Bajo el efecto Anoeta, por Lobo Carrasco

1 BAJO EL EFECTO ANOETA. Era previsible que Hansi Flick comenzase con Gerard Martín de lateral pero no con Raphinha. El brasileño demostró en los sesenta minutos que estuvo sobre el césped que tanto en el fútbol de ataque como realizando la presión alta, es fundamental.

El encuentro arrancó con el Barça dominador y el Girona de contragolpe. Con la línea defensiva local intentando no quedar demasiado atrás, el bloqueo interno para los azulgranas se convirtió en embudo. Míchel dispuso que Arnau estuviese muy pegado a Lamine y para el F.C.Barcelona resultó difícil conseguir profundidad.


Pero lo que se vio claramente es que los de Flick siguen negados de cara al gol. Remates rozando el poste, uno contra uno ganado por Gazzaniga, zurdazos y derechazos sin puntería y para más dolor psicológico, un penalti lanzado al poste por Lamine en el último minuto de este primer acto. El mismo poste que, minutos antes, repelío un remate cruzado de Raphinha.

De solucionar el partido en media hora a sufrirlo en un segundo tiempo estrambótico.

2 JOAN GARCÍA EVITA EL ADELANTAMIENTO DEL GIRONA. Con el 0-0 en los vestuarios, teníamos claro que el mayor trabajo lo tenía Flick. Se trataba de convencer a sus jugadores para mirar hacia delante y no quedarse en todas las ocasiones desperdiciadas.

El marcador hacía más daño a los blaugrana y con eso también supo ‘jugar’ el Girona. El Barça elaboraba fútbol pero seguía sin encontrar LA PEGADA; sobre todo dentro del área de Gazzaniga. El partido iba hacia campo gironí pero volvía a campo azulgrana para poner a Joan García al límite. Las intervenciones del meta de Sallent fueron avisos de lo que podría suceder más tarde.

Y lo que volvió a suceder es que después de casi sesenta minutos de partido, el F.C.Barcelona marcó pero en el minuto siguiente, encajó. Otro efecto psicológico que pesó en los futbolistas de Hansi Flick. Cubarsí, de cabeza, desatascó el cerocerismo, y Lemar, devolvió el guion a Míchel y la moral a sus compañeros.

3 DE LA FRUSTACIÓN A LA ANSIEDAD. Me gustó la respuesta de Lamine, pidiendo permanentemente la pelota, después de errar el penal. Pero algo quedó claro: con Raphinha sobre el césped el equipo era más punzante e insistente presionando. Se fue el brasileño al banquillo y el equipo quedó sin agresividad (siempre deportiva).

Recibir el empate tan seguido generó un escenario muy remarcado para el conjunto de Míchel que, con los cambios y salvando las ocasiones que generó el Barça, puso el partido parecido a como lo ejecutó el Atlético en el Metropolitano.

Con el Barça a por el gol que le devolviera el liderato llegaron más ocasiones para el Girona. Quien metiese ganaba y fue el Girona quien le sacó más rendimiento a los cambios.

Joel Roca, casi; Echeverría, huy; Fran Beltrán, ¡zas! Era el minuto 86 y desde ahí, la rabia blaugrana creció, la defensa acorazada, para satisfacción de Gazzaniga, aguantó y el Barça ya no pudo conseguir ni el empate.

En el juego aéreo depositó mucha confianza Flick, ya con Lewandowski y Araujo en liza, pero se acabó. Lo positivo es que ganar LaLiga sigue dependiendo del Barça y lo negativo, que no recuperaron la pegada.



Fuente