No todas las ciberestafas son iguales. Las más numerosas afectan al bolsillo, pero las más dolorosas también pueden destrozar el estado de ánimo. Se trata de los fraudes románticos, en los que los delincuentes crean perfiles falsos en redes sociales o aplicaciones de citas para ganarse la confianza y el afecto de las víctimas. El modus operandi es más o menos el mismo: inician una relación sentimental virtual en la que acaban pidiendo dinero apelando a emergencias o enfermedades que no son reales antes de desaparecer.
A este mecanismo de seducción psicológica se le suma la irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa, que ha cambiado el panorama preventivo. Hasta ahora los expertos en ciberseguridad instaban a eventuales víctimas a desconfiar de los presuntos amantes cuando pusieran excusas para hablar por teléfono o quedar físicamente. Ahora, sin embargo, la IA ofrece la posibilidad de que un perfil falso simule fotografías y vídeos o incluso realice videollamadas para resultar más creíble.
Manipulación psicológica
Esta es una de las conclusiones de la jornada ‘De la intimidad al fraude: anatomía de las estafas románticas en la era digital’ organizada desde el máster universitario de Ciberdelincuencia, de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). La responsable de esta formación, la profesora de Criminología de la UOC y directora del Máster en Ciberdelincuencia Patricia Hernández Hidalgo, explica a este diario que la IA generativa tiene un efecto «catalizador» al facilitar la manipulación psicológica con tecnologías de ultrafalsificación (‘deepfake’) o suplantación de voz e imagen.
Hernández señala que un chatbot puede generar perfiles e historias convincentes en cuestión de segundos. De este modo, la IA «trabaja» para el estafador individual o para mafias, generando más contenido en menos tiempo con el objetivo de llegar a más víctimas. «Estas estafas pueden llegar a ser exponenciales», señala la docente.
Separaciones recientes
Otro de los participantes en la jornada, el perito judicial informático Bruno Pérez, subraya que «la IA cambia las reglas del juego». Advierte de que basta una grabación de tres minutos de nuestra voz para que puedan clonarla y de que se suelen falsificar identificadores de llamadas, direcciones de correo y hasta imágenes.
Según el perito judicial, tras la inmensa mayoría de las ciberestafas amorosas no hay estafadores solitarios –como es el caso de Albert Cavallé, conocido como el estafador de mujeres– sino grupos organizados que tienen sistematizada la búsqueda de perfiles abiertos en aplicaciones de citas o redes sociales. De hecho, buscan personas recientemente separadas o incluso que comparten mensajes o imágenes de autoayuda o de terapias naturales que apunten a que esa persona se está recomponiendo emocionalmente.
A partir de ahí, ponen el foco en detectar vulnerabilidades y contactan con la persona ofreciéndole atención. «Hasta que se aprovechan y te roban el dinero», afirma el perito. Por lo general, estas mafias operan desde países del sudeste asiático, Sudamérica o europeos como Rusia o Ucrania. «Mientras crees que estás hablando con el amor de tu vida, tres o cuatro personas diferentes se van pasando tu perfil a la vez que buscan otras víctimas», explica el perito.
«Paraísos tecnológicos»
Precisamente, al tratarse de bandas criminales que suelen encontrarse en otros países, es difícil perseguirlas legamente: resulta complicado establecer el autor material y también conseguir información por parte de las autoridades de los Estados que no tienen convenio de colaboración con España y actúan como «paraísos tecnológicos». Pese a ello, la mayoría de las estafas que llegan a juicio –tras haber podido localizar al presunto responsable– suelen acabar en condena, explica la doctora Mariona Llobet, profesora de Derecho Penal en la Universitat Pompeu Fabra.
De hecho, la tarea principal de las acusaciones es demostrar el engaño –la entrega de dinero es voluntaria–, por lo que Llobet considera que es importante que tanto policías, como fiscales o jueces sean «más comprensivos» con las denunciantes para no revictimizarlas.
El caladero de las ‘apps’ de citas
Cabe decir que las ciberestafas románticas han experimentado un importante crecimiento con las aplicaciones de citas. Los delincuentes han dejado de usar las redes sociales convencionales para centrarse en estas apps, ya que en ellas les resulta más fácil localizar a potenciales víctimas. «Lanzan el anzuelo a 30 y pueden responder tres», explica la profesora Patricia Hernández Hidalgo. «Todos estamos bastante expuestos a estos fraudes a partir del surgimiento de las aplicaciones de citas, donde todo es virtual».
Los delincuentes suelen contactar con muchos perfiles de usuarios e intentan establecer vínculos emocionales con las personas que contestan. Cuando las víctimas se van abriendo y cuentan asuntos personales, empieza la llamada fase del ‘bombardeo de amor‘: el estafador hace muestras muy exageradas de afecto y atención, siempre de forma virtual, para crear dependencia en la víctima.
Con la fase de más bombardeo de amor los delincuentes «hackean el cerebro» y empiezan a pedir dinero a una víctima que está enganchada.
Hernández Hidalgo apunta a que se trata de una estrategia «cerebral pura y dura» que genera en la víctima un enganche bioquímico, una adicción potenciada por el uso de la tecnología. «En ese momento el córtex prefrontal, la parte del cerebro que rige con más racionalidad nuestra conducta, se ve afectado y se empieza a idealizar la relación –explica la profesora–, entrando en una fase de dependencia emocional, de ‘almagemelización’, en la que la víctima idealiza a la otra persona y cree que mantiene un vínculo maravilloso».
Es en este punto cuando los delincuentes «hackean el cerebro» y empiezan a pedir dinero a una víctima que está enganchada. La profesora de la UOC recuerda que se «nos enseñado que el amor romántico tiene que ser intenso, apasionado, incondicional y sufrido, lo cual no es cierto, pero esa creencia influye en generar e incrementar el enganche hacia la otra persona».
Doble herida
También la doctora Jone Martínez Bacaicoa, docente en la Universidad Autónoma de Madrid, destaca que los estafadores usan técnicas de persuasión diseñadas para explotar la vulnerabilidad humana. Para ello crean perfiles falsos, en su mayoría masculinos, con fotos de personas atractivas, tanto robadas como creadas con IA. Después explican que ejercen profesiones que generan «seguridad y confianza» e implican mucha movilidad –como por ejemplo soldado, médico, policía o piloto– a la que apelan para posponer encuentros reales y mantener solo contacto virtual. En los perfiles también exponen características que buscan generar empatía. Por ejemplo, explican que son viudos o que están implicados en labores humanitarias.
A partir de ahí, la mayoría busca perfiles muy concretos: habitualmente gente mayor que se encuentra sola y tiene poder adquisitivo. Después, en poco tiempo establecen un vínculo muy intenso con halagos y muestras exageradas de cariño y atención. Más tarde, juegan con las víctimas a la «intermitencia». Según la doctora, los estafadores combinan momentos amorosos con pequeñas ausencias. Cuando piden dinero se establece un «chantaje emocional» hasta que la víctima se da cuenta y el estafador desaparece. Entonces la afectada se queda con una «sensación de violación emocional» y puede aparecer la vergüenza, la ansiedad, la pérdida de autoestima o la depresión.
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