”, apunta el doctor Castanera.
La imagen enfocada llega finalmente a la retina, una capa interna formada por millones de células fotosensibles que transforman la luz en impulsos eléctricos. “La retina convierte los estímulos luminosos en señales nerviosas que viajan por el nervio óptico hasta el cerebro, donde finalmente se construye la imagen que vemos”, detalla el doctor Emanuel Barberá Loustaunau, oftalmólogo y coordinador médico del Instituto Oftalmológico Quirónsalud A Coruña. En el centro de la retina se encuentra la mácula, responsable de la visión fina y del detalle, imprescindible para leer o reconocer rostros.
El doctor Donate explica que el ojo humano puede distinguir alrededor de 10 millones de coloresy procesa la información visual a gran velocidad, en estrecha conexión con el cerebro. “Aunque solo disponemos de tres tipos de conos —verde, rojo y azul—, con ellos se pueden generar casi infinitas combinaciones. Pero no todos percibimos igual los colores, depende de la experiencia y el aprendizaje acumulados a lo largo de la vida. Además, existen variaciones genéticas que permiten distinguir más tonalidades, mientras que el daltonismo dificulta la percepción cromática, sobre todo en hombres”.
Completan el globo ocular estructuras de soporte como la esclerótica, la parte blanca que da forma y protección al ojo; la coroides, rica en vasos sanguíneos; el humor vítreo, un gel transparente que rellena el interior del ojo y mantiene su estructura; y el humor acuoso, un líquido claro que nutre la córnea y el cristalino. Un engranaje delicado en el que cualquier alteración puede traducirse en problemas de visión, desde leves errores de enfoque hasta enfermedades graves.
Cuando el engranaje falla: enfermedades oculares
“Entre los problemas más comunes tenemos los errores refractivos— miopía, hipermetropía, astigmatismo y presbicia—, que se producen cuando la forma del ojo impide que la luz se enfoque correctamente sobre la retina. No dañan el ojo en sí, pero afectan de forma directa a la calidad visual”, señala el doctor Losada, y requieren corrección específica mediante gafas, lentes de contacto o cirugía.
A partir de los 60 años, la causa más frecuente de pérdida de visión son las cataratas, hoy por hoy principal causa de ceguera reversible en el mundo. Estas se producen cuando el cristalino se vuelve opaco, lo que genera una visión nublada, como si se mirara a través de un cristal sucio. A pesar de estar ligadas al proceso de envejecimiento natural del ojo y resultar muy limitantes, tienen un tratamiento quirúrgico eficaz.
El glaucoma es otra patología ligada al envejecimiento. Se trata de un daño progresivo del nervio óptico, muchas veces asociado a un aumento de la presión intraocular. Al inicio no produce dolor y afecta primero a la visión periférica. “Su principal peligro es que avanza de forma silenciosa y el daño que provoca es irreversible si no se detecta a tiempo”, advierte el doctor Barberá.
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) afecta a la parte central de la retina, dificultando actividades como leer o reconocer caras. Existen dos formas: la seca, que no tiene tratamiento, y la húmeda, que puede tratarse con fármacos intraoculares.
Además, “las enfermedades sistémicas como la diabetes pueden afectar gravemente a la salud visual”, recuerda el doctor Losada, subrayando la importancia de la prevención y el control médico para evitar dolencias como la retinopatía diabética. La enfermedad daña los vasos sanguíneos de la retina y, en fases avanzadas, puede provocar ceguera total.
A estas patologías se suman infecciones o inflamaciones oculares, traumatismos, lesiones por accidentes o enfermedades hereditarias y congénitas. Muchas de ellas pueden prevenirse o tratarse si se detectan a tiempo mediante revisiones oftalmológicas periódicas.
Cómo cuidar la vista y señales de alerta
Además de estas revisiones, que debemos realizar incluso cuando no se perciben problemas, los especialistas dan algunos consejos para cuidar nuestros ojos. “Descansar la vista durante uso prolongado de pantallas, trabajar con buena iluminación, usar gafas de sol con protección UV, mantener una dieta saludable rica en vegetales y omega-3, no fumar y controlar el consumo de alcohol, evitar frotarse los ojos y extremar la higiene son hábitos básicos para preservar la salud ocular”, menciona el Dr. Castanera.
La limpieza de los ojos debe hacerse con cuidado: manos siempre limpias, uso de suero fisiológico o agua potable, movimientos suaves desde el lagrimal hacia afuera y una gasa distinta para cada ojo. En el caso de secreciones secas, conviene humedecer primero y nunca frotar. Además, el Dr. Losada recomienda “evitar el uso de manzanilla (puede contener partículas o alérgenos) o jabones agresivos”.
La pérdida repentina de visión, la aparición de visión doble, el dolor intenso en el ojo, un ojo rojo acompañado de dolor y visión borrosa, los destellos de luz, la aparición súbita de manchas negras o de una sombra o “cortina” en el campo visual, o cualquier golpe en el ojo requieren atención médica inmediata pues “pueden indicar patologías graves que requieren atención urgente”, señala el doctor Barberá. Esperar a que “se quite solo” puede marcar la diferencia entre conservar o perder la visión.
Gafas, pantallas y mitos visuales
Cuidar bien nuestros ojos también implica desterrar algún que otro mito. Uno de los más extendidos es que usar gafas vuelve al ojo “vago”. “Es falso”, aclara el Dr. Losada. “Las gafas no empeoran la visión ni debilitan el ojo; simplemente permiten que la imagen llegue nítida a la retina permitiendo que el ojo vea correctamente y evitando el sobreesfuerzo visual”, explica. “La sensación de ver peor al quitarlas se debe a que, al acostumbrarse a ver nítido, la borrosidad previa se hace más evidente”, añade el doctor Barberá, quien matiza: “El llamado ojo vago o ambliopía es otra cosa distinta: se trata de un problema del desarrollo visual en la infancia que, si no se trata a tiempo, puede dejar una pérdida visual permanente. En estos casos, las gafas suelen ser parte del tratamiento, no la causa”
En cuanto al uso intensivo de pantallas, cada vez más presente en la vida diaria, tampoco daña el ojo de forma permanente, pero sí puede provocar fatiga visual, sequedad ocular, visión borrosa, dolor de cabeza y molestias cervicales. “Parpadeamos menos, no hacemos descansos y mantenemos un esfuerzo de enfoque continuo”, explica el Dr. Castanera. Medidas sencillas como la regla 20-20-20 (cada 20 minutos, mira a 20 pies (6 metros) durante 20 segundos para relajar la acomodación), parpadear con frecuencia, ajustar la iluminación y una buena ergonomía ayudan a minimizar estos efectos negativos y mantener una visión saludable a lo largo de la vida.












