El amor al que Tony Grox y Lucycalys cantan es universal. Ruge volcánico y escarpado. Un tanto exaltado. Habla de besos, pero también de adioses. Entra por los poros. Sólo busca abrigar las noches. No hay quien haya podido escapar de él. Por ello, T amaré cala tan rápido. Va directa al tuétano. Y, claro, en tiempos antipáticos, recordar lo que un día templó el corazón resulta fascinante. Hay algo visceral en ella que la vuelve hipnótica. Es un grito de liberación. Un himno popular. Anoche, quedó patente. Fue la única canción del Benidorm Fest capaz de unir a la multitud en torno al mismo sentimiento. Sonó contundente, directa. Como un mantra. Una y otra vez. Suya es la Sirenita de Oro, precisamente, ojo, por haber reivindicado como nadie la necesidad de querer. Sin eufemismos, con la mirada alta.
T amaré es el tema que, como sucedió con Ay, mamá, de Rigoberta Bandini, trascenderá el certamen. Resulta tan evidente en sus intenciones que, pese a sonar demasiado genérica por segundos, se agarra rapidísimo. Su alma flamenca la diferenció del resto de opciones urbanas. Un matiz que, en competiciones así, con tantísimos estímulos, decantó la victoria. Nunca antes había llegado hasta aquí un DJ. Y la fórmula funcionó. Para llevar la electrónica a lo más alto, Antonio y Lucía no dudaron en mezclarla con los géneros que están despuntando en las listas. Derrocharon química. Sorprendieron. Este sábado, se consolidaron en una final que, por fin, tras años con guiones forzados, ha encontrado el tono perfecto gracias a un Jesús Vázquez y una Inés Hernand en estado de gracia.
No irán a Eurovisión como hicieron Chanel, Blanca Paloma, Nebulossa y Melody. Una pena, lo hubiera barrido. Así lo decidió RTVE tras confirmarse la presencia de Israel en el concurso. La polémica llevaba dos ediciones copando titulares: mientras Eden Golan (2024) y Yuval Raphael (2025) cantaban, su país asesinaba a personas en Gaza. Lo que, sin embargo, a diferencia de lo que sucedió con Rusia, no provocó su expulsión. A cambio, Tony Grox y Lucycalys recibirán los 150.000 euros que estaban en juego. Acumularon 166 puntos, 26 más que Rosalinda Galán (3ª), la gran favorita gracias a la deslumbrante Mataora. Estuvo exquisita, contemporánea. No dejó indiferente. Un viaje emocional a través de la Carmen de Prosper Mérimée, símbolo de la liberación femenina, que rebosó entrañas. Desprendió tanta electricidad que fue imposible no dedicarle una mirada. No sólo cantó, contó. Un matiz que, en una cita sedienta de escalofríos, resultó determinante.
Kenneth (12º) , por su parte, junto a Miranda! y Bailamamá (5º), bien podrían haberse hecho con el triunfo. Partían como las candidaturas más escuchadas y, quizá, por ello, no acabaron de cumplir las expectativas. Fueron abrumadores, pero les faltó chispa para desmarcarse. La realización del primero fue impecable: fuego, sudor, actitud. De latido urbano y vena rabiosa, Los ojos no mientenes hija de su tiempo. Y, en 2026, oye, se agradecen propuestas así. Ahora bien, estuvo todo tan milimetrado que, tal vez, faltó duende. Todo lo contrario que los segundos: a Alejandro, Juliana y Óscar sólo les falló el concepto. Aunque, bueno, quien conozca su trayectoria sabe que son así de estrafalarios. Despierto amándote es una explosión de color tan bien orquestada que te arrastra desde el primer compás. Que el dúo de Argentina se haya dejado caer por aquí es una locura.
Kitai, grata sorpresa
Es curioso que Dani J (9º) no se encontrara entre los protegidos. El rey de la bachata, como le llaman, dice él, lució uno de los mejores paquetes de la velada. Un género poco tratado en Benidorm y que, ahora, con Juan Luis Guerra en el horizonte, abrirá las puertas a otros tantos en el futuro. El intérprete se adueñó del Palau d’Esports con una idea que le hizo justicia: si bien Bailándote no resulta especial, trajo consigo un soplo de aire caribeño muy necesario. Hay quienes, qué osados, atención, la han equiparado a SloMo cuando, salvando distancias, no es más que una opción esquilmada y carente de mensaje. Que cada uno saque sus conclusiones: “No había más nadie en todo el local. Entonces, me acerqué. Y tú también a mí. Entonces, yo probé el tacto de tu piel”. Eso sí: afinadísimo, demostró las tablas que ha ganado en los 380 bolos que ha dado en 30 países.
Sin tanta parafernalia se presentaron Kitai (6º), la gran sorpresa. A Kenya y los suyos les pasó lo mismo que a Kuve en 2025: su propuesta eclosionó tan pronto tomó el escenario. Hay bandas como la suya que se crecen muchísimo con la adrenalina del directo. Desbordaron energía por los cuatro costados. Y lo más importante: supieron canalizarla para montar un show deslumbrante. Dieron que hablar. Su canción es un Big Bang infinito. En cambio, Tócame se quedó a medio gas. A Álvaro Mayo (11º) le lastró la voz. Apenas colocó una nota en el pentagrama. De hecho, su clasificación gracias al jurado dejó sin palabras a la audiencia. Sobre todo, cuando en la semifinal cayó Funambulista. Asimismo, la escenografía fue una copia inexacta del Catarata que Guillo Rist defendió en la pasada edición de Operación Triunfo. Decepcionante.
Magnéticas Julia y María
Pese al acierto en la puesta en escena, el problema que tuvo Izan Llunas (4º) fue de base: ¿Qué vas a hacer? es tan comercial que no dejó huella. Imita a numerosos hits a la vez. Y, obviamente, cuando sólo tienes tres minutos para convencer, el efecto es limitado. No fue fácil sostenerla. Particularmente, por el tono. Demasiado aguado hasta el punto de sonar estridente en determinados pasajes. Algo similar a lo que sucedió con Mikel Herzoj Jr. Es difícil alcanzar la perfección en tesituras tan altas, por lo que cualquier imperfección hace saltar las alarmas de inmediato. Aun así, estuvieron a la altura de una gala bastante feroz. El salto cualitativo que ha experimentado el concurso fue evidente: por primera vez, no hubo ningún candidato que se quedara atrás por falta de medios. Un empujón que le ha dado el espaldarazo definitivo para consolidarse.
Quienes brillaron por méritos propios fueron Julia Medina y María León (8º). Aunque no contaron con el apoyo del jurado en la semifinal, no decayeron. Magnéticas hasta la médula, defendieron Las damas y el vagabundo con una fuerza despampanante. Fue una alternativa divertida y, por instantes, por qué no, interesante. Celebraron la fortaleza femenina con un himno luminoso que acabará calando entre las divorciadas de TikTok. Un grito de empoderamiento con buenas intenciones, pero nada efectivo. Estaba claro que no vencerían. Pero, oye, a veces, estar es más valioso que ganar. Que se lo digan a The Quinquis (7º). Y, sobre todo, a Asha (2ª), que se llevó el jurado de calle. No se les esperaba en la final. Y, si lo han logrado, es por salirse de los márgenes. Como Tony Grox y Lucycalys. Que han ganado Eurovisión sin ir.













