No es ningún secreto que entre los barones del Partido Popular (PP) hay severas diferencias, ni que estas se dan particularmente entre dos de los principales, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso y el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno. Tampoco que al presidente nacional del partido, Alberto Núñez Feijóo, en su día homólogo de ambos como presidente de la Xunta de Galicia, le une una estrecha relación política y personal con el segundo, mientras que con la primera ha pacificado las relaciones tras la turbulenta etapa anterior de Pablo Casado, aunque sin llegar tampoco a más.
Pero al margen de la consabida posición de partida, el arranque del año ha evidenciado hasta qué punto el encaje de Génova es mayor de Despeñaperros hacia abajo que con los vecinos de escalera de la primera planta, donde se ubica la sede del PP madrileño, en el mismo edificio del número 13 que alberga la sede central de los populares desde hace décadas. A pesar de las sucesivas crisis, de enorme envergadura, que ha tenido que afrontar en el presente curso político el presidente andaluz, líder también del PP en la comunidad autónoma más poblada de España, su perfil de hombre moderado e institucional y, sobre todo, poco problemático para la cúpula nacional de su partido, permanece incólume. Frente a una Ayuso cuya impronta y personalidad, más algunas cuestiones sobrevenidas, suponen en muchas ocasiones un serio problema para Feijóo.
Moreno ha tenido que hacer frente desde después del verano a la crisis de las mamografías, para la que nombró expresamente a un veterano de los populares andaluces como Antonio Sanz como nuevo hombre fuerte de la Junta en su calidad de flamante consejero de Sanidad, Presidencia y Emergencias del Gobierno andaluz. Y con él en el cargo han llegado otras dos crisis de mucho calado, como la del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) del pasado 18 de enero y las recientes inundaciones, singularmente las de Grazalema, en la provincia de Cádiz. En la dirección popular se valora el talante prudente de Sanz, quien por ejemplo la primera semana de febrero, y ante las ya para entonces alarmantes previsiones meteorológicas, decidió suspender la agenda que tenía prevista con varios actos en Madrid. Las comparaciones con otras situaciones, singularmente lo ocurrido con la dana de Valencia a finales de 2024, son elocuentes.
La medalla a Estados Unidos y la respuesta de Sheinbaum
Sin que sean situaciones comparables, al menos al 100%, y sin salir de esta misma semana, Ayuso es una dirigente capaz de centrar el foco y la polémica por actuaciones como la concesión de una medalla a Estados Unidos, duramente criticada por la izquierda por considerarlo una concesión a Donald Trump, algo que la Comunidad de Madrid niega. O por haber soliviantado a una mandataria extranjera como la presidenta de Méjico, Claudia Sheinbaum, quien tildó de calumnia la definición de su país como «narcoestado» realizada recientemente por Ayuso, justamente en un vídeo remitido a un encuentro de líderes derechistas internacionales celebrado en Mar-a-Lago, la residencia privada del presidente Trump. Allí comparó al país centroamericano con la dictadura de Cuba, además de anunciar la medalla de marras.
Asuntos, estos últimos, que comprometen a un Feijóo que si bien ha elegido hace tiempo el camino de la neutralidad institucional con Trump, no es ningún secreto que no comparte medidas de su administración como los aranceles, o la apuesta por los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, para pilotar la nueva situación en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. Sin embargo, cualquiera de esas discrepancias, y otras como las referentes a las amenazas de Trump a la integridad territorial de Groenlandia, se realizan sin cargar las tintas contra el actual inquilino de la Casa Blanca. Y todo ello porque, según un diagnóstico que Feijóo ha compartido con los suyos, ya habría bastante gente en España atacando directamente a Trump, con el que tendría que cohabitar si el año que viene logra suceder a Pedro Sánchez después de las próximas elecciones generales.
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